¡Oh gentil mirada no siempre puedo conformarme con la sutileza de la simple observación! Deseo profundamente que mi deseo al ver se convierta en un poder telekinético capaz de destrozar cualquier barrera para obtener lo que anhela!

La mirada es la que impera, convirtiendo con su supremacía a los otros sentidos se esclavos de si.
Porque cuando la mano toca para erizar los vellos, son los ojos, los que roban al contraste de la luz la imagen de frío y de calor fundiéndose.
Los vellos como pequeños pilares, erguidos, erectos, se elevan eléctricamente hacia la periferia. Si acaso una brisa suave, tal vez de su aliento, se dignara a arrebolarse entre ellos, serán los ojos los que capten, ese suave y armonioso bamboleo.
Los sonidos de gemidos ahogados, de respiraciones lentas, se evaporan ante la mirada quedando sólo una película muda. El abdomen y el pecho laten, ascienden, se contraen, se entrecortan, se sacuden, se congelan, y vuelven a descender y ascender para recomenzar su tarea.
El el tacto, delicioso instrumento concedido por los dioses, alojado en cada célula de nuestro ser, también es derrotado por el ojo. La pupila negra, no es más que un agujero profundo donde pululan los humos y la oscuridad no es más que el engaño visual de esa profundidad en un canal de sangre.
De igual modo otro canal, una grieta profunda en las montañas de mí ser más íntimo, bañado por la frescura de un rocío matinal, puede ser percibido más allá del tacto por la mirada atenta.
Descubriendo los brillos mojados, que al igual que el rocío pueden evaporarse con el calor del sol, aunque en este caso el sol, es su lengua, recorriéndome desde los extremos de mi sexo.
Ud. trabaja incansable en su exploración ardiente y meticulosa. Mientras tanto sus ojos, trazan un camino aéreo hasta los míos, igual de negros que los suyos. Formamos un puente colgante, más sólido que el London Bridge, pero que caería como Le Point d´Avignon, si se comparara con lo nuestro. En ese sólido contacto de miradas, y de inminente desenlace, los párpados traicioneros, se entrecierran. Los sentidos como una horda de amotinados rebeldes, trepan hasta nuestros cerebros con desesperación. Al unirse, los flashazos que los parpados revelan con los plebeyos tacto, olfato, gusto y oído: hacen una fiesta. Como un carrusel se marean. La culminación llega, plagada de gritos, de sonidos de vientos y de cuerdas, de hojas del bosque arremolinadas. Enroscándose como torbellino. Así llega el orgasmo, un placer, espiralado y ascendente que crece y se despliega.Mientras la nariz recepciona los aromas de tierra mojada y de tormenta, de sal y sudor, que el gusto prueba, hasta secarse la lengua.
Así repentinamente pasa la tormenta, dejando esa devastación, del poder supremo de la naturaleza, el despojo, el destrozo. Ud. mi incansable Amante, lo alivia con su abrazo, sus caricias, la ternura y la tibieza de su cuerpo. Así dispuesta, me tiene y me penetra. Su excitación lo convierte en una bestia más ardiente y el volcán de su miembro, me llena. No sólo mis cavidades rebalsan de su néctar espeso, sino que apurado, fresco y sorprendido, otro orgasmo me llega y se suman ese juego de contracciones involuntarias de nuestras partes secretas, hasta suspirar profundo y descansar o quedarse en vela.
Hay otra vez los ojos, jalan hacia adentro para capturar la imagen de su cuerpo mojado y el mío estremecido. En esa lucha entre desvanecerse y permanecer, Ud. me brinda el abrigo tan anhelado y la contención de dormir entre sus pelos, brazos y piernas.
Lo beso intensamente y me duermo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario