
Esta mañana justo me desperté pensando en como me caliento mal, cuando te pinta esa paja antes de dormir la siesta. De cuando yo me depilaba las cejas en la cama y vos "mi chiquito" te pajeabas caliente, intranquilo, casi desesperado y urgido, entre mis piernas.
Me acordaba de la sensación de mi clítoris erguido, duro,
levantándose entre tus labios como un pequeñísima trompa de elefante.
De la sensación, del orgasmo
en camino. De las glándulas cargadas de squirt, y de las ganas de someterte a
mis necesidades, abusando de tu desesperada necesidad de acabarte antes de
dormir.
De ese rol de adolescente inquieto, de puber inexperto,
que te sale tan bien aún a tus cuarenta y tantos...
De mí rol de "niñera perversa" que te hace dormir dándote la teta, dándote la leche, pero no la de mis pechos sino la de mi vagina.
Me acordaba de que esta vez, no paré, sino que te hundí la cabeza. Que no me importó si te atragantabas, sólo quería que no dejaras ni una gota. Mi chiquito, obediente, calladito (aunque dejando escapar gemiditos suaves), te tomaste todo. O casi, porque cuando me levanté para sentarme en esa pija que estabas puliendo desde hacía rato para mí, una correada de squirt mezclado con mi lubricación, se cayo en tu hombro.
Además también me acuerdo de todo el resto, pero podría saltaerme la cogida y llegar hasta el final donde me gemías: "Quiero acabarme ya" y de cómo las gotas de tu leche brotaron del hoyito de tu verga.
Como buena niñera, usé mi lengua, tenía que dejarte limpito para que durmieras.
Me acordaba de que esta vez, no paré, sino que te hundí la cabeza. Que no me importó si te atragantabas, sólo quería que no dejaras ni una gota. Mi chiquito, obediente, calladito (aunque dejando escapar gemiditos suaves), te tomaste todo. O casi, porque cuando me levanté para sentarme en esa pija que estabas puliendo desde hacía rato para mí, una correada de squirt mezclado con mi lubricación, se cayo en tu hombro.
Además también me acuerdo de todo el resto, pero podría saltaerme la cogida y llegar hasta el final donde me gemías: "Quiero acabarme ya" y de cómo las gotas de tu leche brotaron del hoyito de tu verga.
Como buena niñera, usé mi lengua, tenía que dejarte limpito para que durmieras.
Hacía rato que no escribías (O que no cojías). Te extrañaba linda.!!
ResponderEliminarDe alguien que parece ser un lector frecuente...suponer que no escribo porq no cojo...es casi una falta de Fé! jajaja. Saludos al sr. anónimo. Gracias por volver al blog. NACAR
ResponderEliminarDespués de una segunda lectura me dispongo a comentar (bien sabe NACAR que la primer lectura me gusta disfrutarla y siempre está dedicada a tu honor con una rica y tranquila paja).
ResponderEliminarMe alegra volver a leer a La Mujer Alada, siempre. ¿Es este cuento nuevo o es una re-publicación de uno antiguo? La realidad no importa, los textos siempre que se leen por primera vez suceden en ese momento. Sabés que .G es un lector fanático de tus relatos y un crítico puntilloso, pero constructivo.
Tu imagen sola en la cama recordando esa caliente situación funciona como un flashback perfecto, donde uno logra identificarse con el personaje de "él" (característica fundante del arte porno), sintiendo cada aroma, temperatura y textura de esa niñera perversa y trabajadora... Me gustaría saber qué habrá pasado durante y después de ese flashback, de ese recuerdo. Por suerte, y esto hay que reconocérselo una vez más a la eximia escritora, siempre nos deja lugar a que explotemos nuestra imaginación.
.G