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viernes, 10 de enero de 2014

Cuento para un Tereré arrepentido.

Caliente entre sus manos aguarda ser consumido. 

Una vibrante sensación, desprende su calor, irradiando su entorno. 
Sutiles vapores emanando de su centro. 
Una invitación a la gratificación oral. 

El instante previo, no es menos importante. 
La preparación que anticipa ese encuentro entre los labios y el dulce manjar, es un ritual que varía según la prisa o el usuario. 

A algunos, les gusta tomarlo a solas. 
A otras, nos encanta compartirlo. Pasarlo de boca en boca, es una magia que nos une. 

Independientemente del acto solitario o grupal, el momento de beber es mágico y las sensaciones, solo se viven en la intimidad de la boca. 
La exacerbación de las papilas gustativas, el encuentro de sabores de saliva con otros jugos cálidos es mágica. 

Como todo lo intenso, como todo lo sabroso, cada instante se hace eterno. 
Cuando llega a los labios, hay una mezcla de sorpresa y deseo, si hierve demasiado es una reacción natural soplarlo. Y si está templado, es casi inevitable continuar tomándolo. 

Cuando el líquido ingresa a la boca, el sabor es fuerte, es más intenso si es nuevo, pero es más paladeable cuando su sabor es conocido, siempre se descubren nuevas notas de sabor. 

A veces, es largo, tan abundante que inunda la cavidades, y es necesario, tomar coraje y tragarlo sin pensarlo demasiado. 

El mate, sagrada infusión, Qué suerte ser argentina.

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