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lunes 9 de enero de 2012

NO TAN DISTINTAS


        
Dos amigas.
Una es gorda y robusta, algo retacona, sin ser petiza. Por su carácter, sin embargo, se destaca en una fiesta sobresaliendo de entre sus acompañantes. Debe ser por sus alhajas en plata y negro.
La otra es más delgada, y algo cabezona. Una personalidad no tan avasalladora, al menos en el primer momento, cuando se presenta por primera vez. No por ello menos importante, su presencia se suma compatiblemente a la de la primera.
Ambas, forman un equipo excelente. Cuando bailan el mismo vals, sus compases son perfectos, y se las ingenian armoniosamente para que su vai-ven encaje aún en lugares pequeños.

La primera, no conoce la timidez, está siempre bien dispuesta. Podría decirse que es bastante verborrágica, porque escupe todo aquello que se le cruza por la cabeza, una y otra vez. Se viste de colores contrastantes y a la vez combinados. Sus zapatos son casi negros, bien oscuros, de cuero grueso con textura rugosa, como de cuero de vaca, pero de capellada, sin pelos.
Su amiga, en cambio, usa unos zapatitos sobre pies más pequeños, que tienen un divertido matiz de pelos oscuros y blancos, como de zebra.
Las dos, tienen en su fisionomía, esa característica de los deportistas: una musculatura tensa, colmada de venas que irrigan torrentosas la demanda de oxígeno de sus usuarios de alto rendimiento.

La peticita coqueta, es de tez bastante morena, y habitúa combinar su sombrero en la gama de los tostados con algún tinte morado.
La flaca en cambio, cuando sale de paseo, usa un sombrero rojo y brillante como el charol.
Ambas se sonrojan y acaloran frente a estímulos similares. Lo que pasa es que comparten intereses afines, son muy buenas amigas. Yo lo supe muy bien, cuando esa noche, después de comer unas pizzas con sidra, me invitaron a bailar con ellas.  Tomarlas de la mano es un acto cálido y agradable.

Perfumadas, con lo mejor de sí, y vestidas de fiesta, o más bien desnudas, peladas y húmedas, estas dos fantásticas vergas, me agasajaron a mí.


***
El bancario es el dueño de la primera pija, y el proveedor de pistachos y frutas secas,  es el portador de la segunda.

¿Cómo llegamos al vai-ven de sus dos pijas al mismo tiempo en mi boca? ¿Cómo lograron ese copás perfecto en pequeño y carnoso espacio entre mis labios? Prometo intentar contar el paso a paso, pero es que cuando me acuerdo, se me bloquea el cerebro y el recuerdo de la boca llena, con las comisuras rozando los laterales duros y venosos de esas ricas vergas me distrae. La suavidad de los glandes patinozos y lubricados, chocando contra mi lengua que, dentro de la cavidad de mi boca, rebotaba de lado a lado como pelota de ping pong, para acariciar y saborear a sus dos visitantes, me excita tanto que me cuesta mantener la atención. Además, estando tan cerca, el aromita de ambas me embriagaba. A pesar de ello, mantenía el equilibrio en cuclillas, esquivando el charco en el piso que yo misma dejé antes, cuando el bancario me cogía la concha sentado a mis espaldas y el vende nueces me daba su pija para chupar a fondo. Charco consecuencia de mi orgasmo, que derramé sobre sus voluminosos huevos negros rasurados, chorreando la silla y el suelo y por supuesto saborizándole la verga que, después, como contaba me chupé acompañada de su amiga, la otra verga.

Repito, intentaré contar el paso a paso, ¡Ah sí! ya me acuerdo, me estaba cogiendo el vende nueces, yo de pie, inclinada hacia adelante comiéndola la pija al bancario, y el parado por detrás agarrándome las caderas y haciendo que con su movimiento mi boca se hundiera más y más hasta chocar a fondo con la base de la pija del bancario. Qué bueno ver sus alhajas de cerca, un piercing en el frenillo, que segundos después rasparía mi punto G, poniéndome a estallar y a acabar mojándome toda. Claro, ya me acuerdo cómo empezó todo, el anfitrión de la casa (el pistachero vende nueces de poronga colorada y huevos peludos y canosos) fue por el helado a la cocina. En el comedor me quedé con el bancario, me paré, me acerqué a su oído dejando mis busto a la altura de su boca, le dije que tenía calor y sin titubear, bajó mi blusa strapless y me empezó a besar las tetas, a chupar los pezones, que estaban duritos y puntiagudos como queriendo escaparse.

 Me puso bien caliente, en eso escuchamos llegar al otro con el helado, pero seguimos en la nuestra, el vende nueces volvió silencioso a la cocina a dejar el sambayón en el freezer, para volver con las manos vacías y libres para la acción. El bancario me bajó el shortcito, dejando a la vista mi culo, la colaless se perdía entre mis nalgas, y luego la pija parada del pistachero también, porque cuando volvió se sacó toda la ropa de toque y me vino a apoyar desde atrás, a besarme el cuello, a tocarme las tetas que el otro me chupaba. La ropa de todos voló a la mierda de toque.

Qué genial. Pero que difícil escribir este relato, que cegado por la calentura es mas bien a lo Memento, sin respetar el orden cronológico de los sucesos.  Abusando del  caos literario, debo decir que me asalta en este instante, otro delicioso recuerdo, de una paja  A DOS MANOS, que tendré que detallar minuciosamente en un próximo cuento.

Ah claro, como decía, antes de la doble chupada, me cogía el vende nueces mientras  yo chupaba al bancario en la silla , y antes de empezar a acabar, quería invertirme de lado, para cogerme el bancario en la silla de espaldas a él y chuparle la pija al vende nueces. Quería sentir como cambiaba el movimiento. Si bien el piestachero seguía cogíendome, ya no era la concha sino la boca. Sus embestidas se proyectaban en el resto de mi cuerpo. Mientras  yo seguía cabalgando al de abajo, como a los saltos, incrustando mi cajeta en esa verga retacona. Así, así fue, como con un orgasmos que había empezado a gotear en la verga del vende nueces, terminó de estallar en la poronga del bancario, regándole todo.

Así fue también, que habiéndome dado el gusto de cogerme a uno y chupar al otro y viceversa, quería completar mi fantasía y comerme al unísono las dos vergas.
Ufff, y qué ricas estaban.  Primero me salí de mi montura luego de acabar furiosamente, y me puse de cuclillas. Agarré esas dos pijas duras, lubricadas per sé y humedecidas extra por mí. Ya lo dije, qué cálido es tomarlas con la mano, qué duras ambas se deslizaban entre mis dedos. Se escondían en el hueco de la palma para volver a salir y mostrar sus sombreros. Sin lastimar, tiré un poquito de la del vende nueces que seguía de pie, para que se acercara al bancario que seguía sentado. Cuando estaban bastante cerca, además de pajearlos a ambos, chupé un poquito a uno y después un poquito al otro. Paja a la izquierda, boca a la derecha, de arriba abajo sobre esa verga en vertical cuyos huevos reposaban en la silla. Paja a la derecha, boca a la izquierda de adelante para atrás, comiéndome hasta los pelos de los huevos del que estaba de pie a mí costado. Así y viceversa, y bis de la viceversa.

“Vení mas cerca” pedí al que estaba a la izquierda, “parate” pedí al que estaba a mi derecha, “quiero las dos juntas por favor”, fue lo último que puede decir.  Instantes más tarde, mi lengua ya no tenía más lugar que para moverse y relamer a las visitas que llegaron profundas y de golpe al albergarse dentro de la cavidad de mis fauces. El bancario se movia, y su arito del frenillo pasaba por mi labio inferior y después chocaba suavecito contra mis dientes haciendo un ruidito metálico. El vende nueces, estaba quieto, con la cabecita dentro de mi boca, limitado el borde de su glande por mis labios y mi comisura izquierda, y disfrutando el movimiento de mi mano que lo pajeaba. Pero yo quería que los dos me cogieran la boca, que sus cabecitas atraparan a mi lengua entre medio, que si el tabique de carne de mi baboso órgano se corría dejando de separlas, sus pijas se frotaran dentro mío y a escondidas de ellos, me regalaran en secreto un momento de placer gay entre estos dos tipazos heterosexuales, por cierto. Como no podía hablar, por lo obvio de lo expuesto y porque es de mala educación hablar con la boca llena, agarré de un glúteo al de la izquierda y lo empecé a mover adelante y atrás para que también me cogiera la boca.

Ahhh! La dicha de una fantasía cumplida.
Ahhh! La libertad de hacer lo que se me dé la gana.
Qué desquicio de pijas desfigurándome la cara, que inyección de sangre en las vergas y en mis ojos, que se entrecerraban de calientes, hasta el límite de casi no dejarme ver. Mi pelo oscuro sacudiéndose, la nuca transpirada. Los huevos cargándose de sémen.
Qué sabrosa toda esa carne, esa masculinidad en extremo, toda para mí.
Ahhh! También la anarquía de este cuento, que si quisiera cerrar ya, demandaría un final muy blanco y fluido.

Introducción, nudo y desenlace. Por ejemplo, un final que describa en detalle, como sus leches se derramaron en mi boca y chorrearon por mis tetas, haciendo pausa en el ombligo para después recorrer mis ingles hasta mi concha, mojando los labios externos e internos de mi vulva. Pero no, eso no puedo decirlo, porque no pasó. La noche duró mucho, yo acabé como diez veces, y me aseguré de llevarme dos lechazos de cada uno de ellos. El bancario que es mi pareja me los dio a pelo, uno en la concha y otro en la boca, el vende nueces que es su amigo, se descargó uno en un forro dentro de mi concha y otro en mi mano, después de que me lo montara de espaldas, mientras él reposaba en un silloncito, dejándome servidos sus genitales entre los míos, los cuales pajeé haciendo chocar mi mano y su verga contra mi concha, para sacarme otro polvo y chorreárselo también en los huevos como al otro.

Equilibrio, dos para cada uno. Abundancia, todo para mí.
O como dice mi pareja: putita y golosa, porque me lleve toda la leche que tenían para darme.



3 comentarios:

  1. Impresionante relato!!! Tremenda excitación la que genera leerlo y releer cada línea. Imagino a tus palabras hechas carne, me sonrío, puedo verte, me caliento y disfruto por tu disfrute. Fantasía cumplida ¿y ahora qué? ¿ha saciado Nacar su deseo de abundacia o sólo fue el puntapié inicial para un deleite aún más exigente?

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  2. Jajaja, vale responder con preguntas? Si organizo un Gang Bang, te anotas?
    Besos G, gracias x comentar!

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  3. Vale responder con preguntas. De veras tenes planes de Gang Bang? cuando y dónde se arma? Obvio que me anoto, fantaseo con ver tus ojos brillando por estar cumpliendo tus fantasías.

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