Vistas de página en total

COPYRIGHT

Protected by Copyscape Duplicate Content Check

lunes, 21 de mayo de 2012

PRISIONERA DE ESTA SELVA





“No me dejes escapar” Vuelvo a implorarte, ahora que todavía estás adentro. Mi concha te devora, y a pesar de ello, yo soy la presa. El espejo empañado graba imágenes que, más que a reflejos, se asemejan a un recuerdo desdibujado en la bruma espesa, de alguna mañana que aún no llega.




Como dos pilares, tus brazos y antebrazos y tus manos cerradas en puños, atrapan mi cintura angostando su prisión cada vez más. Rectos pilares que sostienen tus hombros sobre el colchón. Con cada movimiento de tu cadera, cada mano se acerca más a la vecina, casi se juntan debajo de mi abdomen. Tus puños se parecen a los pies  de un elefante que, lento pero constante, avanza con sus pisadas. Tus nudillos se hunden en la sábana. La cama es como la tierra donde se asienta el peso de nuestros cuerpos aunados. La sábana es como la grama reseca crujiendo bajo el apoyo de los empeines de nuestros pies.

Yo en cuatro patas y vos reclinado sobre mí, volcándote sobre mi espalda. Decís que te gusta suave. Yo sospecho que en tu vocabulario, “suave”, es sinónimo de profundo, pausado y placentero. Para mí, suave, es sutil o imperceptible y esto dista mucho de esa definición. Los muslos están pegados, los genitales fundidos, las rodillas tan juntas que se mezclan.Yo me dejo.

“Qué lindo me estás cogiendo”- te digo.
Me corregís: “Nos estamos cogiendo”.

Sigo en desacuerdo. Soy tu prisionera. Siento la presión de tus codos extendidos clavarse entre mis costillas y mis caderas. Siento la imperiosa necesidad de no moverme. No soy un conejito en las fauces de un lobo feroz. Sí soy, una presa fuerte y vigorosa en las garras de un león. Y tal vez, soy tan sólo una mujer sacando su costado más animal, entre los brazos de un ser que se muestra desde su lado más humano. Me siento libre y esclava. Entregada y sometida. Salvaje y serena.

No quiero irme, ¡Atrapame! Quiero tu leche, ¡Cógeme! Seguí así, escuchándome sin que te hable. Reconociendo cómo mi cuerpo se contrae sin que te lo cuente. Haceme acabar un poquito más, desgarrando mi garganta en el silencio de un grito que no necesita ser pronunciado.

Tus brazos me liberan, y mis caderas vuelven a esta danza de la selva. Mi cintura ahora libre se retuerce como una serpiente y la fricción de nuestros pubis se vuelve áspera y caliente. Me dejás hacer, me pedís que te muestre cómo me gusta. Me acerco y me alejo haciéndole caso al mandato incoherente de mi mente que me dice que te saque todo y que a la vez espere. Que me invita a sacudirme con desenfreno y que me obliga a deslizarme, despacio, para sentir como se mete en mí, cada tramo del tronco de tu verga.

Erguís tu torso y tus manos se posan sobre mis glúteos, los abren, los juntan, los aprietan, los sueltan, los tironean. Quieta, quieta. Otra vez quieta. Inmóviles las piernas, clavadas sobre los muslos mis caderas. Mis glúteos se sacuden por el rebote del choque de las tuyas. Mi espalda sube y baja, para quebrar la cintura y que mi vulva contacte de arriba a abajo contra la base de tu verga. Mi cabeza se escapa del apoyo contenedor de la almohada para robar las imágenes del espejo.

Y ahí, te veo.

Tu nuca se dobla hacia atrás y después se incorpora. Tu cabeza va y viene lenta, al ritmo de tu pija que me penetra. Otra vez mi concha se hace roca y manantial. De tu boca se desbordan los gemidos. Tus sonidos llegan, desde lo profundo de tus vísceras hasta el borde de tus labios, rodando por tu lengua y caen como burbujas sobre mi espalda. Estallan en ella. ¡Cómo lo estas gozando! ¡Cómo te estoy sintiendo! Te sacás hasta la última gota, moviéndote dentro de mí. Nuestros muslos nunca se des-sueldan. Exceso de sudor, mucha sed. Ausencia de palabras y un sinfín de sensaciones. Intenso. Básico. Simple. Hermoso. Absoluto. Compartido. ¿Significará lo mismo en tu diccionario?

No hay comentarios:

Publicar un comentario