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jueves, 4 de marzo de 2010

RAYO DE LUNA

Cette nuit, la lune est pleine. Je le regarde et Je pense que leur lumière ne sera jamais plus fort que le feu de tes yeux.

Esta noche la luna esta llena. Yo la observo y pienso que su luz no será nunca más fuerte que el fuego de tus ojos.

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Parece que el deseo de escuchar como suena esta frase de mi boca, fue lo que te trajo a mis brazos otra vez.

Estás acostado, con la cabeza en la almohada, las piernas semiflexionadas y levemente entreabiertas. Estoy recostada sobre tu pierna izquierda. Estamos desnudos pero de algún modo, seguimos desvistiéndonos entre charlas y miradas. Ya es madrugada. Extasiados y borrachos de sexo. Horas incontables, segundos infinitos y una larga noche, que parece un instante. Tu dedo como un rayo cargado de energía recorre mi rostro.


Esa misma mano que al comienzo de un viejo encuentro arrebató de mi cuerpo 2 orgasmos sin aviso, cuando se hundió en mí apuntando directo a mi punto G. La pollera subida, la tanga corrida. Tambaleando desequilibrada al borde de la cama. Un pie en el suelo, la otra pierna sobre la cama, con una parte del glúteo sobre el colchón. Vos parado de algún modo (que muy bien no recuerdo porque estaba enceguecida de placer) entre mis piernas, clavando tus dedos, besando mis genitales, lamiéndome y tocándome con tal precisión que la única consecuencia posible era desbordarse en el clímax. Y no sólo una vez, sino dos, hasta sacar la última gota.

Ése día me habías propuesto, decirnos todo lo que deseábamos en la cama. Pero la telepatía fue tal, que mientras me masturbabas con tus dedos y con besos, no me diste tiempo de pedirte que durante mi orgasmo y mi eyaculación femenina retiraras tus dedos de golpe, para ver ese líquido saltar y explotar con furia hacia el exterior. No me diste tiempo, simplemente porque así lo hiciste. Cuando volvías a meterte dentro de mí lo hacías con tal firmeza, que mis glándulas volvían a cargarse ante tu estímulo para liberarse otra vez con descaro cuando salías de mí.¡Ohhh tu carita arrimándose para oler y lamer….Ufff! Como si hubieras robado un panal de miel, y este se rompiera en tus manos, liberando una cascada de miel; vos no estás dispuesto a pederla de modo que arrojás tu boca sobre su pegajoso y dulce contenido.


Esos mismos dedos, en tu mano de hombre cálido y envolvente. Ahora acarician mi rostro. Cierro mis ojos para exacerbar la percepción sensorial. Y ahí estás, tocándome, sintiéndome y yo sintiéndote. Recorriendo mi mentón, mis quijadas, mis mejillas, el lugarcito entre la terminación de las cejas y el nacimiento del cabello. Paseándote por mi nariz desde el seño, y deslizándote por esta como un niño cayendo por un tobogán en cámara lenta. Seguís por mis pómulos mientras mi boca espera, ya se viene. Ansiosos y a la vez pacientes, mis labios saben que pronto les tocará su momento.

El momento llega, de la mano de tu mano. Y cuando la yema de tu dedo se posa sobre mi carnosa y expectante boca, el destello de luz explota en mí. Es tan vigorosa tu energía que se cuela en mi garganta. Tu dique está abierto, y su caudal llena tanto mi interior que ya no hay recovecos internos donde contenerlo. Explota mi pecho. Puedo ver luces saliendo de mi esternón como si fuera un reflector. Luces de colores eléctricos, como áureas boreales danzantes flotando en la habitación sobre mi cuerpo.


Pasó solo un segundo, desde que tu dedo contactó mis labios, percibo que te incorporás, abro mis ojos y te veo arrimándote, vas a regalarme una vez más tus besos. En el sabor de tu boca, de tabaco y café, de escorpión pasional, la saliva es como una savia vegetal que alimenta el árbol de mis pasiones.

Te pido que me observes, así: relajada y semidormida. Y vos me ofreces besos más íntimos asegurando que no vas a despertarme. ¡Que bueno saber que es imposible que lo logres! Tierno y suave, le das piquitos a mi clítoris, a mis labios vaginales, a los surcos que se forman entre éstos y mis piernas. Tus labios se ponen más dóciles, más carnosos, más lentos, más investigadores. Tu lengua se suma a la exploración. Y vuelven a meterse en nuestra cama, la miel hurtada, la savia latiente, el dique de energías abierto, el fuego intenso de tus ojos, el roce minúsculo de nuestras pieles. Y te deseo. ¡Como te deseo!

Un contraste de ritmos acelera mi pulso. Cuando muy despacito te vas recostando sobre mí abriendo mis piernas con la tuyas, fregando tu pene contra mi pubis; en contrapartida nuestra respiración se agita. Sigue el contraste, cuando besándonos, comemos nuestras bocas y nuestras lenguas con furor se entrelazan y se penetran, en oposición, lento sobre mi vulva, siento como en un vaivén de caderas te vas acercando al nacimiento de mi vagina, deslizándote sobre nuestras humedades, abriéndote camino. ¡Como te deseo!

Contacto. Con- tacto. Piel. Ardor. Lubricación.

Dame todo. Seguí. No te detengas. Te siento. Me gusta. Sentime. Dame más. Así. Metéte. Movéte. ¡Ahhh!

Puedo sentir cada parte de tu fisonomía, adentrándose en mi ardiente cuna. Movés tu pene bombeando sangre a su glande voluntariamente y yo devuelvo el saludo, contrayendo las paredes de mi vagina. Sonreímos. Cerraría mis ojos, pero prefiero mirarte. En este instante de intimidad absoluta y de unión plena, se eclipsan en tus ojos, toda la luz de la luna y todo el fuego del sol. De igual modo nuestros genitales se complementan y se atraen.

Yo te contengo, te aprieto y te retengo fundido a mí en mi orgasmo. Soy como el planeta tierra (agua, cielo, tierra, metal, piedra). En esta habitación hemos creado un universo. Tu sol es mi centro, yo giro a tu alrededor para brillar ante tu hoguera, pero también sos mi luna y orbitás sobre mí. Y como satélite de mi planeta, tu fuerza gravitatoria domina mis aguas, mi mar y mis mareas, y una vez más, me llevás a la pleamar, al éxtasis. Y mis olas mojadas bañan tu pubis, tu pene, tus vellos púbicos, tus testículos. Ardemos como arena al sol de medio día, y brillamos como la luna sobre el oscuro mar de media noche. Con esa misma imagen, de brillo blanco, de destello claro, siento tu semen emanando de tu cuerpo y llenando mi cuenco. ¡

Entregamos todo, pero aún te deseo!

Vos decis: "Siempre me quedo con ganas de más".

Naturalmente te comprendo.



1 comentario:

  1. hermosa la descripcion de la entrega total en cuerpo y alma , :)

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