
Desayuno en la cama. Capuchino para 2.
Quiero despertar cada sábado entre el sabor electrizante del chocolate, que sin duda sabe mejor en tu piel, aún entre la maleza de los vellos de tu pecho y de tus muslos.
Quiero el disparo adrenalínico del café, que se suma a la rigidez caliente de tu miembro al robarme de la duermevela.
Quiero el calor de la leche hirviendo, que es apenas una brisa fresca si se compara con la quemadura de tus besos.
Quiero 2 cucharaditas de azúcar, para que junto con tus caricias conviertan mi cuerpo en miel y sudor.
Quiero que bebas, que huelas y que consumas, mi cuerpo, mis gemidos y mis miradas, como tu más preciado desayuno.
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