
Colgué el teléfono, aún con ganas de quedarme escuchándote.
Como si con el eco de tu voz, que todavía resonaba en el auricular, pudiera jalar tu boca hasta este inerte aparato, deslicé el teléfono por mi pecho pasando por mi ombligo hasta mi pubis.
Como si con el eco de tu voz, que todavía resonaba en el auricular, pudiera jalar tu boca hasta este inerte aparato, deslicé el teléfono por mi pecho pasando por mi ombligo hasta mi pubis.
Estaba tibio porque al oírte lo apretaba contra mi oreja para tenerte mas cerca.
Estaba húmedo porque al hablarte mis exhalaciones lo envolvieron, como si vos estuvieras ahí para respirarme el aliento.
La textura de los botoncitos, pícaramente repicaron sobre mi short, en la zona de mis genitales.
Había decidido no tocarme, hasta que vuelvas a llamarme. Hasta que tengas el espacio físico que te permitiera excitarte y aliviarte conmigo, hasta que por fin volvamos a juntarnos en persona.
Pero me temo que la avalancha de recuerdos va a jugar en contra de mis intenciones y va a ganar la disputa. Es muy fuerte el ardor que me produce tu sola imagen.
Estoy acariciando mi clítoris sobre la ropa.
Mis respiraciones se hacen más lentas y profundas, acompasando el recorrido de la mano, que disfruta el contacto cálido de las texturas de mis labios vaginales.
Mis párpados se cierran y llegan nítidos los recuerdos de tus manos venosas, velludas, suaves (pero firmes), recorriendo mi carne. Humedeciéndose en mi sexo. Buscando mi Punto G. Encontrándolo.
Querría tenerte frente a mí. Apoyar mi frente contra la tuya. Chocar nuestras narices en el meneo suave de nuestras cabezas. Respirarte profundo, para meterte como sea, adentro de mí ser.
Mi mano derecha, se cuela bajo mi ropa. Tal vez por gusto. Tal vez por autónoma, ¿o será por obediente? Tal vez para copiarse de la tuya y de igual modo recorrer mis pliegues, alojarse en mi cavidad vaginal para luego salir. Para volver a entrar y repetir.
Al abrir mis ojos para mirarme y ver como me toco, encuentro en el camino la pujante presencia de mis pechos. Están más turgentes por la excitación. Con mi mano izquierda comienzo a amasar mi busto derecho sobre la ropa. Mi otra mano aún juega en mi entrepierna. Mi remera, elastizada y escotada, quiere exponer su contenido. Mi mano se mete debajo. Sin corpiño, mi pecho queda contenido por ella, que como un nido lo sostiene. Rápido y frío mi pezón se erecta y se alberga entre el nacimiento de los dedos.
Me miro; cuando con las yemas de mis dedos me deslizo sobre su punzante botoncito, pienso que es tu boca la que observo. Me acuerdo de la playa, de cuando te escurriste bajo mi buzo (el tuyo prestado en realidad) para besarlos. Yo espiándote desde la abertura del cuello. Ardiendo al ver como tu boca me probaba mientras la presencia de tu duro pene se fregaba contra la tanga de mi bikini verde. Sentados en la arena. Vos debajo con las piernas extendidas. Yo montada de frente, con las piernas enroscadas en tu espalda y los brazos en tu nuca. Moviéndonos. Mmm...… Tu mano derecha bajo mi pareo apretando mis glúteos. Tu mano izquierda sosteniendo mis tetas, para ayudarte a comerlas, para llevar ese bocado a tu lengua.
Luego de una pausa me abrazaste contrayéndome contra tu pecho. Sin dejar de apretarme me hiciste fregar mis pechos contra tu torso. A pesar de estar vestidos, luchando contra el viento fresco de la playa en el atardecer, yo podía imaginar como nos veríamos en esa posición desnudos. Sabía que la traspiración de mi cuerpo lubricaría ese roce de pezones y tetillas. De pechos de miel versus hombre de pelo en pecho.
Pero acá estoy, sola en casa, hipnotizada por los recuerdos y el deseo. Tu imagen es virtual pero sin embargo alcanza para que en lo concreto, mi cuerpo continúe su danza hormonal y caliente. Emanando sus sabores, sus olores, sus humedades.
Sentada en la silla, con mis piernas bien abiertas, las rótulas apuntando en dirección casi opuesta. Mi mano derecha masturbándome, la otra recorriendo el resto de mi cuerpo, sintiendo como se alterna la contracción de mis músculos. Los gemelos, los cuádriceps, los abdominales, los glúteos. La foto de la playa omnipresente en mi cerebro. Mi cuerpo haciendo olas, danzando el vientre. Yendo y viniendo las caderas. Ruge grave mi garganta como el mar embravecido. Pero también se escapan gemidos agudos, como gaviotas chirriando en el cielo. Mis exhalaciones, calientes y mojadas, bañan las arenas de mi vientre. Mi sudor tratando de refrescar el ardor de mi cuerpo, se eleva de mis poros como una bruma sobre el agua. Mi pubis como un delta de agua salada, está a punto de desbordarse. Mi vagina se ciñe, se aprieta y se va. Se vuela. El agua agridulce se derrama y mi mano izquierda baja para sentirla salir, para apretarse contra los durísimos labios externos que están explotando de placer. Ahh… como moja, como quema. Mmm…
Recuerdo otra vez tus dedos, y sonrío por que se que ya aprendiste que me descontrola que sacudas tu dedo sobre mi Punto G cuando acabo, que si hacés eso no puedo parar, no me bajo. Y otra vez, mi mano copiona de la tuya, la imita. Efectivamente, al sacudirse dentro de mi vagina un solo dedo, el mayor, alcanza para desenfrenarme. Ya no gimo, ya no rujo, solo grito. Ahh! Ahh! Ahh! ¡Cómo puede ser que no pare! El squirt, más intenso, explota desde mí. Veo mi mano bañada de mis jugos y pienso que si estuvieras acá, te lo comerías todo. Puedo olerme. Puedo verme. Puedo verte. Observo como entre mis dedos cuelgan hilos de fluidos sexuales, que seguramente usarías para untar tus labios, para después besarme. A pesar de tu ausencia física, te traigo una vez más a mi lado, y lamo mis dedos. Brindo en tu honor y me encanta. Me encantás!
la sola imagen de tu masturbacion y el final con un squirt me llevan a un punto de exitacion tremendo. un relato muy bien logrado
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