Club nocturno, velas, vinos, copas, jarrones con flores y la pequeña banda en vivo (bajo, saxo y batería) tocando para todos....o tal vez solo para mi!
No se si fue el efecto del alcohol, la luz tenue, o la mismísima música la que me llevó a imaginar la abundancia de sensaciones que podría experimentar si mi fantasía pudiera concretarse.
En principio me inundó la idea del movimiento que generaba en mi cuerpo la música, y luego la imagen de mi cuerpo desnudo mutando mágicamente a instrumento musical.
Como tal, solo podría emanar mi melodía siendo tocada, ejecutada.
El bajista sin duda con sus dedos largos, fuertes y precisos, sabría exprimir de mis genitales el elixir del placer. Haciéndolos vibrar sobre mi clítoris al igual que lo hacía sobre las gruesas cuerdas de su bajo, para sacar densas y sonoras notas. Recorriéndome con sus yemas la longitud de mis piernas, el carnoso contorno de mis labios, mis nalgas, mi nuca e incansablemente mi clítoris, aplicando presión y a veces golpeteos.
El baterista, poseedor de la habilidad de independizar sus extremidades para operar divisiblemente, los pedales del charleston y bombo, y los palillos sobre el charleston, platillos y redoblante, podría ofrecerme un sinfín de estímulos. Tal vez montarme en su falda mientras él moviendo sus piernas frota mis genitales, con una mano amaza mis pechos y con la otra captura mi melena negra. O bien, podría apretar mis glúteos contra su cuerpo obligándome a rozar mi pubis en su abdomen, en su palo erecto mientras con su otra mano hunde en mi boca sus dedos.
El saxofonista, de cuerdas vocales mudas, pero boca activa y digna de ejecutar penetrantes melodías, sin duda abocaría sus dotes a la exploración oral de mi sexo. Desde ya, además de lamerme, lo imagino, soplando aire frío y caliente en mis labios vaginales humedecidos previamente por su saliva. O tal vez, utilizando su amplia capacidad pulmonar, para hundir su rostro en mi entrepierna, con la nariz clavada en mi clítoris y la lengua endurecida en mi interior. Sin respirar. Cogiéndome con su boca, mientras con sus inquietos dedos recorre mi busto, abdomen y glúteos erizando mi piel.
Ahhh, pero la imaginación es tan traviesa y libre que me descubro pensando que no debería limitarme a ese goce individual, tratándose de una banda compuesta de 3!
Mi mente, productora de imágenes, me arroja un destello ardiente de mi ser, en el centro de la escena, rodeada por estos apasionados músicos "tocándome".
Ya no es cada uno por su cuenta, sino como banda, como grupo, como equipo, aunados para extraerme los mejores acordes.
En mi amplia espalda el baterista eriza mis vellos con las escobillas, escapándose eventualmente hacia mis pechos y mis nalgas.
En el camino formado desde mi boca, cuello, clavículas, esternón, abdomen, ombligo, pubis y nacimiento de la vagina; los dedos del bajista.
En mi entrepierna, cara interna de muslos, pliegues de rodilla, pliegues de ingles, pliegues de la carne tibia de mi vagina; la boca del saxofonista.
Sin duda ellos también están desnudos, con sus miembros tan erectos y duros, aún sin haberse tocado. Fundidos los 4 en la música de sonidos corpóreos. Los chasquidos húmedos de saliva y mieles, las fricciones, inhalaciones y exhalaciones fuertes, gemidos suaves, suspiros esporádicos, latidos del corazón que se observan sobre la piel de mi abdomen, como si fuera la vibración que queda en el parche de un tambor, la cual perdura aún después que el estímulo del golpa a terminado.
Y el ritmo es tan armónico y la melodía suena tan, tan, tan bien, que el desenlace orgásmico colectivo es inminente, y cuando comienzo a acabar con descontrolados gritos que no puedo callar, sus leches comienzan a brotar de sus rígidos penes para mi! Con tanta euforia emana su sémen de sus miembros, como los gritos de mi garganta!
Escucho aplausos.
La banda terminó de tocar.
Abro lo ojos.
Uf, vuelvo al mundo de lo real. Club nocturno, velas, vinos, copas, jarrones con flores y la pequeña banda en vivo...
FIN
No se si fue el efecto del alcohol, la luz tenue, o la mismísima música la que me llevó a imaginar la abundancia de sensaciones que podría experimentar si mi fantasía pudiera concretarse.
En principio me inundó la idea del movimiento que generaba en mi cuerpo la música, y luego la imagen de mi cuerpo desnudo mutando mágicamente a instrumento musical.
Como tal, solo podría emanar mi melodía siendo tocada, ejecutada.
El bajista sin duda con sus dedos largos, fuertes y precisos, sabría exprimir de mis genitales el elixir del placer. Haciéndolos vibrar sobre mi clítoris al igual que lo hacía sobre las gruesas cuerdas de su bajo, para sacar densas y sonoras notas. Recorriéndome con sus yemas la longitud de mis piernas, el carnoso contorno de mis labios, mis nalgas, mi nuca e incansablemente mi clítoris, aplicando presión y a veces golpeteos.
El baterista, poseedor de la habilidad de independizar sus extremidades para operar divisiblemente, los pedales del charleston y bombo, y los palillos sobre el charleston, platillos y redoblante, podría ofrecerme un sinfín de estímulos. Tal vez montarme en su falda mientras él moviendo sus piernas frota mis genitales, con una mano amaza mis pechos y con la otra captura mi melena negra. O bien, podría apretar mis glúteos contra su cuerpo obligándome a rozar mi pubis en su abdomen, en su palo erecto mientras con su otra mano hunde en mi boca sus dedos.
El saxofonista, de cuerdas vocales mudas, pero boca activa y digna de ejecutar penetrantes melodías, sin duda abocaría sus dotes a la exploración oral de mi sexo. Desde ya, además de lamerme, lo imagino, soplando aire frío y caliente en mis labios vaginales humedecidos previamente por su saliva. O tal vez, utilizando su amplia capacidad pulmonar, para hundir su rostro en mi entrepierna, con la nariz clavada en mi clítoris y la lengua endurecida en mi interior. Sin respirar. Cogiéndome con su boca, mientras con sus inquietos dedos recorre mi busto, abdomen y glúteos erizando mi piel.
Ahhh, pero la imaginación es tan traviesa y libre que me descubro pensando que no debería limitarme a ese goce individual, tratándose de una banda compuesta de 3!
Mi mente, productora de imágenes, me arroja un destello ardiente de mi ser, en el centro de la escena, rodeada por estos apasionados músicos "tocándome".
Ya no es cada uno por su cuenta, sino como banda, como grupo, como equipo, aunados para extraerme los mejores acordes.
En mi amplia espalda el baterista eriza mis vellos con las escobillas, escapándose eventualmente hacia mis pechos y mis nalgas.
En el camino formado desde mi boca, cuello, clavículas, esternón, abdomen, ombligo, pubis y nacimiento de la vagina; los dedos del bajista.
En mi entrepierna, cara interna de muslos, pliegues de rodilla, pliegues de ingles, pliegues de la carne tibia de mi vagina; la boca del saxofonista.
Sin duda ellos también están desnudos, con sus miembros tan erectos y duros, aún sin haberse tocado. Fundidos los 4 en la música de sonidos corpóreos. Los chasquidos húmedos de saliva y mieles, las fricciones, inhalaciones y exhalaciones fuertes, gemidos suaves, suspiros esporádicos, latidos del corazón que se observan sobre la piel de mi abdomen, como si fuera la vibración que queda en el parche de un tambor, la cual perdura aún después que el estímulo del golpa a terminado.
Y el ritmo es tan armónico y la melodía suena tan, tan, tan bien, que el desenlace orgásmico colectivo es inminente, y cuando comienzo a acabar con descontrolados gritos que no puedo callar, sus leches comienzan a brotar de sus rígidos penes para mi! Con tanta euforia emana su sémen de sus miembros, como los gritos de mi garganta!
Escucho aplausos.
La banda terminó de tocar.
Abro lo ojos.
Uf, vuelvo al mundo de lo real. Club nocturno, velas, vinos, copas, jarrones con flores y la pequeña banda en vivo...
FIN





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