Vistas de página en total

COPYRIGHT

Protected by Copyscape Duplicate Content Check

sábado, 14 de marzo de 2009

ENTREVISTA DE TRABAJO

sexo oficina jefe acosa

Cansada del matar el tiempo libre, en cursos aburridos y charlas con viejas de la alta sociedad hablando de que variedad de rosa es mas elegante que tal otra, decidí que era hora de gestionar un cambio. Tal vez si conseguía un trabajo fijo, que ordenara mis horarios, calmaría este deseo de ser arrebatada por los brazos de un hombre y penetrada por la dureza de su miembro.
Hora de accionar, luego de concertar una entrevista para secretaria ejecutiva de uno de los miembros de un conocido buffet de abogados, salí a comprar la indumentaria necesaria para impactar a mi empleador, eligiendo un look formal y elegante, un trajecito gris de falda tubo con un largo tajo en su costado, chaleco abotonado y camisa blanca de ceda elastizada. Por supuesto, sandalias de taco alto, para verme fresca, jovial y sexy en la cálida y ardiente ciudad de Buenos Aires.
Al llegar a las oficinas cerca de las 19hs, dado que era una de las últimas entrevistadas, me hicieron esperar en el hall. Decidí aprovechar el momento para retocar mi lápiz labial en el toilette y al entrar, escuche la conversación entre 2 de las postulantes ya entrevistadas:


-A vos también te dio la misma impresión de serio e intolerante?
-Sí, me habían dicho que el tipo era muy seco, pero nunca pensé que tan
malhumorado y amargo.
-La verdad, no veía la hora de que terminara mi entrevista, porque con un
tipo así, no puede haber nunca buen clima de trabajo.
-Te lo imaginas dando ordenes? o encargándote un café!!!
-Insoportable, jajaja


Así, con ese flashazo de la realidad frustrante que me esperaba en la entrevista, decidí que si había llegado hasta allí, no debía arrepentirme, de modo que pinte con más ahínco mi boca, sonreí y salí dispuesta a la aventura.
Llegó mi turno, la recepcionista hizo las presentaciones pertinentes:

-Señorita. Femme
-Sr. Funes


Luego se retiro, quedando a solas, el importante y aburrido Sr. F y yo.
Su rostro, cansado y ocupado, sufrió una casi imperceptible sonrisa al mirarme a los ojo. Yo no pude evitar devolverle su mueca con una amplia sonrisa blanca y un discreto relamer de labios.
Él acercó mi silla a la suya y me invitó a sentarme mientras leía mi curriculum. Yo intenté hacer una aclaración, que el frenó, poniendo su dedo en su boca indicando silencio. Su maldad me llenó de furia, y aún en medio de la bronca, no puede evitar la excitación que me produjo su decisión, su dominio y el roce de su dedo índice en sus labios que en el gesto quedaron levemente separados.
Evidentemente en mi cara se traslucieron mis mórbidos pensamientos y me delataron ante él, que habiéndome descubierto, comenzó a recorrer mis piernas con sus ojos, desde las rodillas hasta los pies, y nuevamente desde abajo hacia arriba hasta donde el tajo de mi falda permitía observar.
Yo sintiendo el peso de su mirada como si se tratara de sus manos, abrí fina, dulce e involuntariamente mis piernas, disfrutando en secreto el dulce roce de mi ropa interior contra mi pubis. Simultáneamente él se acercó hasta chocar sus rodillas, pronunciando con el movimiento de estas la separación de las mías. Sumisa y entregada no podía mas que acceder a sus deseos.


¿Ó tal vez era él, cayendo preso de los míos?
Acaso yo ¿necesitaba el trabajo? No.
¿El sueldo? No.
¿Tenía la posibilidad de retirarme si así lo deseaba? Sí.
Pero, ¿quería hacerlo? Sin duda, no.
Estar allí bajo el mando del Sr. F era mi fantasía mas anhelada.
Sr. F con la lapicera en su mano tal vez ¿tomaría parte de mi examen de ingreso usándola para mover y levantar mi falda o recorrer los bordes de mis prendas?
Con el frío de su pluma ¿me rozaría apenas, entrecortando mi respiración, generando que mi piel se erice?
Con la rudeza de sus manos ¿tomaría mi ropa interior, estirándola, como queriendo arrebatarla?


Harta del silencio, emití mis primeras palabras:

-Creo que en su pantalón algo necesita ser liberado.

-Sí, tengo esto bien duro para Ud.

Sin decir más, el silencio como parte de su juego; Sonrió.

Su mano bajó hasta su bragueta, apretando su pantalón contra su marcado bulto que se agrandaba cada vez más. Y me miró…

El brillo de mis ojos seguía delatándome. Mis ganas de pararme de espaldas contra él y fregar mis glúteos contra su miembro aumentaban a la par de su erección en incremento.

Incrédula pero hipnotizada por la situación volví a hablar:
-Tal vez sería hora de pasar a un examen mas exhaustivo? Va a tomarme un dictado?

-Sí.

Me hizo sentar en su asiento, para darme acceso al teclado y se paró detrás de mí. Tomó el respaldo, muy cerca de mi cuerpo y mientras dictaba comenzó a aproximarse hacia mis brazos, mis hombros, mis clavículas. Sobre la camisa, bajo mi chaleco. La suavidad de la ceda se sentía deliciosa sobre mi piel.

El movimiento de la tela se proyectaba hacia mis senos. Erectando mis pezones que sin corpiño marcaron sus contornos através de las telas.

En el reflejo del monitor, pude ver como se inclinaba sobre mí para observar estas mutaciones de mi carne con más detalle.

Sentí como sus manos se apretaban contra mi nuca, tironeando involuntariamente mi pelo. Con violencia sexual contenida.

El momento se tornó tenso y excitante.

Seguía dictando. La incoherencia del texto aburrido y formal versus sus acciones y los olores sexuales que comenzaba a emanar era todo tan bizarro!

Instantes después, mientras su boca seguía modulando, su dedo pulgar izquierdo subió por el filo de mi mandíbula rozando el lóbulo de mi oreja izquierda y finalmente se acercó a mi boca.

El hablaba, indiferente, mientras su dedo hurgaba en la comisura de mi boca, apretaba la carnosidad de mis labios, para terminar colándose dentro de esta.

Yo tipeaba y contenía mis suspiros mientras lamía y succionaba su dedo, que jugaba con mi lengua. Mordisqueaba su yema, su uña, lo dejaba meterse implacable, cada vez mas adentro, ahora con su dedo índice.


En medio de tanta tensión sexual, sonó el teléfono. Él arrancó el cable para silenciarlo. Aprovechando esta intervención sonora, me tomó por sorpresa de la cintura obligándome a pararme, después me giró y arrastró hasta sentarme de prepo en su escritorio. Corrió el teclado bien lejos, casi lo revoleó, mientras con el cable telefónico ató mis manos por las muñecas en mi espalda. Tomó mis tobillos colocándolos en los antebrazos de su asiento. Abrió mi pollera levantándola con sus manos y se metió por debajo hasta tocar mis glúteos. Con sus codos y antebrazos separó mis rodillas y allí en ese túnel creado entre mis piernas hundió su cabeza bajo mi falda. Mmm! Por supuesto se dedicó a una de las más fundamentales tareas del examen de empleador, recorriendo mis genitales con su lengua.

Estaba semi reclinada contra el monitor que tambaleaba peligrosamente, a riesgo de caerse. Tan peligrosa e indebidamente como este juego, esta entrevista.

Pero el riesgo y el “no debo” de él y mío, sumaban excitación.

Bailaba al compás de sus lamidas, con las contracciones de mi cuerpo, mi abdomen que se hundía y volvía a emerger y arqueando mi espalda.

Escondido bajo mi falda, fuera del alcance de mis miradas, solo las sensaciones comandaban esos momentos.

Toda esa violencia contenida se transformó en la furia danzante de su lengua.

Succionaba mi clítoris y luego lo soltaba. Lamía mis labios externos e internos. Se hundía como lo hizo su dedo en mi boca, duro y tenso pero esta vez con su lengua dentro de mi vagina.

Los excitantes movimientos me llevaron hasta el infierno.

Mi orgasmo impertinente se derramó sobre su escritorio y cayó sobre su asiento. Él se alejó para verlo correr. Sosteniendo mi clímax con la intervención de su mano derecha. Clavándose en mí, con el índice y anular. Sacudiéndose sobre mi Punto G, mientras su pulgar estimulaba mi clítoris, yo no podía parar de acabar.

Agotada y borracha de tanto placer, enderecé mi cuerpo. Aún con las manos atadas en mi espalda, me quedé observándolo.

Con su mano izquierda desató su cinto. Desabrochó su botón. Bajó su cierre. Sacó por fin su pene. Explotaba tieso ante mis ojos aún inyectados de sangre excitada. Rojo. Ardiente. Duro. Terriblemente duro, me señalaba. Un arma a punto de dispararse.

Con su mano derecha, que seguía untada de mis fluidos, empezó a masturbarse.

Mantenía el silencio. Mantenía la calma. Mantenía la mirada.

Con su mano envolvía el tronco de su pene. Después se deslizaba sobre sus testículos y volvía a agarrarse otra vez. Se movía, se acariciaba. Luego la dejó quieta y fue su cuerpo el que continuó moviéndose. Penetraba el canal que había formado con su mano. Como cogíendome a mí, pero sin dármelo.

Haciéndose desear, el muy gato! Me daba sin dar.

Su juego dominante e histérico me tenía atrapada y obediente otra vez. Espectadora maniatada. En parte satisfecha por mi orgasmo y en parte con deseos no consumados, al menos aún.

Su mano comenzó a agitarse. Fuerte. Desenfrenada. Violenta.

Él de pie, aún detrás de su asiento, sostenía con esfuerzo sus piernas tensas. Pero sus rodillas comenzaron a ceder, a quebrarse. Su orgasmo era inminente. Su mano apretó su pija y su pija se clavó en su mano. Una y otra vez. Hasta que el final, lechoso, caliente y explosivo llegó. Brotó de su cuerpo para derramarse también sobre su sillón. Manchando el respaldo. Chorreándose sobre este. Copiándose de mí. Y con un grito grave y liberador terminó su descarga. Noté que la noche había caído en la ciudad y tuve que retirarme, no sin antes concertar mi próxima entrevista.


1 comentario: