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sábado, 14 de marzo de 2009

SERVICIO A DOMICILIO

Era necesario solucionar el problema. La maldita y adictiva computadora estaba dándome serios problemas desde hacía días.

El agobio de la semana no dejaba resto para atender estos asuntos, de modo que tuve que llamar a un técnico que pudiera venir el sábado a mi domicilio.
Habiendo trasnochado el viernes, la mañana del sábado había llegando antes que yo a mi cama, y para cuando llegue a ella, caí rendida, en un sueño muy profundo.
Horas, segundos o 1 pestañar mas tarde, el molesto sonido del timbre me despertó. No recordaba estar esperando a nadie pero a pesar de ello decidí atender.
Al preguntar quien era, escuché para mi sorpresa la voz cálida y fuerte del hombre que venia a hacer el service.


Le pedí que espere, tenía que vestirme, ya que me gusta dormir desnuda y así no podía atenderlo.
Busque las prendas mas rápidas y cómodas que tenia a mi alcance e "inocentemente" me coloque una remera de lycra negra sin corpiño y una pollerita de jean, a falta de tiempo decidí que no era importante colocarme la bombacha.
Baje las escaleras, hasta la puerta de calle y al abrir, me encontré con un bello hombre, de ojos claros, nariz prominente y prometedora y un agradable look en su ropa, vestido de jeans y zapatitos modernos, y una camiseta blanca básica (¡muy arrancable! pensé).
Al subir delante de él las escaleras, para indicarle el camino, recordé que al vestirme, había omitido mis prendas interiores... ¿acaso él podía observar mi partes privadas tan solo alzando levemente sus ojos?

Le mostré donde estaba la maquina, y me agache delante de él para encenderla, retirándome luego rápidamente como si se tratara de un acto espontáneo.
¡Nada mas premeditado! Ese y todos mis otros movimientos que le siguieron luego.

Él se mostraba serio, pero agradable. Me consultaba por cosas técnicas, las cuales yo desconocía de modo que aprovechaba simplemente el momento para pararme o sentarme, cruzarme de piernas y des cruzarme, arrodillarme en el sillón contiguo al de él, sonreír, ofrecerle algo de beber, rascarme disimuladamente cerca del dobladillo de mi falda...
Notaba que él insistía en concentrarse, pero tenía la sensación de que clickeaba erráticamente en cualquier parte de la pantalla. Mientras me contaba, así como casual, cosas de su trabajo, su vida y horarios, a lo cuales yo respondía con datos claros de que estaba separada y viviendo sola, autónoma y con libertad de horarios, o sea: disponible.


Dado que no quedaba mas de que hablar, al menos de lo técnico, él debió abrir el gabinete de la PC. Mientras yo lo observaba trabajar, aprovechaba para recorrer con mi mirada su cuerpo, buscando la coherencia entre el tamaño de su nariz con el tamaño de lo que su entrepierna escondía, note un gran bulto que me hizo sonreír de satisfacción.
Luego cuando con sus dedos, desatornillaba delicadamente los tornillos, yo pensaba en que con la destreza de esos dedos podría obrar maravillas en mi labios vaginales, en mi clítoris y en mis pezones.
Le pregunte una pavada del hardware, él ni lento ni perezoso me indico que me acercara para mostrarme el CPU. Estábamos casi debajo del escritorio en una interesante posición, con los cuerpos muy cercanos.
Estando en cuclillas simulé que perdía el equilibrio. Él, caballeroso me sostuvo de los muslos cerca de las rodillas para que no cayera. Ese movimiento de su mano, dejo una impronta de grasa negra en mi piel, la cual ambos observamos. Mientras él comenzaba a disculparse, con mi dedo índice derecho, deslice mis yemas sobre la mancha, untándo de grasa la parte interna de mi pierna, como creando un camino, una pista de aterrizaje, una señal, un recorrido a seguir.
Desde ya él cayó presa de la indicación. Su rostro, algo tímido al principio, se torno salvaje y animal cuando por fin descubrió mi desnudez bajo la falda.


No tardaron sus manos en seguir lo que sus ojos hace instantes habían recorrido. Esta vez despojado de toda inhibición me atrajo sobre si, acostado en el piso, montándome sobre su abotonada montura de jean.

¡Qué duro y ardiente contacto!

Casi con desenfreno mis manos desabrocharon su cinto y botonera y ayudaron a desapresar su miembro. Como bien se anticipaba era muy bien proporcionado. No dude en sentarme sobre éste, que ingresó en mis carnes rojas y húmedas, como si lo hubiese hecho mil veces antes. Dado que en realidad esa era la primera penetración, no tuvimos mas remedio que comenzar a contar las embestidas desde cero. Desconozco si llegamos a la centena o a mil, pero la intensidad del momento me envolvió en un ardiente y mojado primer orgasmo. Acompañe cada contracción de placer con mis gritos descarados, invitándolo a acabar conmigo. Él muy caballeroso, no pudo mas que complacerme. Soltando gruesos gemidos, me entrego su ardiente explosión de placer.

Sentía con tanta claridad el flujo de su semen en mi interior. Adoradas olas de mar que me llevaron a un segundo orgasmo que contrajo mi vagina con furia abrasadora, exprimiendo de él todo resto de placer acumulado.
Despegue mis rodillas del suelo, me separe de él, y para mi alegría su miembro seguía tan erecto como al principio. Me invadieron las ganas de seguir conteniéndolo en mí pero antes de que pudiera emitir palabra, él mas embravecido que antes, se paro de un salto, me tomo de las caderas y me puso de espaldas. Levantó mi pollerita de jean, dejándola como vincha en mi cintura, lo mismo le paso a mi remera.. Pude escuchar sus resoplidos cuando vio emerger mis pechos desnudos y turgentes con su centro oscuro de chocolate.


Mientras apoyaba entre mis glúteos su pene duro y altivo, subió por mis costillas desde mi cintura hasta mi pechos, tocándolos como a un arpa. Los invito a erectarse y luego los lubrico con su saliva para aumentar mi excitación. Mientras tanto, con meneos circulares de su cadera, fregaba su masculinidad contra mi cola. Yo acompañaba, contrayendo y soltando los glúteos para intensificar la fricción.
Ardiendo todavía y redoblando el juego, coloco su mano izquierda en mi bajo vientre y con su mano derecha, tomando mi hombro, me indico que me inclinara. Tuve que apoyar mis manos al costado del teclado,para sostenerme. Abrí mis piernas, clavando con fuerza mi pies al piso, y baje mi cabeza, casi hasta chocar con el monitor. Él soltó mi abdomen y mis hombros, se aferró a mis caderas y me penetro con rudeza en el primer intento.

¡Evidentemente sus habilidades técnica superaban sus cocimiento de PC!

Yo esperaba que copiando la intensión de mis pies se clavara en mí con su "equipo hardward" indefinidas y desenfrenadas veces. En cambio él ya brevemente saciado en su primer orgasmo, no tenia ningún apuro, solo la intensión de excitarme hasta el hartazgo. Se quedo allí dentro quieto por unos instantes y luego sigilosamente, comenzó a entrar y salir, con la presición de un violinista ejecutando un ritmo "allegro moderato". Una combinacion de movimientos suaves, intensos y enérgicos, acompasado por todo su cuerpo, sacudiéndose y aquietándose armoniosamente. Las yemas de sus dedos, como punzando las cuerdas del violonchelo, se hundian en mis ingles para alcanzar luego mi clítoris. En medio de tanta excitación y entrega, éste se encontraba tenso, era mi única cuerda para ser tocada. En esa música de cuerpos, una nueva contracción de mis muslos y los de él , de mis glúteos y los de él, de mi vagina y su pene nos llevaron al tan esperado y musical desenlace de gritos, gemidos y murmuraciones en lenguas desconocidas.


Luego de finalizar nuestra improvisada partitura, nos fuimos apaciguando, mientras por nuestras piernas corrían los jugos del placer mutuo entremezclados con grasa de CPU.
Finalizado el servicio, le aboné y tuvo que retirarse. Pero tengo la sospecha de que proximamente va a ser mi monitor o mi mousse lo que me de la excusa de volver a contratarlo.

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