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martes, 24 de marzo de 2009

ALFARERO punto G

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Argentina. Cerro de los 7 colores. El cielo la tierra, los minerales y la magia de la creación puestas en escena.

Me encontraba recorriendo esa clásica y pequeña callecita de Purmamarca, viendo como sumada a la belleza natural de las montañas, las artesanías de telares, tejidos, pieles, maderas talladas y cerámicas completaban la imagen exacerbada de colores.

Anonada por la grandeza del paisaje, y la furia de colores, mis sentidos estaban a tope, en mis ojos no cabía mas brillo, mi olfato percibiendo las comidas típicas, mi piel seca por las altas temperaturas y la baja humedad del ambiente ponía en mi boca el sabor salitroso de mi propio sudor.

Avance sin apuro, entre puesto y puesto, y mientras miraba unas pieles de llama (típico animal de la zona) sentí un escalofrío en mi espalda, la presencia o mas bien la invasión de mi persona desde algún sitio fuera del alcance de mi vista, ya que al girar para averiguar el origen de dicha perturbación que había puesto mi piel de gallina, aun con los 32 ºC del lugar, no pude ver a nada ni nadie.

Muerta de intriga, y llevada como por instinto, decidí adentrarme en una de las tiendas, en la que el aroma de las arcillas mojadas y en cocción borraron todo vestigio de registro oloroso previo.

El aire del lugar tenia una mezcla entre fantasmagórico y místico y corría una suave corriente, que volvió a erizar mis vellos, como aquel primer instante en el que sentí la presencia de un ser apasionado e intempestivo, famélico de mi sexo y de poseerme en todo sentido posible.

Inmersa en las múltiples sensaciones que mi cuerpo experimentaba, aún sin saber que me esperaba, buscaba ansiosa donde se hallaba ese artesano del placer, podía percibirlo, mis latidos aumentaban a cada paso que me adentraba en la casucha.

Al pasar por el umbral de una puerta, lo vi, estaba sentado de espaldas en una banqueta, trabajando en su torno de alfarero, sin mirarme ni girar me dijo:

-Adelante esta abierto.

Entonces me di cuenta que él, jamás se había movido, que había sido algo así como su espíritu o esencia las que me habían convocado.

Sus tres mínimas palabras desataron en mi un torrente inesperado de flujos y mieles vaginales junto con punzantes latidos, así estaba yo, "abierta" como sus puertas y deseosa de sentirlo.

No hicieron falta mas palabras, me acerque para verlo trabajar, parándome frente al platillo de su torno que giraba al ritmo de su pedaleo, mientras el moldeaba una pella, perforándola con sus dedos mayores creando un cuenco o una vasija, que se expandía, se dilataba, engrosaba sus paredes y luego se afinaba, se ladeaba y el la volvía a conducir a su antojo con una habilidad que hacia sospechar que sus artes amatorias comenzaban en la sabiduría de sus manos.

El estaba descalzo, casi desnudo, salvo por sus pantalones y un largo delantal de cuero atado a la espalda.

Sus brazos, espalda y piernas eran fornidos y musculosos, como si el mismo se hubiera creado del barro de la tierra y la lluvia.

Cuando finalizó ese cuenco, retiró el platillo de apoyo, frenó el torno, me miró, me tendió la mano, la cual yo tomé, y siguiendo su invitación o indicación me senté sobre una mesita baja donde había algunos objetos de arcilla de formas aún indefinidas, pero sin duda fálicas. Sabía que el falo original, el de su carne, el molde, sería aun más llamativo que aquellas burdas artesanías, y deseaba confirmar mis suposiciones.

Al salir del ensimismamiento de mis ideas, observé la situación en que me hallaba, encontrándome recostada sobre la mesita baja, mis sandalias caídas en el suelo, la cabeza sobre unos almohadones, mis piernas levemente entreabiertas, y mi vestido de algodón verde musgo, pegado contra mi piel.

Él, suave, sigiloso pero decidido, tomo una navaja, y comenzó a desgarrar la tela, desde el escote hasta el ombligo, dejando mis pechos desnudos al descubierto, y continuó hasta cortar la falda y el ruedo. La misma suerte corrió mi bombachita, cuando con la navaja, le cortó los laterales, tironeándola hacia arriba.

Desnuda, callada y atenta, solo podía observar y entregarme a sus instintos. No podía siquiera pensar en resistirme, estaba extasiada. Lo vi tomar un recipiente con agua arcillosa, lechosa que coloco sobre mi abdomen, y luego con su mano metió una esponja para remojarla, y la saco chorreante y comenzó a pasarla por mi cuerpo, remojando de tanto en tanto en la tinaja para mantener la humedad. Como un pintor, su pincel de esponja, antecedido por la caricia de su mano libre, mojó y lavó cada una de mis partes, desde la globalidad de mis senos hasta el detalle de minúsculo botón de mis pezones erectos. Desde mi mentón, cuello, hombros, clavículas, brazos, antebrazos, manos y hasta la yema de mis dedos, el detalle de las uñas y la sensible intersección entre cada dedo. Desde mis costillas, panza, ombligo e ingles, hasta el detalle de cada pliegue y curva de mi vulva, de mi clítoris. Terminando el recorrido en mis pies luego de recorrer la interminable longitud de mis piernas, que a esta altura, apuntaban con sus rodillas el cielo mientras los pies se apoyaban en el borde de la mesita.

No hubo escala de valores en su recorrido, dedicó tanta minuciosidad a cada parte, dejando en claro que mi sexo, era solo una partecita de mi, y que el me tomaría por completo, mas allá de mis orgasmos el me proveería un placer supremo e inolvidable!

Tomo mis pies, los junto planta con planta, dejándome más abierta aun que antes, como en posición de loto pero con la espalda recostada.

Con la manos libres, algo callosas y rústicas, pero finamente utilizadas, amaso mis muslos en la cara interna desde las rodillas, y cayo poco a poco hacia mi sexo, sus dedos chicos se apoyaron en mis ingles y sus pulgares comenzaron a amasar y abrir mis labios externos, la esponja en mi abdomen aun chorreaba aguas arcillosas, que se adentraron en mi, en consecuencia de sus masajes íntimos, produciendo una sensación de frío que me convulsionó haciéndome contraer mis abdominales en forma involuntaria, acto seguido el hundió sus dedos mayores al unísono en mi vagina dilatando mis cavidades de tal modo que la suave brisa obró sus maravillas en aquellas zonas tan privadas y ocultas. Ahora si, estaba perdiendo el control de mi cuerpo, ya que mis caderas comenzaron a rotar, haciendo grandes elipses en el aire, con la fuerza del empuje de mis pies y la contracción de mis glúteos.

El deslizó su mano izquierda sobre mi monte de Venus, dejando su pulgar en mi clítoris, e introdujo sus dedos mayor y anular de la mano derecha en mi vagina, dejando el dedo pulgar derecho junto con el otro también en mi clítoris, generando una doble estimulación, donde además de presión y deliciosos círculos, mis pieles replegadas quedaban atrapadas, como pellizcadas entre sus yemas.

Por si la estimulación clitoriana no bastara, comenzó a mover sus dedos, los que estaban dentro contra la pared superior de mi vagina, a unos pocos centímetros de la entrada, como si quisiera apretar las paredes carnosas y musculosas, contra la parte interna de mi hueso púbico, con el movimiento constante de sus yemas, como si "llamara a alguien con ellos", yo podía sentir como la sangre acudía a mi punto G, y se tornaba mas rugoso, mas hinchado, mas sensible, y como esa corriente energética liberadora, me daba ganas de orinar, de mojarme, de chorrearme, aun más que su esponja.

La estimulación era constante, pero la frecuencia, los ritmos, los tiempos, iban alternándose, para tomarme por sorpresa o enloquecerme de ardor cuando se detenía.

Yo sin emitir palabra, podía observarlo observándome, atrapado por su obra de trabajo, sus ojos estaban fijos en mi entrepierna, como si se tratara de otra pieza de barro y el estuviera compenetrado en la técnica, tan compenetrado y experto que pronto, cuando las consecuencias del estímulo ya no podían refrenarse, comenzaron las convulsiones del orgasmo. Mmm... Que intensa y apretada sensación, mi vejiga chorreaba a diestra y siniestra, mezclándose mis jugos con las aguas de arcillas y mis flujos húmedos y pegajosos vaginales. Mmm... no terminó el primero cuando el segundo orgasmo me tomó prisionera. Ahhh este más corto pero no menos intenso terminó por devastarme, por explotarme, por satisfacerme hasta el extremo. Sentí como mis ojos se cerraban y me envolvía el sueño, y me deje llevar, como hasta ese instante , solo por el instinto.

Desperté cuando el se quito el delantal, lo doblo en el suelo para apoyar sus rodillas y comenzó a beber de mi cuenco, mmm esto me excitó tanto que volví a acabar, bajo el influjo de su lengua, que incansable y mas dotada de sensibilidad y movimientos que sus manos (lo cual parecía imposible) me arrebato 1 nuevo orgasmo!!! Y luego cuando todavía no se disolvía la contracción de mi vagina, metió uno de sus "juguetitos" de forma fálica, como una figurilla humana con cabeza y cuerpo rugoso que incrementaron las sensaciones de la arcillosa penetración. Lo hundió y clavó, lo quitó y lo volvió a poner, lo sacudió y lo aquietó, lo hizo vibrar y lo giró, tantas veces como para lograr su objetivo: darme el máximo placer.
Mmm si, ahí, ahí, no pares nooo, gritaba yo desaforada y cuando la máxima tensión me dominaba, sus sacudidas y vibraciones con la figurilla, sumada a la cálida y mojada presencia de su lengua, me continuaron el orgasmo dándome otro al hilo!!!

Así, loca de placer, y extenuada no podía despegarme de ese hombre, ese alfarero silencioso y dedicado, que desnudo me apuntaba con su pene, el cual, como yo había supuesto era tan bello como todo su cuerpo, y tan duro como la arcilla cocida, con el brillo esmaltado de su lubricación y las formas caprichosas de la naturaleza, otra obra de arte, la cual, tenía su destino escrito y era penetrarme. Abriéndose paso en mi contraída vagina.
No puede describirse, la sensación de plenitud que sentí, al recibir su miembro, cada centímetro de mi cuerpo estaban aptos para contenerlo, para absorberlo, para devorarlo....
Y mas indescriptible aun, la culminación, la suma de todos los 6 orgasmos anteriores, no le llegaban ni a los tobillos a éste, no se si fue por la presencia de su magnífico y duro pene, por los movimientos de sus embestidas, porque el roce de sus vellos púbicos, por como acompañaba todo con jadeos animales, o con sus ojos. O por como tomaba posesivamente mis nalgas mientras me penetraba con potencia. O tal vez.... porque al acabarme, sus gritos, sus gestos, inhumamos de tanto placer liberado hicieron explotar su miembro, llenándome con su vigorosa leche, y mientras eyaculaba, los ondulaciones de su pene, fregándose en mi vagina, y estimulando como antes, con manos y luego chiches, su cabecita excitaba mi Punto G, Mmm... Como succionándolo, mi sexo capturo todo lo que el de él salía.
Ahhh, era el destino, 7 orgasmos en el cerro de los 7 colores...


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