Generalmente cuando salgo, prefiero ir a los pubs donde además de tomar un trago, se puede compartir una cerveza con los amigos, conocer gente nueva y charlar.
Pero esta noche de sábado, festejábamos el cumple de un amigo en un boliche, donde la música, el caos, el gentío y el ruido, explotaban.
Me gusta bailar, sin duda, es otra forma mas de sacar las energías al exterior, y dado que la madrugada empezaba a despuntar, el efecto del alcohol a amainar y la multitud a disiparse, solo eso restaba: seguir bailando y reír con los pocos amigos en pie.
En el vacío de ese sector de la pista, caían los últimos esperanzados de picar algo, y rebotaban contra el muro de desgano y negación que las chicas de aquel diverso grupo levantamos.
Inesperadamente, y sostengo, i.n.e.s.p.e.r.a.d.o. (ya que creo que cuanto menos se busca mas se encuentra) apareció un morocho, bien formado, de aspecto normal, algo musculoso, que sin apuro ni prisa, tiro cerca de mí unos pasos con onda y mucho ritmo.
Como seguía convencida de que lo único que podría obtener como final de esa noche era bailar, devolví con cadencia de caderas aquel meneo. Él me tendió su mano para invitarme a acompañarlo. Acepté.
Su mano, me remitía a ciertas características étnicas, este morochito, con algo de morenazo del caribe, tenía un marcado contraste de color entre la palma de su mano y su piel. Su pelo, no era mota, pero si fuertemente enrulado, una contextura física, que conforme fue pasando la noche, mostró ser más que “normal-atlético”, para ser un firme y tonificado cuerpazo. Y sus labios…me aturde en este instante la imagen que gravé mas tarde de su boca, cuando mojada por mi saliva, con la luz que lo bañaba desde la barra, iluminaba sus labios carnosos y brillantes. Dos almohaditas tibias, la de arriba casi indivisa, eran como dos lonjas esponjosas y sabrosas. Pienso en magdalenas recién horneadas, es mas, creo que podría olerlas en su boca.
Volviendo al comienzo, tomaba yo su mano para bailar con él. Acababa de encender un cigarrillo, por un rato intenté sostenerlo en la mano, pero preferí dejarlo caer, para tener ambas manos libres y poder soltarlo y volverlo a tomar, mientras el me llevaba y me seducía.
Al principio, miradas, ir y venir. Girar. Sostenerse las manos solo con el contacto de las palmas, mientras el pecho se unía y separaba al ritmo de la salsa. Coordinábamos nuestros pasos con una fluidez llamativa.
Una nueva pausa, distancia, miradas, manos. Roce de las yemas de los dedos. Tomarnos del rostro, de la orejas, de las nucas embebidas en sudor, mientras los torsos y pubis imantados se pegan. Otra subida de este tren al cielo. Al igual que en la montaña rusa, no se ven los rieles conductores y el suelo es algo virtual, porque lo que sostiene y empuja el ritmo de este juego o de este baile, está en el motor interno. Corazón de sangre caliente, que bombea, bocas que se hacen agua, pieles que brillan humedecidas por la transpiración dulce ya sin sal y cuerpos latiendo a ritmo.
En este parque de diversiones, nos convertimos en pulpos giratorios, 8 brazos cada uno; palpándonos armoniosamente las espaldas mutuas. Mi cintura. Sus brazos fuertes. Mis omóplatos. Sus pectorales duros. Los laterales de mi abdomen contorsionándose. Su nuca.
Estos tentáculos, que tan solo comenzaron por tocar y reconocer, se volvieron ventosas. Hambrientas ventosas succionando a la presa, las palmas y los dedos amasando y contrayéndose. Apretando las texturas. Sus manos en el nacimiento de mis glúteos impulsando mis movimientos, mis genitales rozando contra su pierna izquierda. Roce favorecido por su Jean y mi pollera. Y por la maravilla de no usar medias y tener apenas una fina tanguita colaless suave y fresca como la piel misma.
Caderas incrustadas entre sí, mientras el torso se separa y se vuelve a unir. El haciéndome poner mis manos en su cintura, yo bajando a tocar su muslo derecho, que se marca tenso por la semi flexión de las piernas. Nuevamente él dirige mi mano, esta vez, hacia el nacimiento de su pierna. Mmm..., que dura presencia me esperaba allí en el pliegue de su ingle. I.n.e.s.p.e.r.a.d.o. miembro turgente, que esplendoroso pujaba contra la base de la palma de mi mano, la cual yo movía excusada por el baile y la música. Una cinética de franeleo y fregamientos calurosos e incontenibles. En algún momento de esta odisea, las bocas se habían encontrado. Todo a su ritmo. Timing perfecto.
En un instante de conciencia del mundo exterior, buscando una pausa, un paño frío. Decidimos ir a la barra para anotar nuestros teléfonos. Solo dejamos de besarnos y bailar en el camino, porque al llegar a la otra punta (aislada estratégicamente de las miradas de mis amigos) volvimos a imantarnos.
Fue ahí, donde gravé la deliciosa imagen de sus labios, entreabiertos de dientes blancos, en los cuales además de mi lengua, metí mis dedos. Mientras el me succionaba suave pero sostenidamente mi labio inferior, yo comía del suyo superior el calor de sus besos.
Él de espaldas contra un pilar a borde de la barra, con su brazo izquierdo parcialmente apoyado en esta, me abrazaba y sostenía. A su vez, su cuerpo se convirtió en un pilar para mi, sobre el cual me arrojé. Soltando el peso de mi cuerpo sobre el de él y enroscando mi pierna izquierda sobre su rodilla derecha. Me pareció alevoso y la bajé, y él inmediatamente me tomo del muslo y me la volvió a subir, invitándome a quedarme, mientras me fregaba contra él y su bulto duro que empujaba en su pantalón.
¡Cuanto calor, cuantos besos, cuanta piel! ¡De parque de diversiones a deporte extremo! No había límite en el deseo de sentir mas adrenalina inundando las venas. Un bungy jumping sexual. Él me giró, dejándome contra la barra, arrinconada con la columna a mí derecha, y sus manos, tomando ventaja de no estar a la vista empezaron a escudriñar en la cintura de mi pollera, que tan dócil como yo, se abría sin resistencia al juego de sus manos. Se deslizaba por el elástico de mi colaless, y apoyaba la yema de sus dedos entre mis nalgas, mientras con su piernas izquierda, apoyada en un fierro bajo de la barra, se clavaba entre mis piernas. Yo apretaba mis muslos para sentir la fuerza de sus músculos y el devolvía mi maniobra, apretujando mi otra pierna entre la suyas.
Sus manos se paseaban desde mi pelo, mis mejillas y nuca, hasta los laterales de mi busto y su boca lamía mis clavículas. En el interior de mi mente, el besaba mis tetas y saboreaba mis pezones.
Yo, tocaba sus brazos, desde sus manos y antebrazos hasta sus bíceps y tríceps delineados. Después me hundí bajo su remera húmeda, para patinar en su espalda mojada y tibia, untándolo con mis dedos en su propio sudor. Como patinando en una tina de miel, las líneas de sus espalda me condujeron hasta el nacimiento de sus glúteos. Ufff...! Ese morocho! Ahí estaba el candor del caribe. Esa cola dura, redondeada y orgullosamente erguida…..Ah! que paraíso para mis manos.
Las suyas, no menos exploradoras, subieron por mi muslo, hasta albergarse en el tibio calor de mis genitales.
Algo que valoro de la experiencia de un hombre es como puede lograr el balance entre el vigor de su cuerpo y la pulsion de su calentura; y la suavidad y delicadeza de su toque. Este, sin duda era un claro ejemplo de ese equilibrio. De esa percepción de mi ser.
Entre su mano y mi clítoris, apenas la finura de la tela de mi ropa interior y mi pollera. Sobre la ropa sentía su deseo de invadir mi intimidad, de penetrarme. Y yo quería dejarlo entrar en mí. La música fuerte, no daba lugar a la charla, pero de igual modo las palabras hubieran sobrado. Estos cuerpos sincronizados desde el vamos, se escuchaban en medio de la turbulencia. Y fue así como su mano izquierda, abrió camino entre las tela primero y bajo los elásticos después hasta contactar ya sin interferencia mi vulva. Cálida como sus manos, y húmeda como nuestra piel, dio cabida a la punta de sus dedos, que pacientes y habilidosos se adentraron en mí.
El sonido era lo único que registraba del exterior, porque al abrir mis ojos solo podía ver losa suyos negros, sus dientes blancos y sus labios hinchados.
Mi sentido del tacto arrasaba con cualquier otro sentido, ya sea por como lo sentía con mis manos, que también acariciaban sus genitales y su pene duro, o por como lo percibía en mi interior. Seguí contrayendo mis piernas en torno a su muslo, y esto sumado a sus puntuales movimientos justitos en mi punto G, y a mi exorbitante calentura, me devolvieron a la cima de la montaña rusa, esta vez, la caída no seria al vacío sino a la contracción, al estallido, al furor del orgasmo. Una vez mas, ahora yo convertida en pulpo, comía a mi presa, la atrapaba como una ventosa, y lo digería dentro de mí. Los gemidos se desprendían de mi boca y morían en la confusión del ruido del tumulto. Sus dedos vibraban sobre mi clítoris y luego se hundían guiados por la lubricación. Se coló poco a poco y ahí siguió vibrando, moviéndose, presionándome. Mientras seguía succionando mi labio inferior, lamiendo mis labios como si besara mi conchita. Mis dedos se metían en su boca. El entreabría con su mano libre mis labios, con discreción. Posando su índice en la comisura. En nuestros pensamientos, era la cabeza de su pene la que rozaba mis labios abriéndose paso a la ardiente cavidad de mi boca. Estos flashes y su mano….Mmm… su mano…Todo aumentaba mi éxtasis. Calor, mucho calor. Ahhhh…! El manto de invisibilidad me dejo tocar la cumbre, mientras lamía su cuello y él me sostenía por la espalda y me atraía hacia sí, que fuerte, que intenso, corto, concentrado y devastador placer. Excitación al palo, exacerbada por lo inapropiado del lugar, por lo prohibido. Finalmente la tensión aminoró, los muslos se soltaron. Dejé de ser pulpo-laberinto-montaña rusa para volver a ser mujer normal. Él, aún sin liberar su carga, tomo distancia. Contuvo su deseo. Nos abrazamos, acomodé mi ropa, seguí bebiendo besos de su boca. Comenzamos a despedirnos, previo intercambio de teléfonos. O tal vez el azar nos juntará en otro baile, y sea en aquella ocasión él quien libere su néctar?
Habrá que seguir bailando para saberlo.

I'll be waiting...
ResponderEliminarnecesito ubicarte porfavor agregame a msn chimgao@hotmail.com
ResponderEliminargracias!!
un gusto hablar con chile =) y muy bien las intenciones de ser un generador de squirt! que bueno !
ResponderEliminarhola femme,
ResponderEliminarmi segunda esposa era squirt girl. multiorgásmica y muchísimo líquido en cada orgasmo. eso no se olvida fácil. ni siquiera en videos porno pude algo como lo de ella. me gustaría estar en contacto con vos para intercambiar relatos de experiencias
Muy buenooo!!!!!!!!
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