Dos amigas.
Una es gorda y robusta, algo retacona, sin ser petiza.
Por su carácter, sin embargo, se destaca en una fiesta sobresaliendo de entre
sus acompañantes. Debe ser por sus alhajas en plata y negro.
La otra es más delgada, y algo cabezona. Una personalidad
no tan avasalladora, al menos en el primer momento, cuando se presenta por
primera vez. No por ello menos importante, su presencia se suma compatiblemente
a la de la primera.
Ambas, forman un equipo excelente. Cuando bailan el mismo
vals, sus compases son perfectos, y se las ingenian armoniosamente para que su
vai-ven encaje aún en lugares pequeños.
La primera, no conoce la timidez, está siempre bien
dispuesta. Podría decirse que es bastante verborrágica, porque escupe todo
aquello que se le cruza por la cabeza, una y otra vez. Se viste de colores
contrastantes y a la vez combinados. Sus zapatos son casi negros, bien oscuros,
de cuero grueso con textura rugosa, como de cuero de vaca, pero de capellada,
sin pelos.
Su amiga, en cambio, usa unos zapatitos sobre pies más
pequeños, que tienen un divertido matiz de pelos oscuros y blancos, como de
zebra.
Las dos, tienen en su fisionomía, esa característica de
los deportistas: una musculatura tensa, colmada de venas que irrigan
torrentosas la demanda de oxígeno de sus usuarios de alto rendimiento.
La peticita coqueta, es de tez bastante morena, y habitúa
combinar su sombrero en la gama de los tostados con algún tinte morado.
La flaca en cambio, cuando sale de paseo, usa un sombrero
rojo y brillante como el charol.
Ambas se sonrojan y acaloran frente a estímulos similares.
Lo que pasa es que comparten intereses afines, son muy buenas amigas. Yo lo
supe muy bien, cuando esa noche, después de comer unas pizzas con sidra, me
invitaron a bailar con ellas. Tomarlas
de la mano es un acto cálido y agradable.
Perfumadas, con lo mejor de sí, y vestidas de fiesta, o más
bien desnudas, peladas y húmedas, estas dos fantásticas vergas, me agasajaron a
mí.
***
El bancario es el dueño de la primera pija, y el proveedor
de pistachos y frutas secas, es el
portador de la segunda.
¿Cómo llegamos al vai-ven de sus dos pijas al mismo
tiempo en mi boca? ¿Cómo lograron ese copás perfecto en pequeño y carnoso
espacio entre mis labios? Prometo intentar contar el paso a paso, pero es que
cuando me acuerdo, se me bloquea el cerebro y el recuerdo de la boca llena, con
las comisuras rozando los laterales duros y venosos de esas ricas vergas me
distrae. La suavidad de los glandes patinozos y lubricados, chocando contra mi
lengua que, dentro de la cavidad de mi boca, rebotaba de lado a lado como
pelota de ping pong, para acariciar y saborear a sus dos visitantes, me excita
tanto que me cuesta mantener la atención. Además, estando tan cerca, el aromita
de ambas me embriagaba. A pesar de ello, mantenía el equilibrio en cuclillas,
esquivando el charco en el piso que yo misma dejé antes, cuando el bancario me
cogía la concha sentado a mis espaldas y el vende nueces me daba su pija para
chupar a fondo. Charco consecuencia de mi orgasmo, que derramé sobre sus
voluminosos huevos negros rasurados, chorreando la silla y el suelo y por
supuesto saborizándole la verga que, después, como contaba me chupé acompañada
de su amiga, la otra verga.
Repito, intentaré contar el paso a paso, ¡Ah sí! ya me
acuerdo, me estaba cogiendo el vende nueces, yo de pie, inclinada hacia
adelante comiéndola la pija al bancario, y el parado por detrás agarrándome las
caderas y haciendo que con su movimiento mi boca se hundiera más y más hasta
chocar a fondo con la base de la pija del bancario. Qué bueno ver sus alhajas
de cerca, un piercing en el frenillo, que segundos después rasparía mi punto G,
poniéndome a estallar y a acabar mojándome toda. Claro, ya me acuerdo cómo
empezó todo, el anfitrión de la casa (el pistachero vende nueces de poronga
colorada y huevos peludos y canosos) fue por el helado a la cocina. En el
comedor me quedé con el bancario, me paré, me acerqué a su oído dejando mis
busto a la altura de su boca, le dije que tenía calor y sin titubear, bajó mi
blusa strapless y me empezó a besar las tetas, a chupar los pezones, que estaban
duritos y puntiagudos como queriendo escaparse.
Me puso bien
caliente, en eso escuchamos llegar al otro con el helado, pero seguimos en la
nuestra, el vende nueces volvió silencioso a la cocina a dejar el sambayón en
el freezer, para volver con las manos vacías y libres para la acción. El bancario
me bajó el shortcito, dejando a la vista mi culo, la colaless se perdía entre
mis nalgas, y luego la pija parada del pistachero también, porque cuando volvió
se sacó toda la ropa de toque y me vino a apoyar desde atrás, a besarme el
cuello, a tocarme las tetas que el otro me chupaba. La ropa de todos voló a la
mierda de toque.
Qué genial. Pero que difícil escribir este relato, que
cegado por la calentura es mas bien a lo Memento, sin respetar el orden
cronológico de los sucesos. Abusando del
caos literario, debo decir que me asalta
en este instante, otro delicioso recuerdo, de una paja A DOS MANOS, que tendré que detallar minuciosamente
en un próximo cuento.
Ah claro, como decía, antes de la doble chupada, me cogía
el vende nueces mientras yo chupaba al bancario
en la silla , y antes de empezar a acabar, quería invertirme de lado, para
cogerme el bancario en la silla de espaldas a él y chuparle la pija al vende
nueces. Quería sentir como cambiaba el movimiento. Si bien el piestachero
seguía cogíendome, ya no era la concha sino la boca. Sus embestidas se
proyectaban en el resto de mi cuerpo. Mientras yo seguía cabalgando al de abajo, como a los
saltos, incrustando mi cajeta en esa verga retacona. Así, así fue, como con un
orgasmos que había empezado a gotear en la verga del vende nueces, terminó de
estallar en la poronga del bancario, regándole todo.
Así fue también, que habiéndome dado el gusto de cogerme
a uno y chupar al otro y viceversa, quería completar mi fantasía y comerme al
unísono las dos vergas.
Ufff, y qué ricas estaban. Primero me salí de mi montura luego de acabar
furiosamente, y me puse de cuclillas. Agarré esas dos pijas duras, lubricadas
per sé y humedecidas extra por mí. Ya lo dije, qué cálido es tomarlas con la
mano, qué duras ambas se deslizaban entre mis dedos. Se escondían en el hueco
de la palma para volver a salir y mostrar sus sombreros. Sin lastimar, tiré un
poquito de la del vende nueces que seguía de pie, para que se acercara al
bancario que seguía sentado. Cuando estaban bastante cerca, además de pajearlos
a ambos, chupé un poquito a uno y después un poquito al otro. Paja a la
izquierda, boca a la derecha, de arriba abajo sobre esa verga en vertical cuyos
huevos reposaban en la silla. Paja a la derecha, boca a la izquierda de
adelante para atrás, comiéndome hasta los pelos de los huevos del que estaba de
pie a mí costado. Así y viceversa, y bis de la viceversa.
“Vení mas cerca” pedí al que estaba a la izquierda, “parate”
pedí al que estaba a mi derecha, “quiero las dos juntas por favor”, fue lo
último que puede decir. Instantes más
tarde, mi lengua ya no tenía más lugar que para moverse y relamer a las visitas
que llegaron profundas y de golpe al albergarse dentro de la cavidad de mis fauces.
El bancario se movia, y su arito del frenillo pasaba por mi labio inferior y después
chocaba suavecito contra mis dientes haciendo un ruidito metálico. El vende
nueces, estaba quieto, con la cabecita dentro de mi boca, limitado el borde de
su glande por mis labios y mi comisura izquierda, y disfrutando el movimiento
de mi mano que lo pajeaba. Pero yo quería que los dos me cogieran la boca, que
sus cabecitas atraparan a mi lengua entre medio, que si el tabique de carne de
mi baboso órgano se corría dejando de separlas, sus pijas se frotaran dentro
mío y a escondidas de ellos, me regalaran en secreto un momento de placer gay
entre estos dos tipazos heterosexuales, por cierto. Como no podía hablar, por
lo obvio de lo expuesto y porque es de mala educación hablar con la boca llena,
agarré de un glúteo al de la izquierda y lo empecé a mover adelante y atrás
para que también me cogiera la boca.
Ahhh! La dicha de una fantasía cumplida.
Ahhh! La libertad de hacer lo que se me dé la gana.
Qué desquicio de pijas desfigurándome la cara, que inyección
de sangre en las vergas y en mis ojos, que se entrecerraban de calientes, hasta
el límite de casi no dejarme ver. Mi pelo oscuro sacudiéndose, la nuca
transpirada. Los huevos cargándose de sémen.
Qué sabrosa toda esa carne, esa masculinidad en extremo,
toda para mí.
Ahhh! También la anarquía de este cuento, que si quisiera
cerrar ya, demandaría un final muy blanco y fluido.
Introducción, nudo y desenlace. Por ejemplo, un final que
describa en detalle, como sus leches se derramaron en mi boca y chorrearon por
mis tetas, haciendo pausa en el ombligo para después recorrer mis ingles hasta
mi concha, mojando los labios externos e internos de mi vulva. Pero no, eso no
puedo decirlo, porque no pasó. La noche duró mucho, yo acabé como diez veces, y
me aseguré de llevarme dos lechazos de cada uno de ellos. El bancario que es mi
pareja me los dio a pelo, uno en la concha y otro en la boca, el vende nueces
que es su amigo, se descargó uno en un forro dentro de mi concha y otro en mi
mano, después de que me lo montara de espaldas, mientras él reposaba en un
silloncito, dejándome servidos sus genitales entre los míos, los cuales pajeé haciendo
chocar mi mano y su verga contra mi concha, para sacarme otro polvo y chorreárselo
también en los huevos como al otro.
Equilibrio, dos para cada uno. Abundancia, todo para mí.
O como dice mi pareja: putita y golosa, porque me lleve toda
la leche que tenían para darme.

Impresionante relato!!! Tremenda excitación la que genera leerlo y releer cada línea. Imagino a tus palabras hechas carne, me sonrío, puedo verte, me caliento y disfruto por tu disfrute. Fantasía cumplida ¿y ahora qué? ¿ha saciado Nacar su deseo de abundacia o sólo fue el puntapié inicial para un deleite aún más exigente?
ResponderSuprimirJajaja, vale responder con preguntas? Si organizo un Gang Bang, te anotas?
ResponderSuprimirBesos G, gracias x comentar!
Vale responder con preguntas. De veras tenes planes de Gang Bang? cuando y dónde se arma? Obvio que me anoto, fantaseo con ver tus ojos brillando por estar cumpliendo tus fantasías.
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