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domingo, 22 de abril de 2012

LA ELEGIDA


Yo sé que no salió de un catálogo, como en un fantástico cuento de un colega que leí por ahí, donde las chicas estaban en vidriera para que las parejas las escogieran.
Pero, sé que me estudiaste, detenidamente, en este tiempo en el que tanto hablamos de encamarnos con terceros. Como dice el refrán del “del dicho al hecho hay un gran trecho” y claro está que no todos nuestros encuentros grupales fueron tan calientes como los imaginamos. Esta vez, me trajiste (nos trajiste) una mujer que se adaptaba perfectamente a nuestras necesidades. Una “sola” bisexual bien dispuesta a gozar con nosotros.


LOS DICHOS:
Sabías que para la primera vez, en este formato de trio M+M+H, había ciertas cosas que me tentaban y otras que me estresaban.
Que no tenga tetas muy grandes, me estresan, tengo miedo a ahogarme y tal vez envidia.
Que tenga un culo torneado, duro, redondo y parado, como el mío y si lo tiene más lindo mejor todavía.
Cualquier altura. Vos decís que está bueno que sea menudita y maniobrable, y yo no sé, sonaba lindo que una flaquita se me escurriera entre las piernas y también que una grandota como yo se me montara virilmente.
Puede ser bien blanca, me gusta el contraste de las pieles, pero si es morocha, está bueno porque voy a verla como mi otro yo.

Yo quería averiguar que tan bisexual podía ser, hasta ahora las mujeres de las parejas con las que estuve, eran muy hetero, y los juegos no habían llegado muy lejos. Me corrijo, yo sí hice cosas con ellas, a la pelirroja de zona norte (a la que le debo un cuento junto con su dulce marido) la hice acabar 2 veces. También me calentó mucho comerte la verga con la novia de mi amigo y sentir como nuestras lenguas se encontraban con tu piercing de por medio, las lenguas mojadas, la boca carnosa de ella, la anchura de tu pija dura, etc. Pero, básicamente, ninguna me había hecho acabar a mí. Yo necesito saber que gusto para poder excitarme.  Ellas tenían una actitud pasiva, y yo deseaba cada vez más cruzarme con una flaca intensa, bien decidida y definida en su bisexualidad que se tomara las libertades de hacerme lo que le pintara.
Vos te morías de ganas de verme jugar suavecito y dulce con otra mujer. Una mina que no me avasalle, decías, “así disfrutás, así querés repetir”. Yo tenía la curiosidad morbosa de ver como te cogía otra mina, y tomarme un momento al menos de simple y mera espectadora. Me habías quemado la cabeza, asegurándome que siendo tan calentona como soy, me iba a tentar a hacer de todo y que lo iba a disfrutar. Yo te pedí que le aclararas a tu amiga, que quería recibir todo lo que quisiera ofrecerme, en especial sexo oral pero que yo desconocía que tanto le podía dar. Que no fuera a ofenderse si yo era ahora la que se comportaba con pasividad.

Ese finde, me regalaste un nuevo chiche de silicona translucida color rojo, un consolador con dos cabezas, diseñado para la doble penetración. Flexible, texturado, ancho y tentador. Yo pensé que era solo un anticipo de lo que esperabas que hiciéramos con ella. Una vez más, me sorprendiste cuando curtiendo solitos al medio día, lo estrenamos entre los dos.  (Otro cuento que sin duda se merece un back up de mi mente a la web).

Llegó la hora, nos subimos al coche y la fuimos a buscar.  Cuando la puerta de su casa se abrió, salió una morochita, de crines negras, enruladas y salvajes, que sonreía amable al caminar.
Me bajé para saludarla, vos también, la Turca tenía unas piernas musculosas y torneadas, unos tacos zarpados de casi 10 centímetros que usaba con tanta comodidad como si de ojotas se tratasen.  Usaba un vestidito floreado, muy cortito, tipo strapless mostrando los hombros y la parte alta de la espalda.
Sabía por tus comentarios que su culo era monumental, el mejor y más codiciado del club, tema que nos sirvió para cortar las tensiones en el auto y reírnos mucho. Yo le aseguré, “Mira Turca, estoy nerviosa, porque esta es mi primera vez. No se si vamos a coger nosotras pero eso culo, ¡lo tengo que ver!”.
Hablamos boludeces, el viaje era largo porque estábamos lejos, en kilómetros y en deseos acumulados por consumar.

Cuando comenzó el viaje se sentó atrás, entre medio de los dos asientos, piernas en paralelo, las rodillas casi juntas, más bien, sutilmente separadas. Un comentario velado, pero sugerente me hizo saber que no traía ropa interior. Sólo tenía que darme vuelta para mirar, a centímetros nuestro, estaba casi desnuda esa mujer para los dos. Antes de que saliéramos a buscarla te pregunté: “Si me tiento, ¿puedo tocarla y que nos chupemos las tetas en la parte de atrás? Previsible tu respuesta fue: “Hacé lo que quieras mientras no mojes el auto. Ja ja ja”

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LOS HECHOS:
Yo, como dije, no quería calentarme y no acabar. Yo, como sospechaba, estaba tentada de lanzarme, de meter mis manos subiendo por sus finos tobillos, de sentir como la piel fría de sus muslos se tornaba caliente al llegar más allá, pero no estaba lista para dar el punta pie inicial.
Así que en el viaje sólo charlamos, de sexo, lujuria y pasión como ella pedía. Una cosa dijo que me dejó en paz: “Cuando me invitan a bailar yo bailo, cuando voy a un recital yo escucho, si vamos a comer yo como” No tenía que terminar la frase, era evidente que cuando la invitaban a coger como nosotros, ella iba a hacer lo necesario.

Llegamos a la casa y al instante de llegar, se desataron dos horas de sexo que estuvieron genial. Ella abrió el juego. Se levantó la ropa, sin duda su culo era para aplaudirlo. Su espalda, sus piernas, y su mente combinaban perfecto. Con una botellita de aceite sus manos no tuvieron límite. Con la misma mano lubricó sus tetas, tu verga y mi concha. Me sacó un suspiro ver sus uñas largas y su pulserita brillante sacudirse entre mis piernas. Fue fuerte ver que la mano femenina que se metía en mi concha, esta vez, esta primera vez, no era la mía, y sin embargo me causaba mucho placer. Tal vez más que al masturbarme, por el morbo mismo de saber que era la mano de otra mujer.

Que jugáramos suave… naaa. Esa yegua calentona, me puso a tope me hizo acabar, me pidió que baje al piso y a vos que me tengas las pierna abierta y se clavó con la geta de prepo en mi concha, con una chupada violenta a mi clítoris que me encantó por caliente, por lanzada y por voraz. Nuestras miradas, mi amorcito,  se encontraron. Juraría que me decías con esos ojos: “Ahí tenés lo que pediste bichito”.
El chichito doble verga, lo usamos todos, ella conmigo, yo con los dos, ella consigo misma reforzando en su concha tu penetración. Como supo que me calentaba esa doble penetración en vaginal, cuando yo te cogí mas tarde ella se pajeaba mientras nos miraba de pie, y sin dudarlo, se acercó se descalzó de la concha el juguete y me lo metió. Yo intentaba ilusamente todavía, mantener las formalidades, dejar un lado para ella y otro para mí. No mezclar. La Turca, excitada y determinada no me dejó, cuando se puso entre mis piernas, con una mano me abrió los labios para ver por donde metía el juguete en el poco espacio que dejaba tu verga y mientras me cogía aclaró: “De este lado es más rico, ¡mojadita es mejor!” y me metió el juguete que todavía estaba caliente, templado por su cuerpo.
Después de eso, estábamos listos para acabar otra vez todos. Vos por segunda vez, ella y yo como por la sexta cada una. Mas fuerte y coordinado que el polvo anterior, donde vos sentado nos tenías sobre tus muslos, ella cogiéndote y yo masturbándome contra tu panza mientras le metía a ella la puntita de la verga de silicona en el culo. Menos mojado pero más intenso que el orgasmo que ella me hizo explotar cuando me bajé y me puse de frente a ella, con las piernas sostenidas por vos, con la Turca en el medio de nuestras piernas, ella no paró de montarte y se reclinó para cogerme, con tantas ganas que no había forma de no acabar, con tantas palabras motivadoras, pidiéndome que le soltara todo, que no hubo manera de no mojarla, de no salpicarnos a todos con una acabada mortal.

Sí, sostengo. El último polvo, fue el mejor.

 Porque acabamos los tres al mismo tiempo, porque yo me sentía una estrella más de esta constelación. Porque vos acostado nos tenías a las dos en cuatro patas dándote la espalda, sabiendo ambas que esa es nuestra mejor postal.

Porque yo sabía que una vez más, nos podías contemplar dándonos placer entre nosotras (además de esa instantes atrás, que te sentaste en la escalera para ver como nos penetrábamos mutuamente con el juguetito que me regalaste).  Porque vos te masturbabas, cosa que tanto me calienta ver, conmigo masturbándome sobre tu muslo izquierdo, y ella hincada a los pies de la cama muy cerca de tu pantorrilla derecha.

Porque todos transpirábamos y como dice Soda Estéreo: “es poesía ver la carne transpirar”.

Porque yo la penetraba con el juguete en la mano derecha y sentía como su vagina contraída, lista para acabar, no me lo dejaba sacar.

Porque me estaba imaginando que rico debés sentir vos con la verga cuando me cogés, y mi concha se pone dura y aprieta como una morsa parecido a la concha de ella.

Porque tus ojos se ajustaban una vez más, y tus gemidos que son una mezcla de placer, angustia y furia desesperada, comenzaron a sonar.

Porque abrí mis rodillas para bajar hasta el contacto con tu cuádriceps, para fregarte la argolla y dejé de tocarme con la izquierda dejando mi mano libre para masturbarla a ella.

Porque ahora la tenía, toda para mí (y vos viéndonos), mientras le clavaba esa verga prestada y apretaba su clítoris contra el juguete para hacerla gozar, para que “mi otra yo” acabara tal cuál como me gusta acabar a mí. Con la concha bien llena, con las paredes vaginales apretando la chota y el clítoris aplastándose por la presión y la fricción de la mano de afuera.

Porque esta vez, la pude escuchar a ella que gemía despacito, con muchas ganas y aumentando su frecuencia.

Porque me gusta que me den, pero también soy mandona. Y ustedes me obedecieron bien cuando a vos te pedí la leche y me la diste, porque ella se retorcío cuando le pedí también que me acabara.

Porque como siempre, que me acabo potente, mis gritos explotan y la concha se me ciñe a la vez que unos chorros calientes se liberan aumentando mi placer, esta vez en tu pierna.

Porque como siempre, que jugamos con otros a hacer lo que queremos, a soltar la fantasía para transformarla en realidad, vos me preguntás: “¿Estás bien?” Y yo te beso; ¿cómo no estarlo?

Porque cuando los otros se van, siempre te guardás algo para mí.

Porque amanecemos abrazados y el día es perfecto porque está nublado y gris, y también cuando está soleado y celeste.

Porque  cuando nos quedamos solos de nuevo, la burbuja se cierra, y tiene todo lo que necesito para ser libre y feliz.









7 comentarios:

  1. Excelente como siempre... la descripción de todo, el ambiente... como esas peliculas que aunque son largas pasan rápido porque uno las disfruta

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  2. Lucas: Gracias! Lo que más me halaga, no es la calificación tan positiva, sino el "como siempre". Está bueno, como dice el slogan de un supermercado: "queremos q vuelvan, no sólo que vengan" jajaja Un beso =)

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  3. Tan bien contado que pasé de ser "voyeur" a protagonista. Y me voy con ganas de volver y seguir sintiendo este calorcito en la entrepierna.

    besos

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    1. K: excelente tu nuevo blog de imágenes! RECOMIENDO A MIS LECTORES QUE NO SE PIERDAN TU BUEN GUSTO! http://ka-imagenes.blogspot.com.ar/

      Gracias por seguir pasando de tanto en tanto a calentar tu entrepierna por mi blog.

      Yo te aseguro que caigo en tentación, reiteradas veces, cada vez q visito tu INFERNO http://undiaenelinferno.blogspot.com.ar/?zx=3f0f23ff121ee2ea
      Besos interconinetales como siempre!

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  4. Lo describis de una forma tan carnal que me siento parte... son como las fantasias de todos llevadas a la realidad por vos... me hubiera gustado ser un mosquito y presenciar ese momento jaja. Un besote

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    1. Lucas: las fantasías de todos o las tuyas? ejem! piedra libre, bienvenido a soñar sr. mosquito.
      Leíste a Kafka? acá la metamorfosis podría ser inversa y en lugar de pasar de hombre a cucaracha, podría ser de mosquito a persona y en lugar de mirar, sumarte. Besos

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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