SABOR A MÍ.
…yo guardo tu sabor
pero tú llevas también
sabor a mí…
Tan cierto como este bolero, tan sabroso como el mismísimo recuerdo.
Estoy en mi cocina recreando en soledad, el recuerdo de tu forma de comer mi sexo. El aire está invadido con la explosión de feromonas que libera mi cuerpo, igual que ayer cuando quedaron impregnadas en el asiento de tu coche. Pero esta invasión de sentidos está incompleta, además de mi nariz, mi boca también quiere sentir.
Recuerdo tu cara con la luz entrecortada de las luces de la calle filtrándose a través de los vidrios polarizados.
Me toco y lo disfruto, pero extraño en mis papilas el sabor de tu boca, empapada con la mezcla de tu saliva y las mieles de mi pegajoso manjar.
Añoro ver el brillo sátiro de tus ojos escaneándome para pescarme en la expresión de desenfreno, la mordida de labios, el temblor involuntario de las piernas, el arqueo de la espalda, los gemidos frenados entre dedos que intentan ocultar lo que no puede enmascararse.
Deseo que tus dedos, lubricados en exceso se paseen por mi panza hasta guardarse en mi boca.
Me friego y me caliento más aún, pero no te tengo y hago trampa para proveerme en tu ausencia del sabor a mí que solés devolverme con besos.
Si me vieras, tal vez pensarías que lamo mis dedos para llevar saliva hasta mi clítoris y lubricarlo todavía un poco más, porque me puse así, caliente y chanchita una vez más. Supondrías tal vez que el objetivo es embadurnar mi vulva de tal forma que la humedad, que chorrea por exceso, moje más allá de los límites de mi vagina. La verdad, es que mi único objetivo es colectar con mis dedos ese gustito mío que tanto te gusta comer.
Me sacudo, me contraigo y me sigo mojando. Recuerdo a mi espectador, que fue también un soldado que peleó incansable agazapado en la trinchera de su propio coche, arrodillado en el piso del asiento del acompañante, explayando sus técnicas de placer entre mis piernas mega abiertas.
Empiezo a gotear. Mi squirt igual que ayer, aunque trate de frenarlo, se escapa. Hay más y más sabores. Hay sabor a orgasmo, sabor a prohibido. Son tan prohibidas mi paja de ahora como la chupada voraz que me regalaste hace apenas unas horas. Sabor a exhibicionismo, sabor a ser descubierta con las piernas desplegadas al máximo. Ayer el riesgo era el guardia del paseo ribereño mirando casualmente hacia el lado donde estábamos estacionados, hoy es la ventana de calle semi abierta dejando escapar esos mismos gemidos entrecortados. Tal vez un transeúnte pase y se detenga unos segundos a encender un cigarrillo , a escuchar unos instantes de intimidad ajena, tal como ayer el seguridad se paraba cerquita del coche a mandar un mensaje de texto y tal vez, sólo tal vez a espiar.
Mi cocina es más grande que el habitáculo de tu auto, pero el aire está igual de viciado. Mi lengua no tiene los aportes de la tuya, pero suben a ella a través de mi mano, esa mezcla agridulce de sal y miel, de lima y azúcar morena, de sudor azucarado.
Ni mi almohadón ni tu asiento deberían ser víctimas de la abundancia de mi squirt, pero hoy no tengo la lona verde sobre la que tomamos mate para absorber la mojada expresión de mi orgasmo. Miro y pienso, “cocina…cocina…”, y me traigo sin perder concentración un repasador a la entrepierna.
Con los segundos contados, atajo con la tela igual que vos ayer, ese disparo orgásmico que se libera caliente ignorando toda norma y toda regla.
Así quedo suspirando profundo por lo que no grité, inhalando la densidad del aire que rebosa de olor a mí.
Así me despido de tu recuerdo, saboreando entre mis dedos, esta cosita que tanto te gusta comer. Me retiro paladeando este intenso SABOR A MÍ.
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