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martes, 22 de junio de 2010

DESCARADO


Recordaba entre sonrisas la forma descarada en que fregó cada parte de su rostro sobre mi vulva. Se que lo incentivé cuando le dije: “Ahora entiendo para que tenés esa nariz”, pero quiso ir más allá. Y cuando mis gemidos entre risitas lo ovacionaban, continuó con su despliegue.


Todo comenzó luego de unos mates con galletitas y charla. Cuando rompimos la barrera del contacto, no hubo vuelta atrás.

Fuimos de la mesa del comedor hasta la pared, luego de besos en la boca, en el cuello y en mis senos. Contra la pared mientras su pierna y su bulto me empujaban, mientras sus manos me desvestían. No había mucho para sacar, un shorcito, una remera y el corpiño. Ahora él, en cuero y con sus pantalones desabrochados, me tenía de espaldas y de pie, atrapada entre sus brazos. Yo puse mis manos contra la pared y me incliné levemente, para aumentar el contacto entre mis glúteos y su bragueta abierta. En ese momento divisé un espejo que colgaba en el pasillo del living rumbo al cuarto, y me giré sobre la pared para que pudiéramos vernos en él. Sus pantalones y boxer, cayeron en el suelo antes de llegar. Sobrevivió mi tanga en su lugar, pero no por mucho, ya que el reflejo me mostró como esta se abría dando paso a su mano, que de a poco, muy de a poco, se coló por el elástico de arriba, haciéndola ceder a su paso.

Estaba sacando gemidos de mi boca, arcos de mi cintura y humedad de mis genitales, cuando preguntó:

-“¿Te gusta?”, mi respuesta fue:

-“La humedad no miente”.


Increíblemente, un idiota golpeó la puerta en ese instante. ¡Insólito!

Logró echarlo sin perder su erección a pesar de la ridícula discusión con el visitante indeseado. Estoy segura de que su insistencia por pedir un vaso de agua, sólo respondía al hecho de que nos había escuchado tras la puerta y quería interrumpirnos.

Ese corte de inspiración nos dejó entre risas y sorpresas en la puerta del cuarto.


La llegada a la cama fue inevitable, me sacó la tanguita, invitando a ponerme cómoda me señaló la almohada. Acepté la invitación, pensando en lo bien que me vendría relajarme después de la tan inesperada interrupción con la puerta.

Sin dudarlo, se acostó boca abajo, entre mis piernas que estaban entreabiertas, con los pies apoyados y las rodillas apuntando al techo.

Allí comenzó a lamer mi pubis, mis ingles y sin demora ni prisa, mi clítoris.

-“Cuánto más lento vas vos, más rápido voy yo” –Acoté.

Él comprendió perfectamente. Pero a pesar de que se movía con lentitud, yo me alejaba de a ratos para despegarme de su lengua y quedar sólo a merced de su aliento.

Cuando mi excitación estaba ya incrementándose exponencialmente, tiré de sus orejas atrayendo su cabeza a mi entrepierna y me abrí para él. Ya sin mesura comenzó a lamer mi vagina y a cogerme con su lengua, mientras su nariz estimulaba mi clítoris.

Untaba su rostro en mi lubricación, sumando su saliva la humedad era tal, que comenzó a fregarme también sus pómulos, sus cejas, su frente. Me regocijaba mucho su entrega. Me tenía entre risas y al borde del orgasmo. Mi mano, atrevida se colaba sin pedir permiso. Podría haber acabado de tan sólo tocarme unos segundos, pero elegí retirarme y dejarlo jugar.

-“Seguí con eso, me gusta mucho. Jugá. Improvisá. No tengo apuro.”

Y su cunnilingus de cara sin descaro, continuó y continuó.

A pesar de lo dicho, llegó la prisa y supliqué:

-“Quiero tus dedos. ¡Por favor!”

Entonces se metió profundo en mí, le pedí que girara sus yemas hacia arriba y que se saliera un poco, que buscara la rugosidad de mi Punto G, que lo apretara contra el hueso de mi pubis desde adentro.

Me llevó cada vez más cerca del clímax. Combinando la penetración de su mano con la fricción de su rostro en mi vulva. Sus tupidas cejas, se despeinaban contra mi conchita rasurada. Cuando ya la espera era insostenible, mi mano se sumó a la de él. Mientras el se clavaba en mi interior, yo descargaba enérgicos chirlos sobre mi clítoris y mi pubis, que sonoros y energizantes me excitaban más y más.

Y llegó el orgasmo. Estalló mi squirt.

-“¡Sacá la mano, dejalo salir!” –le grité.

Pude ver su sorpresa cuando a chorros, mi eyaculación brotaba de las glándulas para-uretrales de mi vagina. Esta sorpresa no le impidió volver a meterse para extraer de mí más y más. Más y más. Acompañé con gritos voraces cada explosión. Él estaba ahora arrodillado entre mis piernas, de modo que su brazo tenía más fuerza y toda la libertad de movimiento que yo necesitaba. Su boca se contraía denotando su excitación. Sus gestos mientras me pajeaba me calentaban al mango. Sacudiendo mis dedos índice y mayor continué masturbándome, aprisionando mis nervios entre sus dedos y los míos.

¡Ahhh! Cómo gocé. Un buen estímulo y mi orgasmo puede durar minutos. Fue tan intenso que no paré hasta agotar mis fuerzas, mis gritos, mi saliva y mi aliento.

¡Qué chupada! ¡Qué descaro!

3 comentarios:

  1. es perfecto. pero si le dice "la humedad no miente" lo desconcentra. El tipo se pone a pensar qué es humedad, que es mentir, y luego a asociar la humedad y el mentir con el cuerpo que está poseyendo. Digalé algo más, algo más...

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  2. me dejaste pensando... pero justamente la idea es que "el cuerpo se expresa más sabio que los pensamientos que aveces enturbian"
    Desconcentración, y perder el foco....no son amigos de un momento grato de placer.
    Gracias por el comentario. NACAR

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  3. acabo de leert,impresionante,si fue de verdad enhorabuena,tan genail que casi se pued vivir,y mas a mi que el cunilingus es lo que mas m encanta ahcerle a una mujer,saludos,besos

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