BOQUIABIERTA
Cuando el Fellatio no es algo que se da, sino que se recibe.
Creía que me las sabía todas. Al menos sabía que te gustaba mucho que te la chupe. Pero ese día las cosas cambiaron y voy a decir que me dejaste boquiabierta y sorprendida cuando tomaste el mando.
Aunque hubiese tenido que decir, no habría podido articular palabra, ya que tu pija invadía mi boca.
Hacía meses o tal vez un año que no nos encamábamos, yo suponía que tal vez todo había quedado en el pasado. Una tarde que te encontré noté que ninguno de los dos podía sostener la mirada ni levantar los ojos del piso. Cuando nos saludamos supe que estabas tan nervioso como yo, porque temblabas. Te pedí un abrazo, y al sentirte junto a mi cuerpo, tu olor me invadió y deseé que vos también te metieras entero en mi cuerpo.
A pesar del deseo, me despedí amistosamente, no tenía tiempo y por sobre todo no esperaba encontrarte. Pero vos me asaltaste con un beso, tu lengua caliente y fogosa se incrustó en mi boca, me mojó los labios y me bombardeó el cerebro con recuerdos tan calientes, que mis genitales comenzaron a humedecerse desmesuradamente. Igual me fui. Pero la semilla de deseo que sembraste en mi boca, creció y creció durante 15 días. No podía más, cada mañana me despertaba pensando en llamarte e irte a buscar a donde fuera, necesitaba el calor de tu cuerpo para poder apagar el mío.
Esa mañana hasta elegí mi ropa interior, pensando en vos. Por un momento pensé en dejar para el azahar la suerte de encontrarte, pero minutos más tarde te estaba mandando un mensaje preguntándote si todavía querías verme. Resultó que estabas en Bs. As. bastante lejos, pero con ganas suficientes para esperar las 3 horas que tardaría en recorrer la distancia que nos separaba. Iba por la ruta a toda máquina contando los kilómetros, leyendo tus mensajes “Estoy ansioso” “Te voy a llenar de besos” “¿Por donde andás mi morocha?” “Te voy a tocar toda” etc. Lo que más me preocupaba de darme un palo, era que no iba a poder cojerte.
Pero todo llega, cruzando el puente, frente a la Shell, 154Km, te encontré. Estabas ahí parado al sol, al costado de la ruta. Cuando me saludaste a lo lejos, los latidos de mi corazón, se clavaron como puntadas en mi vagina.
Bajé del auto para saludarte, después de besarnos y manosearnos como dos pendejos de secundario, nos fuimos juntos unos kilómetros más hasta un telo.
Una vez adentro entre tocadas, besos, torpes arrancadas de ropa, lamidas y otras tantas manoseadas, te pusiste de cuchillas para darme sexo oral, me entregué un poquito, sin llegar a acabar, al delicioso placer que me daba tu boca, pero la mía también estaba hambrienta.
Entonces te pedí, casi te rogué que te abrieras los pantalones para mí. Estabas de pie y yo sentada al borde de la cama.
Te olí, te toqué y sentí tu carne caliente quemando el algodón de tu ropa interior.
Te agarré fuerte con mi mano, poniendo tu cabecita justo a la altura de mis labios, y te lamí. Sólo una vez.
Te miré y te pregunté irónicamente, si realmente querías que te la chupara.
“Cométela toda” fue tu respuesta, así que me la empecé a tragar despacito con los labios, mientras desde adentro con la lengua te saboreaba dando círculos sobre tu pegajoso glande.
No tenía ningún apuro, en realidad sí lo tenía, pero prefería aguantarme y probarte despacito para que ese placer de tenerte entre mis fauces durara mucho más que un instante. En eso sentí que me dabas unos bombazos fuertes y apresurados. Cuando me disponía a acostumbrarme a tu nuevo ritmo, me la sacaste de la boca. Te alejaste, luego te inclinaste sobre mí, con tus brazos me hiciste correr hacia el centro de la cama y me volviste a chupar. Me dijiste “Terminemos con esto”, y así lo hiciste. Me comiste la conchita con tanta sabiduría que no tuve más remedio que chorrearme en tu boca. Podría dar mil detalles de tus técnicas, pero eso requeriría su propio cuento. Sólo diré que mi squirt, se disparó impertinente en tu boca abierta y se chorreó por tu barba.
Ahora era mi turno de demostrarte mis habilidades. Quería darte la chupada del siglo. Así que sonreí cuando te subiste a la cama y te paraste en medio del colchón, quedando a la altura justa.
Yo quedé en cuatro patas, los espejos del telo nos rodeaban, podía ver tu espalda en uno y vos podías ver mi culo en el de la otra pared. Como su fuera un cachorrito lamí tu hueso, que se había puesto más rico y jugoso que antes. Una vez que te metiste dentro, empecé a sentirme cada vez más animal, más perra, más sucia y más hambrienta. Con tus movimientos dominabas la situación, me cogías la boca. Me la hundías hasta el fondo y después te salías, dejándome con ganas de más, con los labios entreabiertos y babeados. Con la lengua al borde, rozando mis dientes esperaba que me vuelvas a llenar la boca con tu pija. Estaba calladita, pero trataba de decirte con la mirada “Dame más, no vayas a dejarme así” “Por favor, metémela de nuevo” Vos me sostenías la cabeza y me la volvías a clavar, se te endurecía cada vez más. “Mmm, que rico, eso, eso quería”.Yo me enrosqué el cabello, armando como una colita de caballo con mi pelo y te pasé las riendas para que las usaras a tu antojo. Ahora en vez de salirte, dejándome con ansias, te empezaste a descontrolar y meter furioso. Yo me clavé con las manos en tu culo, te apretaba fuerte cada vez que me la embocabas bien atrás.
Me lagrimeaban los ojos por lo profundo de la penetración, pero igual te miraba.
Me costaba respirar, porque mi traquea se cerraba con los empujones de tu pija, pero igual podía inhalar y gemir entre mamadas.
Me tiraba el pelo, porque estabas perdiendo el control, pero no quería que me sueltes.
Te moviste, te clavaste, te hundiste. “Ahh. Sí , ya se viene, si, siii, esto va a explotar”. Yo estaba tan caliente que me empecé a pajear con toda la furia, cuando tus caderazos anticiparon el lechoso final, acabé como una loca, desbordándome de jugos en mi propia mano, mientras vos te derramabas en mi boca.
Seguías parado, con las piernas extendidas te volcaste hacia delante cuando tu leche empezó a salir. Dejaste de moverte, y fue esa quietud la que me permitió sentir como tu semen se abría paso dentro del tronco de tu pene, a través de mis labios. Yo empujaba con mi cabeza para acercarme más a tu pubis, y la leche no paraba de salir. Por la posición no podía tragarla, y fui sintiendo como se acumulaba en mi boca. Tu sumo blanco y abundante, brotaba como un manantial inagotable desde tus huevos a mi boca. Las mejillas hinchadas, cedieron tensión para darle espacio. Cuando saliste de mí, de mi boquita entreabierta, brotó otra vez, tu volcán de esperma, para pintarse en mi cara. Estábamos a mano, con las bocas llenas y chorreando.
Muy excitante y apasionado :)
ResponderEliminarGracias Sumo, es muy halagador que otro blogger del mundo erótico disfrute y comente en mi blog.
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