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viernes, 19 de junio de 2009

FUNDIENDO CHOCOLATE

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Decía una vieja propaganda de Chocolate Águila: "-De chiquito comía chocolate". El orador, un negro tan oscuro y brillante como el producto publicitado, sostenía en su mano su fotografía de niño donde su pelo dorado y su tez blanca como la leche daban cuenta de cuan fanático era este señor del delicioso chocolate amargo, que lo había transformado!


DICHO ESTO, una morocha argentina como yo, no puede evitar pensar que tal vez la causa de mi tez morena, de mi pelo negro, de mis ojos marrones oscuros de pequeñas y profundas pupilas negras, sea el chocolate. Para aquellos que leyeron mis otros cuentos, habrán notado las no tan metafóricas referencias de "mis pezones como botones de chocolate" y "mis oscuros labios vaginales"...

P.D. 2: Tofi y Ferrero Rocher, allí les va en mi cuento un chivo gratis!! es mas, gracias a Uds!!!


FUNDIENDO CHOCOLATE

Tendido sobre mi cama, tu cuerpo desnudo reposaba tranquilo. Tu respiración pausada, tus ojos cerrados. Dispuesto a recibir. Tarea difícil para un "dador" como vos!
Yo sentada contra los almohadones en la pared, espalda erguida, piernas cruzadas en posición de loto, con tu cabeza recostada entre mis talones y genitales, como en una cuna.
Tenía planeado obsequiarte unos tiernos masajes, y como pensaba tomarme mi tiempo decidí que iba a aprovechar ese tiempo para fundir chocolate.
Tomé un bocadito de Ferrero Rocher, lo partí con mis dientes, y coloqué todos los pedacitos sobre tu cuerpo, en una línea desde tu pecho a tu pubis. Algunos trocitos, duros y con crocante de almendra tardarían mas en derretirse, mientras que aquellos con la mousse blanda, ya untaron tu piel con el primer contacto, y tuve que contenerme para no lanzarme en ese momento con mi lengua sobre ellos. Seguramente mis intensiones se develaron con la sonrisa pícara que generó en mí ese pensamiento. Prefería esperar, y que la temperatura de tu cuerpo obrara sobre tan sabrosa golosina.
Y fue sabio esperar. Luego de un rato de masajear tu cuero cabelludo, tus brazos y acariciar tu rostro, delimitando cada contorno, palpando cada textura con la suavidad o la firmeza apropiada a cada segmento de tu rostro, note que había llegado el momento propicio de degustarte, y de quitarte tu cobertura de chocolate con mi lengua. Fue sabio esperar. El chocolate estaba "fundido a tu piel" y " fundido en tu piel", en los 2 sentidos posibles, en parte por derretido y además parecía haberse unido a tu piel. Esta fusión, me obligó a lamer a chupar a sorber mas dedicadamente cada parte.
Comencé con el primer pedacito de tu pecho, desde mi posición de sentada con piernas en loto, arqueando mi espalda hacia adelante. Y en esa misma pose, volví a tu boca, aún con chocolate en ella, para que lo probaras de mi boca. Sabía tan rico para los 2!
Para acceder a los siguientes pedacitos, tuve que ponerme de rodillas, con las manos apoyadas en tus costados, como en 4 patas, rumbo a un 69. En el camino de Hansell y Gretel (que en lugar de migas de pan tenía migajas chocolatosas) mis pechos se untaron con un resto de chocolate del tuyo mal extraído, diría que a propósito. Continué bajando hasta tu abdomen, y quedó así mi busto endulzado a tu alcance, el cual comiste sin dudar. Como además de tu ombligo estaba allí, la avellana del corazón del bombón, me detuve un rato a disfrutar de la dupla de pasión, entre el sabor cuasi amargo de la fruta seca, con el sensacional placer de mis tetas en tu boca.
Ya no quedaba rastro del chocolate amargo, ni en tu cuerpo ni en mi boca, de modo que mi siguiente parada, sería obligadamente tu pene, que me esperaba erguido y latiendo.
Estabas delicioso, pero a pesar de encontrarme yo lamiendo tus genitales, me sentía egoísta, porque vos casi no habías tocado el chocolate, claro que el amargo es mi preferido y el tuyo es el blanco.
Para remediar esta preocupación, sin sacar tu bastón de carne dura de mi boca, tanteé sobre la mesita de luz, una barrita de Tofi Blanco (la que tiene el corazón de dulce de leche). Le saqué el papel, la olí, y con mi mano izquierda, la coloque sobre mis genitales, rozando los bordes, para tentarte a que me la metieras y me endulzaras el interior con ella. Después te la pase, para que fueras vos quien jugase. Me sorprendió escuchar que la partías, separando los pedacitos, porque en mi fantasía, vos me penetrabas con ella, y luego la chupabas y la volvías a meter hasta que se derritiera toda. Pero mayor fue mi sorpresa cuando con tus dedos empujaste uno de los pedacitos, introduciéndolo en mi vagina, tan profundo que se perdió dentro mío, y sin duda alguna se iba a derretir rápidamente con el calor en ascenso de mi hoguera carnal.
Ahora era tu turno, ir al rescate del bombón extraviado, y como un oso hormiguero, hundiste tu trompa en mi acolchaditos labios y con tu larga lengua hurgaste en mi interior, podía oír tus declamaciones de placer. Sentía como habías pescado el bombón y como jugabas con él paseándolo desde la cavidad de tu boca a la cavidad de mi ser.
Más sabroso que todos los sonidos, fue cuando te escuche decir:
"-Nada mas rico que tu conchita con chocolate, y más aún cuando salió el dulce de leche, mmm!!!"
Ahora, era el momento propicio para sacarte a vos, tu dulce leche y mezclarla con mis mieles genitales. Me di vuelta, te bese y se mezclaron las salivas mutuas y el azúcar. Mientras sobre tu pene se encastraba mi vagina. Te cabalgue despacito, y después mas rápido, y después mas intenso y después mas ardiente y fogoso. Hasta que aquello que empezó como fundición de chocolate terminó siéndolo de nuestros cuerpos, de nuestras respiraciones y finalmente de nuestros orgasmos. El mío llego primero, y la contracción de mi vagina en tu pene, desenlazo el tuyo.
Así de dulces y fundidos nos dormimos.




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