Yo
sé que no salió de un catálogo, como en un fantástico cuento de un colega que
leí por ahí, donde las chicas estaban en vidriera para que las parejas las
escogieran.
Pero,
sé que me estudiaste, detenidamente, en este tiempo en el que tanto hablamos de
encamarnos con terceros. Como dice el refrán del “del dicho al hecho hay un
gran trecho” y claro está que no todos nuestros encuentros grupales fueron tan
calientes como los imaginamos. Esta vez, me trajiste (nos trajiste) una mujer
que se adaptaba perfectamente a nuestras necesidades. Una “sola” bisexual bien
dispuesta a gozar con nosotros.
LOS
DICHOS:
Sabías
que para la primera vez, en este formato de trio M+M+H, había ciertas cosas que
me tentaban y otras que me estresaban.
Que
no tenga tetas muy grandes, me estresan, tengo miedo a ahogarme y tal vez
envidia.
Que
tenga un culo torneado, duro, redondo y parado, como el mío y si lo tiene más
lindo mejor todavía.
Cualquier
altura. Vos decís que está bueno que sea menudita y maniobrable, y yo no sé,
sonaba lindo que una flaquita se me escurriera entre las piernas y también que
una grandota como yo se me montara virilmente.
Puede
ser bien blanca, me gusta el contraste de las pieles, pero si es morocha, está
bueno porque voy a verla como mi otro yo.
Yo
quería averiguar que tan bisexual podía ser, hasta ahora las mujeres de las
parejas con las que estuve, eran muy hetero, y los juegos no habían llegado muy
lejos. Me corrijo, yo sí hice cosas con ellas, a la pelirroja de zona norte (a
la que le debo un cuento junto con su dulce marido) la hice acabar 2 veces. También
me calentó mucho comerte la verga con la novia de mi amigo y sentir como
nuestras lenguas se encontraban con tu piercing de por medio, las lenguas
mojadas, la boca carnosa de ella, la anchura de tu pija dura, etc. Pero, básicamente,
ninguna me había hecho acabar a mí. Yo necesito saber que gusto para poder
excitarme. Ellas tenían una actitud
pasiva, y yo deseaba cada vez más cruzarme con una flaca intensa, bien decidida
y definida en su bisexualidad que se tomara las libertades de hacerme lo que le
pintara.
Vos
te morías de ganas de verme jugar suavecito y dulce con otra mujer. Una mina
que no me avasalle, decías, “así disfrutás, así querés repetir”. Yo tenía la
curiosidad morbosa de ver como te cogía otra mina, y tomarme un momento al
menos de simple y mera espectadora. Me habías quemado la cabeza, asegurándome que
siendo tan calentona como soy, me iba a tentar a hacer de todo y que lo iba a
disfrutar. Yo te pedí que le aclararas a tu amiga, que quería recibir todo lo
que quisiera ofrecerme, en especial sexo oral pero que yo desconocía que tanto
le podía dar. Que no fuera a ofenderse si yo era ahora la que se comportaba con
pasividad.
Ese
finde, me regalaste un nuevo chiche de silicona translucida color rojo, un
consolador con dos cabezas, diseñado para la doble penetración. Flexible,
texturado, ancho y tentador. Yo pensé que era solo un anticipo de lo que
esperabas que hiciéramos con ella. Una vez más, me sorprendiste cuando
curtiendo solitos al medio día, lo estrenamos entre los dos. (Otro cuento que sin duda se merece un back up
de mi mente a la web).
Llegó
la hora, nos subimos al coche y la fuimos a buscar. Cuando la puerta de su casa se abrió, salió
una morochita, de crines negras, enruladas y salvajes, que sonreía amable al
caminar.
Me
bajé para saludarla, vos también, la Turca tenía unas piernas musculosas y torneadas,
unos tacos zarpados de casi 10 centímetros que usaba con tanta comodidad como
si de ojotas se tratasen. Usaba un
vestidito floreado, muy cortito, tipo strapless mostrando los hombros y la
parte alta de la espalda.
Sabía
por tus comentarios que su culo era monumental, el mejor y más codiciado del
club, tema que nos sirvió para cortar las tensiones en el auto y reírnos mucho.
Yo le aseguré, “Mira Turca, estoy nerviosa, porque esta es mi primera vez. No
se si vamos a coger nosotras pero eso culo, ¡lo tengo que ver!”.
Hablamos
boludeces, el viaje era largo porque estábamos lejos, en kilómetros y en deseos
acumulados por consumar.
Cuando
comenzó el viaje se sentó atrás, entre medio de los dos asientos, piernas en
paralelo, las rodillas casi juntas, más bien, sutilmente separadas. Un
comentario velado, pero sugerente me hizo saber que no traía ropa interior. Sólo
tenía que darme vuelta para mirar, a centímetros nuestro, estaba casi desnuda
esa mujer para los dos. Antes de que saliéramos a buscarla te pregunté: “Si me
tiento, ¿puedo tocarla y que nos chupemos las tetas en la parte de atrás?
Previsible tu respuesta fue: “Hacé lo que quieras mientras no mojes el auto. Ja
ja ja”
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LOS
HECHOS:
Yo,
como dije, no quería calentarme y no acabar. Yo, como sospechaba, estaba
tentada de lanzarme, de meter mis manos subiendo por sus finos tobillos, de
sentir como la piel fría de sus muslos se tornaba caliente al llegar más allá,
pero no estaba lista para dar el punta pie inicial.
Así
que en el viaje sólo charlamos, de sexo, lujuria y pasión como ella pedía. Una
cosa dijo que me dejó en paz: “Cuando me invitan a bailar yo bailo, cuando voy
a un recital yo escucho, si vamos a comer yo como” No tenía que terminar la
frase, era evidente que cuando la invitaban a coger como nosotros, ella iba a
hacer lo necesario.
Llegamos
a la casa y al instante de llegar, se desataron dos horas de sexo que estuvieron
genial. Ella abrió el juego. Se levantó la ropa, sin duda su culo era para
aplaudirlo. Su espalda, sus piernas, y su mente combinaban perfecto. Con una
botellita de aceite sus manos no tuvieron límite. Con la misma mano lubricó sus
tetas, tu verga y mi concha. Me sacó un suspiro ver sus uñas largas y su pulserita
brillante sacudirse entre mis piernas. Fue fuerte ver que la mano femenina que
se metía en mi concha, esta vez, esta primera vez, no era la mía, y sin embargo
me causaba mucho placer. Tal vez más que al masturbarme, por el morbo mismo de
saber que era la mano de otra mujer.
Que
jugáramos suave… naaa. Esa yegua calentona, me puso a tope me hizo acabar, me pidió
que baje al piso y a vos que me tengas las pierna abierta y se clavó con la
geta de prepo en mi concha, con una chupada violenta a mi clítoris que me
encantó por caliente, por lanzada y por voraz. Nuestras miradas, mi amorcito, se encontraron. Juraría que me decías con esos
ojos: “Ahí tenés lo que pediste bichito”.
El
chichito doble verga, lo usamos todos, ella conmigo, yo con los dos, ella
consigo misma reforzando en su concha tu penetración. Como supo que me
calentaba esa doble penetración en vaginal, cuando yo te cogí mas tarde ella se
pajeaba mientras nos miraba de pie, y sin dudarlo, se acercó se descalzó de la concha
el juguete y me lo metió. Yo intentaba ilusamente todavía, mantener las
formalidades, dejar un lado para ella y otro para mí. No mezclar. La Turca,
excitada y determinada no me dejó, cuando se puso entre mis piernas, con una
mano me abrió los labios para ver por donde metía el juguete en el poco espacio
que dejaba tu verga y mientras me cogía aclaró: “De este lado es más rico, ¡mojadita
es mejor!” y me metió el juguete que todavía estaba caliente, templado por su
cuerpo.
Después
de eso, estábamos listos para acabar otra vez todos. Vos por segunda vez, ella
y yo como por la sexta cada una. Mas fuerte y coordinado que el polvo anterior,
donde vos sentado nos tenías sobre tus muslos, ella cogiéndote y yo
masturbándome contra tu panza mientras le metía a ella la puntita de la verga
de silicona en el culo. Menos mojado pero más intenso que el orgasmo que ella me hizo
explotar cuando me bajé y me puse de frente a ella, con las piernas sostenidas
por vos, con la Turca en el medio de nuestras piernas, ella no paró de montarte
y se reclinó para cogerme, con tantas ganas que no había forma de no acabar,
con tantas palabras motivadoras, pidiéndome que le soltara todo, que no hubo
manera de no mojarla, de no salpicarnos a todos con una acabada mortal.
Sí,
sostengo. El último polvo, fue el mejor.
Porque acabamos los tres al mismo tiempo,
porque yo me sentía una estrella más de esta constelación. Porque vos acostado
nos tenías a las dos en cuatro patas dándote la espalda, sabiendo ambas que esa
es nuestra mejor postal.
Porque
yo sabía que una vez más, nos podías contemplar dándonos placer entre nosotras (además
de esa instantes atrás, que te sentaste en la escalera para ver como nos
penetrábamos mutuamente con el juguetito que me regalaste). Porque vos te masturbabas, cosa que tanto me
calienta ver, conmigo masturbándome sobre tu muslo izquierdo, y ella hincada a
los pies de la cama muy cerca de tu pantorrilla derecha.
Porque
todos transpirábamos y como dice Soda Estéreo: “es poesía ver la carne
transpirar”.
Porque
yo la penetraba con el juguete en la mano derecha y sentía como su vagina contraída,
lista para acabar, no me lo dejaba sacar.
Porque
me estaba imaginando que rico debés sentir vos con la verga cuando me cogés, y
mi concha se pone dura y aprieta como una morsa parecido a la concha de ella.
Porque
tus ojos se ajustaban una vez más, y tus gemidos que son una mezcla de placer,
angustia y furia desesperada, comenzaron a sonar.
Porque
abrí mis rodillas para bajar hasta el contacto con tu cuádriceps, para fregarte
la argolla y dejé de tocarme con la izquierda dejando mi mano libre para
masturbarla a ella.
Porque
ahora la tenía, toda para mí (y vos viéndonos), mientras le clavaba esa verga
prestada y apretaba su clítoris contra el juguete para hacerla gozar, para que “mi
otra yo” acabara tal cuál como me gusta acabar a mí. Con la concha bien llena,
con las paredes vaginales apretando la chota y el clítoris aplastándose por la
presión y la fricción de la mano de afuera.
Porque
esta vez, la pude escuchar a ella que gemía despacito, con muchas ganas y
aumentando su frecuencia.
Porque
me gusta que me den, pero también soy mandona. Y ustedes me obedecieron bien
cuando a vos te pedí la leche y me la diste, porque ella se retorcío cuando le
pedí también que me acabara.
Porque
como siempre, que me acabo potente, mis gritos explotan y la concha se me ciñe
a la vez que unos chorros calientes se liberan aumentando mi placer, esta vez
en tu pierna.
Porque
como siempre, que jugamos con otros a hacer lo que queremos, a soltar la
fantasía para transformarla en realidad, vos me preguntás: “¿Estás bien?” Y yo
te beso; ¿cómo no estarlo?
Porque
cuando los otros se van, siempre te guardás algo para mí.
Porque
amanecemos abrazados y el día es perfecto porque está nublado y gris, y también
cuando está soleado y celeste.
Porque cuando nos quedamos solos de nuevo, la
burbuja se cierra, y tiene todo lo que necesito para ser libre y feliz.

Excelente como siempre... la descripción de todo, el ambiente... como esas peliculas que aunque son largas pasan rápido porque uno las disfruta
ResponderEliminarLucas: Gracias! Lo que más me halaga, no es la calificación tan positiva, sino el "como siempre". Está bueno, como dice el slogan de un supermercado: "queremos q vuelvan, no sólo que vengan" jajaja Un beso =)
ResponderEliminarTan bien contado que pasé de ser "voyeur" a protagonista. Y me voy con ganas de volver y seguir sintiendo este calorcito en la entrepierna.
ResponderEliminarbesos
K: excelente tu nuevo blog de imágenes! RECOMIENDO A MIS LECTORES QUE NO SE PIERDAN TU BUEN GUSTO! http://ka-imagenes.blogspot.com.ar/
EliminarGracias por seguir pasando de tanto en tanto a calentar tu entrepierna por mi blog.
Yo te aseguro que caigo en tentación, reiteradas veces, cada vez q visito tu INFERNO http://undiaenelinferno.blogspot.com.ar/?zx=3f0f23ff121ee2ea
Besos interconinetales como siempre!
Lo describis de una forma tan carnal que me siento parte... son como las fantasias de todos llevadas a la realidad por vos... me hubiera gustado ser un mosquito y presenciar ese momento jaja. Un besote
ResponderEliminarLucas: las fantasías de todos o las tuyas? ejem! piedra libre, bienvenido a soñar sr. mosquito.
EliminarLeíste a Kafka? acá la metamorfosis podría ser inversa y en lugar de pasar de hombre a cucaracha, podría ser de mosquito a persona y en lugar de mirar, sumarte. Besos
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