Foto: Esculturas de Baltazar Lobo. Mujer joven de rodillas. 1985-87. Madrid.
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DE RODILLAS
De rodillas me encuentro, desnuda en mi living, apoyada en 2 almohadones, los empeines de mis pies contactando el suelo. Gozando de masturbarme. Divagando en mis deseos y fantasías.
De rodillas abiertas, de piernas plegadas, de glúteos duros, de músculos fibrosos en tensión.
Frente a la estufa, que me abriga en este cuarto en invierno. Siento el calor de la calefacción.
Deberías ser vos, irradiando tu fuego sobre mi piel, bañando mis mejillas, mis pechos, mi ombligo. Desnudo te imagino, parado entre mis piernas, con tu miembro en mi boca.
De rodillas mi mano derecha friega mis genitales por fuera, para luego con apenas la yema del índice juguetear con mi clítoris hinchado por el roce previo.
Mi mano izquierda sostiene mis tetas, paseando mis pezones entre dedo y dedo, erectándolos, para luego sostenerlas por completo, amasarlas, apretujarlas y volver a sostenerlas decididamente.
Deberías ver vos, como acompañaría las envestidas de tu pene en mi boca con la penetración de mis dedos en la vagina. Deberías ver vos, como se deslizan mis dedos dentro de mí. En este lubricado canal.
De rodillas comienzo a moverme, hacia arriba y abajo, con la fuerza de mis largas piernas.
Deberías estar vos debajo de mí, para que te cabalgue y verme devorar con mi conchita tu pija mientras te monto. Deberías estar vos, viendo como me giro sobre tus caderas, para darte la espalda sin que dejes de penetrarme.
Giro mi cuerpo, para recrear la fantasía, apoyo una de mis manos en el suelo, mientras la otra no abandona mi interior, con su índice y anular y el mayor por fuera haciendo pequeños círculos en mi clítoris.
Deberías vos continuar allí entre mis piernas, para seguir usándote de montura, pero ahora sosteniendo tus pantorrillas inclinada hacia delante. Mostrándote mi cola, el arco de mi espalda y mi pelo, que como crines, cae mojado sobre mis hombros. Listos para ser tomados por tus manos para que los transformes en riendas. O que sigas el camino que estas mechas negras describen sobre mi espalda, y te deslices por ella hasta mis nalgas, mis caderas, mis ingles, y con la fuerza de tus poderosos brazos me claves sobre tu duro y ardiente pene. Me hagas incrustarme en vos.
Levantaría mi rostro y girando mi cabeza sobre mi hombro, espiaría tus gestos y te regalaría mi ojos calientes para animarte a que me tires cada vez más fuerte.
De rodillas imaginando tu poder sobre mí, me retuerzo como un gato, contrayendo y soltando mi abdomen y mi columna.
Vuelvo a erguirme y acaricio mi pelo, tirándolo suavemente hacia atrás. Luego más fuerte. Fregando sobre mi rostro mis manos, registrando con mi tacto como mis facciones se van transformando por la excitación.
Muerdo mis labios, me relamo, aprieto mi labio superior entre mi lengua y mis dientes, como si vos los succionaras. Chupo mi labio inferior, como si fuera mi clítoris atrapado en tu boca. Lo friego con mi lengua.
De rodillas gimo, pienso tu nombre, las cosas desenfrenadas que te he escuchado decirme y comienzan a escaparse los alaridos de placer.
Deberías escucharme vos, cuando lo grite, para devolverme como eco, mi propio nombre escapando entre tus gemidos ardientes.
De rodillas ya no cabalgo más, ni me retuerzo, ni me apoyo en otra cosa que mis rodillas. Porque estoy paralizándome en el placer del inminente orgasmo. Con los dedos mayor e índice de cada mano. Opero con tecnicismo, casi matemáticamente, sobre mis zonas erógenas más candentes. La izquierda vuelva a introducirse en mi vagina, apretando la carne contra el hueso, la textura rugosa de mi punto G, es alevosa. Lo estimulo más como haciendo llamamientos, lo aprieto, lo suelto, lo empujo hacia adentro.
Me corro un poquito, escaneando las misteriosas y secretas carnes, con sus texturas diversas. Vuelvo al punto G, que dispara bocanadas de energía con cada toque. La derecha, desde el comienzo de la exploración, friega el clítoris, impaciente, dando pequeñas sacudidas circulares, pequeñas pausas, caricias desde la punta a la base de los dedos para recorrer las partes externas de mi vagina en toda su extensión. Chocando de este forma con mi otra mano que estimula desde adentro.
Deberías vos, tan solo estar allí para observarme.
De rodillas combino los movimientos de mis manos: izquierda embiste – derecha sacude, izquierda vibra – derecha aprieta como si fueran pulsos o latidos, izquierda me abre de lado a lado con movimientos horizontales de alta intensidad – derecha se aplasta sobre mi clítoris con fuerza.
Deberías vos, masturbarte para mí. Ardiendo a la par mía, listo para explotar y derramar tu semen. Deberías pedirme: “Dámelo, dámelo, dámelo ya, dámelo bebé, lo quiero ahora!”
De rodillas te lo regalo. Con toda la furia y pasión acumuladas, entre gritos, contracciones, respiración que en forma conciente dirijo, por que sino perdida en el placer dejaría de respirar hasta asfixiarme. Siento apretados mis dedos izquierdos y estoy segura que están apunto de quemarse, mi vagina esta dura. Duro el clítoris como un botón hinchadísimo de goma. Duros mis labios vaginales, abiertos y tensos por la sangre que los llena. Ya estoy. Ya empezó. El espiral ascendente de delirio me invade. Ahhh! “es todo para vos, tomátelo todo bebé”.
Mis dedos ya no se queman por que como golpes de lluvia mi orgasmo los baña y endulza. Ohhh! Que delicia! Así, así, sigo, sigo, no para, el placer no me suelta, mis brazos traicioneros y cansados quieren abandonarme, acalambrarse. Pero, no. No voy a dejar que el cansancio me robe tan solo un segundo de placer. Sigo, sigo y sigo y el agua no deja de brotar y mi vagina tritura mis dedos. Estoy perdida, mareada, desorientada, hacer rato que grito y gimo, pero ya ni me escucho. Solo lo siento apretarse.
Mmmm saco despacito mis dedos y de a poco dejo de acariciarme por fuera, tomo conciencia de mi cuerpo. Me vuelco sobre el sillón, me envuelvo en una frazada, respirando profundo, el aire invadido con aromas sexuales, comienzo a relajarme. Ya no hay tensiones. Solté todo. Se va apagando el exterior. Se va aquietando el interior. Me duermo.
Deberías abrazarme…




Deberia ser yo... (Santiago)
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