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viernes, 1 de octubre de 2010

CAOS. DESGUACE Y FUSION

RESPONDIENDO A LA CONVOCATORIA DE LA RADIO DE MENDOZA 104.5 R&P

PROGRAMA "EL ORDEN Y EL CAOS"

ESTA HA SIDO MI "POESÍA TEMATICA Nº1: EL CAOS"

"CAOS. DESGUACE Y FUSION"


Allá estaba mi nalga

colgada en la pared

pendiendo como un cuadro.


Se desprendió de mí

cuando me apoyabas ardiente

contra el costado de la puerta.


Creí que ibas a embutirme

por completo contra el muro,

pero sólo esa parte se soltó.


La piel de la yema de tus dedos

estaba entre mis glúteos,

como un guante de epitelio

caído en una zanja.


Nuestras ropas tiradas en el piso,

parecían protuberancias de éste

como raíces de un árbol

que se abultan bajo la grama.


Mi pezón en tus labios,

era un silbato silencioso

a punto de aturdir

con su agudo silbido.


En el apoyabrazos del sillón

mis rótulas se atornillaron

quedando ahí igual que los potes

vacíos de maní en la mesa.


Mis pantorrillas estaban tumbadas

como las copas de vino en la barra,

porque estaba en cuatro patas

cuando desde atrás me lamías.


La planta de tus pies

se adhirió a las baldosas.

Velas derritiéndose en su candelabro,

que se fusionaron y pegaron a él,

cuando de pie me colgaste

de tu pene para penetrarme.


Mis talones se incrustaron

en el hueco posterior de tus rodillas

y se quedaron ahí, cuando me hiciste

volar las piernas por el aire

arrancándolas de cuajo,

para colgarme de tus brazos.


Tu pubis se convirtió en rallador,

mi Monte de Venus en jengibre.

Mientras rallaba mi carne contra la tuya,

mi clítoris se desmembró

con su aroma a limón picante,

goteando jugoso tus piernas

de parafina talladas por el calor.


Brillaba sobre suelo

mi esencia perfumada.

Yo me ablandaba,

vos te endurecías.


Mi torso se reclinó

en el respaldo de otro sillón,

junto a las pocas partes

restantes de mí ser corpóreo.


Mi rostro se deformó.

¿Fue el placer que volvías a darme?

¿O mi mejilla fundiéndose al almohadón

contra el que se aplastaba volviéndose

de lona estampada y terciopelo?


Mi nariz estaba entre los cojines,

se eyectó violentamente de mi cara

cuando resoplaba fuerte

acompañando tus envestidas

que potentes por detrás

se clavaban y atacaban.


Mi cadera quería soldarse a la tuya,

pero tu fierro incandescente

y la forma en que te sacudías,

no dejaron enfriar la amalgama.


Tus dedos y un pedazo

de la punta de tu lengua

rodaron por mi espalda

cayendo por mi cintura

cuando mordiste mi nuca.

Como dados de la suerte

se deslizaron azarosamente

sobre el paño verde

del dorso de mi cuerpo.


Mis manos se quedaron

sin sus uñas, sin sus dedos,

cuando agarrando mis nalgas,

me abrí más y más para vos

tironeando de mis carnes,

buscando hambrienta devorarte.

Mis glúteos fagocitaron mis falanges,

dejando sólo muñones con nudillos.


Estaba a punto de partirme.

Estabas a punto de partirme.


Mi cabeza se cortó

dejándome decapitada,

un accidente que ocurrió

cuando me incliné para espiar

entre la tensión de mis piernas

nuestro frenético ensamble.


Mis brazos con los codos hacia afuera,

se convirtieron en asas,

formando con mi espalda una vasija.

Arcilla cocida, humeante todavía,

era frágil y resistente a la vez.


Mi piel estaba esmaltada de sudor.

Una bella pieza de alfarería,

peligrando su estructura.

Tus genitales como martillos,

amenazaban mi integridad a mazazos.

Comencé a agrietarme, y mi orgasmo

me dejó trizada en guijarros.


Así me tenías.

objeto de deseo

producto del caos.

Despilfarrada en la sala.

Amarrada y suelta.

Desguazada y fundida.

Íntegramente rota.

Totalmente parcializada.


Justo cuando mi corazón

caía en picada vertiginosa

rumbo a estrellarse contra el piso,

tus vibraciones ondulatorias me bañaron.


Tu semen blanco y denso,

cementó mis partes desperdigadas,

adhiriéndolas al suelo.

Me tomó días rearmarme.

Todavía me pregunto

por las noches si sabrás

en que rincón cayó mi ombligo.

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