INSATISFECHA. Adoro quedarme así.
Quiero más.
Más de esa sumatoria
de aromas, de ese amontonamiento de tibias chorreando en mi entrepierna. De ese cuerpo robusto ofreciéndome su pecho
como respaldo, apretando mis tetas, mientras mi nuca se dobla irremediablemente
hacia atrás. Quiero otro poco de la tensión de ese glande acariciando mis
labios, haciendo que valga la pena tener esta boca para poder usarla.
Quiero otra vuelta de
mi acaba a contra luz, y de sus gritos ovacionando todavía con sorpresa.
Quiero. Más del más
trabajador de mis mojados orgasmos. Más del que se excita con tan solo verme
explotar, como lo haría un hombre, expulsando con furia ardiente la violencia
de mi acabada. Más de la barba tupida y tosca escondiendo los labios suaves y
más carnosos de la banda. Más de la mirada cuidadosa y de esa erección
constante y tentadora.
Quiero más de la
previa de la previa. De la mente ardiendo. De la pre visualización de las
fantasías. Del juego de las palabras y las distintas actitudes que usaron los cuatro para seducirme.
De ese instante en el que supe que quería irme con todos y cada uno de ustedes.
Del temblor de las piernas cuando fui al baño segundos antes de decir que sí,
que vamos.
Quiero más tiempo,
mas soda para hidratarme y más energías para no tener retirarme sin antes bañar a cada uno de
ustedes donde más les plazca. Y para afinar mi puntería y repetir con los ya
bañados. Tengo una deudas pendientes que espero me den la oportunidad de saldar
en un futuro no muy lejano.
Quiero volver a
escuchar que la fantasía no era sólo mía.
Squirt versus Gang Bang, parace una disputa justa.
Y volver a
escuchar:
“Vamos a la cama, nos morimos de ganas de verte acabar”
“Eso que le hacés le
gusta a ella”
“Mostrales el culo; miren eso”
“Le gustan los
tatuajes”
La pregunta N°3 :
“Besarías a todas estas frutas”
Las risas de los 5
cuando sus 8 manos se juntaron donde más importa.
Las respiraciones,
los comentarios, los jadeos.
Los piropos dulces,
las puteadas, las sugerencias obscenas.
La guitarra, la
melódica, sus coros, sus voces.
“Mejor nos vamos
antes de que volvamos a empezar con otra tanda de tres horas de sexo”.
Quiero volver a
sentir los estímulos en mi piel.
Y volver a
sentir:
Los deditos y el arco
de mis pies mojándose en sus bocas.
Las ganas contenidas,
por respeto, de arrancarme los pezones y no hacerlo.
La lengua hundiéndose
en mi culo.
Los labios paseando
en mi vulva ya acabada.
Los dedos firmes
escavando mi punto G.
Las yemas suaves
ensalivando sutilmente mi clítoris.
Las mordidas sin
marcas en la nuca.
El contraste de sus diversas
pieles en mis manos.
El entretenido
varieté de vergas en mi boca.
El surtido de sus
modos de comerme la conchita.
Quiero volver a
verlos, es más, me tentaría más verlos vestidos, para morbosearme recordándolos
desnudos. Para desearlos otra vez, otro rato pero a sabiendas de lo que me
espera.
Y volver a ver:
Los muslos de Seba,
tumultuosos y tensos, mientras me ofrecía su carne servida en bandeja. Su lengua saliendo sin conciencia de su boca
entreabierta cada vez que me llevaba al climax.
La paja robada sobre
el final del encuentro de Colo, tirado en el piso contra la cajonera viéndome
comer tan linda verga. Su sonrisa de
feliz, de misión cumplida.
El rojo de la cabeza
de la verga Lucas, que jamás dejó de apuntar al cielo. El amarillo de sus
ojos de felino en la penumbra iluminando esos instantes del paraíso llevado al
infierno. O viceversa.
La mano de Marcos,
chorreándose, junto con su estrella negra del antebrazo. La piletita de su
ombligo, él quería tomar tequila del mío, pero al final fui yo la que tomé mi
propio squirt de su panza.
Quiero recordar
siempre, el souvenir que me llevé de cada uno:
Aquella lengua
hambrienta e incansable, combinada con los dedos y con esa apretadita de abdomen
para sacar lo mejor de mí. El sonido del aliento agotándose, mientras la
oscuridad de mi pezón derecho se diluía con el blanco de su pintura.
La entrega de aquel
culito cogiendo liberalmente mi dedo, mientras con la verga cogía mi boca,
cuando se montó sobre mi pecho. La complicidad de las miradas en la penumbra.
La prominencia de ese
otro perineo en mi boca, al momento en que la cabecita se deslizaba en mi mano,
y sus manos se enredaban en mi pelo, calientes. Esa escapada al baño, casi
implorando entregarme ya la leche. Los ojos perdidos en el techo, el semen escurriéndose
entre mis dedos.
Las manos grandes
dibujándome la espalda, mientras la carne se endurecía a punto fierro. La
lengua jugando esquiva el juego del deseo. Unos labios jugosos regalándose ya
sin rebeldía.
Quiero aprender a
reconocer sus movimientos aún con los ojos vendados.
- un round
privado con uno por vez.
- otra batalla
campal comunitaria.
- un cajón lleno
de forros para que puedan cogerme y culearme, cosa que increíblemente aún no
hicimos.
- los aromas y un
final feliz aunado e inundado por los 5.
Quiero más. Adoro quedarme así.

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