Podría destinar algunas líneas a contarles, que lo conocí un día cualquiera de semana, en una estación de servicios de la autopista, mientras caminaba desde la zona de servicios al kiosco. Podría detallar mi actitud distraída y alegre al preguntarle "me llevas" o su respuesta espontánea "te llevo encantado morocha".
Podría decir, que cuando nos reencontramos dentro del autoservice, no dejamos de mirarnos. Como yo me acercaba a ver productos en las góndolas más lejanas, para darle la oportunidad a él de que me mire de arriba a abajo, de pies a cabeza y sin dudarlo, para que apreciara mi cola.
Podría contar las palabras que nos dijimos, al costado de su camioneta, como a escondidas. Tal vez debería decir que intentamos detenernos, cuando dijimos que "esto" no podía ser más que una aventura.
Pero tal vez perdería tiempo contando estas cosas, que al fin y al cabo son tan solo circunstancias que se repiten en la vida, una y otra vez.
Lo que no puedo evitar contar, es el irreversible deseo que sentí de besarlo, cuando, noté que estaba nervioso, que sus labios morados temblaban y sus ojos oscuros y redondos brillaban, o más bien destellaban. El instinto se podía oler, vibraba el aire, y la brisa del descampado ardía al pasar entre los dos que aún sin habernos tocado, ya nos habíamos metido en el cuerpo del otro.
Yo creo que esta es la historia de lo que le pasaría a todas las personas, si en lugar de racionales y medidas, se arrojaran a sus pulsiones mas potentes.
La contradicción humana, en su cuerdas vocales las palabras de la negación "mejor dejémoslo asi" y en sus piel, su sangre galopando, y hasta los vellos de su cuerpo queriendo experimentar y calmar esa pasión...
Sin pensarlo me agarro una puntita de la campera, como para retenerme, yo di un paso hacia él, él, uno hacia mi y me comió la boca, tal cual como a mi me gusta.
Suaves sus labios, apretaron los míos, su lengua, la mía, probaron el sabor de las texturas hasta llegar a la humedad de la lengua. Los cuerpos se acercaron hasta apretarse, hasta que sus brazos me envolvieron. " Que esta pasando acá?" pregunto él desconcertado, la única respuesta coherente de mi parte fue volver a besarlo. Me lance sobre el, apretándolo contra la camioneta, el me giró, dominando la situación y cuando lo tome fuerte de su cintura baja me apoyó sus genitales duros. Lo sentía a full, los 2 teníamos unos pantalones de gimnasia muy flexibles que dejaban sentirlo todo.
Estábamos a mil, queríamos más. Me invitó a un hotel y sin pensar en nada, apague mi mente, y dije que sí. Nos fuimos a un hotel, al otro lado de un puente de la autopista. Estacionamos los 2 autos y nos bajamos, nos volvimos a besar antes de subir. Las ganas de estar otra vez en contacto, me hicieron pensar que íbamos a cogernos ahí, al pie de las escaleras!
Pero subimos, pusimos la máxima cantidad de luz posible, no queríamos perdernos nada, y las imágenes menos. Felizmente la habitación tenía unos enormes espejos en la pared lateral y en el techo.
....
Por fin casi sin ropa nos tocábamos.
El terminaba de desvestirse, se sacó un borceguí y una pierna del pantalón sentado al borde de la cama, y yo, me escurrí entre su torso y su pierna a medio desvestir, me monte sobre su muslo, apoyándole mi vulva, el me agarró de las tetas, mientras besaba mi nuca y espalda y yo me volqué hacia adelante mostrándole mis nalgas abiertas, mientras desataba los cordones de su otro zapato. Terminé de desvestirlo. El tomó mis glúteos y me levantó, dejando a la altura de su rostro mis genitales, el comenzó a lamerme, me giró para ponerme en cuatro sobre la cama, yo caminé a gatas unos pasitos para ver en el espejo lateral la imagen de los dos en ese beso tan íntimo. La luz de una ventana, recortaba al contraluz nuestras figuras. Yo como una gata en celo, en cuatro patas mientras él metía entre mis piernas y mis nalgas su cara completa. Su nariz, rozando mis glúteos, tan cerquita de mi ano, mientras su lengua, recorría por dentro y por fuera los labios de mi vagina. Su barba chiva, frondosa, prolija y esponjosa, barría por detrás los rastros de saliva que iba depositando su lengua en mi sexo. Sus manos, apretaban mis nalgas, acariciaban mi espalda y mis muslos, tensos por la posición. Fue ahí cuando uno de sus dedos, entró en mí....Ufff... como si mi cuerpo lo esperara, se abrió mi vagina para recibirlo calidamente.
Yo también lo quería probar. Asíque me di vuelta, y desandé mi camino hasta el borde de la cama, donde el me esperaba de pie en el suelo, con sus ojos codiciosos y su pene erecto y ansioso.
Sin dudarlo me lo llevé a la boca, el tomo mi cabeza y me llenó la boca con su pija, me penetro, se movió hacia adelante y atrás algunas veces, su dureza en aumento. Puse una pausa. Así, duro y ensalivado lo saqué de mi boca, con la mano derecha frené su pubis, mientras con la izquierda tomé a mano franca su pija dura y roja. Lo mire a los ojos, y sin sacarle la vista, lamí su glande, muy muy muy suavemente. El entreabría su boca, como plagiando mis muecas, y yo, sin dejar de mirarlo, seguí lamiéndolo. Toda su cabecita rodeada por mi lengua, reconociendo sus detalles. El marcado hueco de la cabeza donde se funde el prepucio. El orificio de su pene apuntando hacia atrás. El tamaño de su cabeza sutilmente mayor que el del tronco de su grueso pene. Poco a poco crecía y se endurecía aún un poquito más. Era momento de probar cuan profundo podía meterlo en mi boca, de modo que humedecí mis labios relamiéndolos, y como si fuera mi conchita, me lo tragué de a poquito, desde la puntita hasta la base del tronco de su pene. Mmm..., ahora si, estaba lista para dejarlo cogerme la boca! Me peine y llevé sus manos sobre mi cabellera, el me tomó con una envolvente maniobra. Balanceaba su calentura y su ternura de un maravilloso modo, mientras se movía dentro de mi boquita. Yo en cuclillas, con la espalda apoyada en el borde del colchón, comencé a masturbarme. Sintiendo mi boca llena de él, mirándonos y sintiéndolo así, tan ardiente para mi, la tensión de mis piernas, sus gemidos discretos, mis "emes" de boca llena, y ese ardor en el aire, me llevaron a un orgasmos explosivo, el jugo de mis genitales brotaba ruidoso entre las piernas de los dos, mis pies estaban apoyados sobre los de él de modo que le hacía sentir como los movimientos de caderas se trasmitían a través de toda la extensión de mis piernas. El me dejó terminar mi larga paja y sin acabar salió de mi boca. Me acostó en la cama, se acostó sobre mi costado izquierdo y mientras me besaba la boca, con sabor a él, me acarició la panza y la entrepierna untándome en mis propios jugos, en mi acabada.
Se puso un forro y volvió a lamerme antes de entrar en mi....mmm... Ya habrá tiempo de contar con detalle sobre ESA boca!
"Metémela despacito, quiero sentirla toda" le dije, y mi dulce morocho me complació, penetrándome con tanta pausa, que me puso a pleno otra vez. Cuando terminó de entrar, el roce de sus huevos en mis genitales sumó más aún a mi calentura. Se movió dentro de mí apoyado en sus manos con los brazos extendidos de forma tal que nuestros torsos separados nos permitían vernos, y ver los movimientos de la penetración. Sus brazos, bronceados y tatuados, mis tetas bamboleándose con el ritmo de la penetración.
"Te quiero dar en cuatro" me dijo, y esta ardiente morocha lo complació. Yo también quería verlo, ahí, así como antes, la imagen de mi en cuatro con el chupándome la cocha me había volado la mente, quería mas de eso, pero con la gloriosa sensación de su pija adentro. Y así fue.
Otra vez la imagen del contraluz de la ventana, solo que esta vez me arrojaba su cuerpo de perfil, con su pene erguido, una daga lista para clavarse en mi cueva. Puede ver como se fundía dentro de mí. Mmm... Que delicia! Por fin!
Note que él se esforzaba por detenerse, por no acabar prontito, y como ardía a la vez. Así, aún estando en esta posición de sumisión, tomé las riendas, le dije "dame una leche rápida, después te saco otra" y comencé a moverme, a envestirlo, ayudada por mi mano izquierda apoyada en la pared, me empujaba hacia atrás, engulléndolo cada vez mas y mas y mas...Ahhh... su boca se abría dejando escapar calladamente esta bocal de placer. Sus manos en mis glúteos, se endurecieron, quedando sus dedos tensos, como paralizados por el placer del orgasmo. Yo estaba calentísima, podría haberme tocado para acabar junto con él, pero estaba concentradísima en mirarlo, y en deslecharlo con mis envestidas de caderas. El se retiró y los dos colgamos nuestras cabezas hacia adelante para descansar un momento. El se apoyó sobre mí, y yo sobre una almohada, y a través del hueco entre mis piernas pude ver su pene aún tenso con el forro cargadísimo de leche, abundante y blanca leche, producto de tanta pasión. Segundos después, casi sin cambiar de posición, los dos de rodillas en la cama, yo entre sus piernas y sus brazos, con mi espalda apoyada en su pecho, mi cola, rozando su pubis, mis muslos en contacto con los de él, girando mi cabeza para besar su boca. Su mano derecha sosteniendo mi pecho izquierdo, y su mano izquierda, amasando mi concha, mis labios externos, mi clítoris caliente, la entrada de mi vagina.
"Metéme un dedo" pedí, y mirando su mano, descubrí que también sus dedos eran corpulentos como él. Se metió dentro mío con su dedo anular, y con la almohadilla de la base de su dedo gordo, frotaba mi clítoris dándome un placer completo y total. Pero era tanta mi excitación que ya no podía aguantar ni un segundo mas sin acabar, el ahí, detrás mío, con la leche caliente todavía, y la transpiración aún húmeda en su piel. Asíque con mi mano izquierda, tomé la de él, haciéndome un espacio para colar mis dedos índice y mayor de mi mano derecha sobre mi clítoris. Empecé a fregarme, calurosa y enérgicamente, mientras el se movía dentro con su mano y forzaba la entrada contra la resistencia de mi mano izquierda que lo tironeaba hacia afuera, para no perder el preciado y apretado lugar que necesitaban mis deditos para pajear mi clítoris.
Estaba tan a punto... la velocidad de mi mano derecha era descontrolada, parecía que en cualquier memento iba a prender un fuego, y así fue, ya que para desatar todo ese ardor, tomé su mano, y usándola como si fuera un sex - toy, la empecé a clavar con violencia dentro mío. Golpeaban sus dedos en mi vagina apretando mi punto G, y su palma en mis labios externos e internos y en mi clítoris un desaforo de circulitos vigorosos y apretados de mi mano, hicieron que la contracción de mi vagina llegara una vez más, y el fuego + fuego: es agua. Empecé a emanar mis líquidos con la misma furia e intensidad que esta masturbación conjunta ameritaba. Y mi leche dulce y fluida brotaba de mí, como un volcán escupiendo su lava, derramándose sobre su mano, sobre la mía, y sobre la cama. "Ahhh! no pares, no pares, dame más" gritaba yo desbordada, y el ciclo se repitió a lo largo de unos minutos entre infinitesimales pausas y la contracción orgásmica de todo mí ser. Que espiral envolvente, mi cocha apretándose, supurando sus jugos, mientras la tensión desde mis rodillas hasta la coyuntura de mis caderas me favorecía para mi delicioso e intenso orgasmo. Su mano mojada de mi, percibiendo desde adentro mío la apretada sensación.
"Así, así, no te vayas, quedate. Si, quietito, pero no salgas...Ufff..."
Ahora si nos recostamos, dispuestos a relajarnos un momento.
Pero los besos no cesaron, ni las caricias, ni el deseo, mas le daba, mas quería y él también.
Luego de una ducha rápida, volvimos al cuarto, y me abrazo desde atrás. El toallón que me envolvía cayó al suelo, quedando un poco trabado en su camino por nuestros cuerpos en contacto.
El infaltable espejo lateral del telo, mostrando nuestros cuerpos hechos a medida. La talla perfecta combinada de ambos, para conjugarse dando el largo justo de sus brazos y sobre mi abdomen, los huesos de mis caderas, mi monte de Venus. Su pene erecto, rozando mis genitales, o alojándose entre mis glúteos, para que yo lo masajee al contraer mis nalgas. Su boca, a la altura de mi nuca, mis orejas, y el comienzo de mi espalda también, al encorvarme un poco.
Seguí el camino del toallón, y como si el fuese una pared, me deslicé, de espaldas como me encontraba, sobre su cuerpo, hasta quedar de cuclillas en el piso. El separó un poco sus piernas, y flexionó levemente sus piernas, quedando un poco volcado hacia adelante, facilitando la pose.
Yo bajé mis rodillas al suelo para quedar en equilibrio y me arqueé hacia atrás, para poner su pene en mi boca. Con los brazos hacia arriba y hacia atrás y mis manos agarradas a sus glúteos y sus muslos, me sostenía. Al traccionar mis brazos, su pija se clavaba mas profunda en mi boca.
La cabeza colgando hacia atrás, me recordaba esas duchas relajantes después de una caminata, donde uno deja caer su cabeza bajo la lluvia, para que el agua bañe el rostro, lave la sal, refresque los ojos y moje la boca.
Así estaba yo, de rodillas, arqueada hacia atrás, comiéndome su sexo, cuan profundo como podía, mientras el se movía para meterse dentro. Me cogía la boca. Se tiraba hacia adelante más y más, para llegar más adentro. Tanto se inclinó, que su mano derecha, quedó a la altura de mi vagina, que ardiente y lubricada, le dio abrigo una vez más. Me quemaba la cabeza, imaginar como me vería él desde arriba, como una ternerita hambrienta mamando deseosa y eufórica esa ubre masculina a fin de obtener por fin su leche. Encima su mano masturbándome, al mismo ritmo que su pija entraba en mi boca, sus dedos índice y mayor de la mano derecha se hundían en mi, con la curvatura necesaria para pasearse desde la sensible parte externa de mi clítoris, hasta la rugosa y tensa parte interna (mi punto G). Mis rodillas estaban incrustadas en el suelo, resistiendo el oleaje vigoroso de nuestras caderas. El toallón, que seguía en el piso, comenzó a mojarse y a absorber mi acabada, mientras yo acababa, mi boca se llenaba de su pija, y como no podía hablar, le pedía mas y mas entre "emes de ternerita mugiendo" y la presión de mis manos en sus glúteos, para que siguiera. Que explosión!!!! Esta vez sí que bañé sus manos, mi jugo caliente, explotaba contra su mano, que al estar desde arriba, con los dedos semi curvos penetrándome, formaba como un cuenco, donde parte del líquido quedaba contenido algunos instantes, y luego desbordaba como splash por mi pubis rasurado cuando su palma chocaba contra éste. Yo regando esa toalla y el listo para regar mi boca. Mientras mi orgasmo se aquietaba, el de él comenzaba. Su pija contrayéndose para expulsar su tan ansiada leche. Descolgué una de mis manos de su glúteo para ayudarlo a acabar, para sentirlo con la mano, fregando su glande contra la punta de mi lengua, para que el pudiera ver como me la bañaba. Y así fue, soltó su néctar sobre mi lengüita, mojándola más aún, por la posición la leche desbordó de los labios hacia mi mentón y mi cuello, dejándome una barba blanca, una chiva...no tan tentadora como la de él, pero bella al fin. Me limpié con la misma toalla, que recientemente albergaba mi squirt. Nos volcamos en la cama. Nos fuimos calmando, entre caricias y besos. La respiración se pausó también.
Podríamos haber seguido, si el maldito timbre del telo, no nos hubiera alertado de que era hora de partir. Que el día todavía estaba recién llegando a la mitad, que la semana andaba también en sus comienzos, etc., etc.
"Que nos vuelva a encontrar el destino" fue la despedida acordada.
Cada vez que paso por ahí, mi estomago se ciñe, mi corazón se acelera y espero que los astros y nuestro magnetismo se vuelvan a conjugar. Con-jugar.



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