TOC TOC TOC, el sonido del golpe que sacudió la puerta,
me sacó del sueño profundo y reparador en el que estaba inmersa.
Saltamos de un susto en la cama los dos, y él preguntó
que pasaba en tono grave. El pibe que tocaba simplemente respondío:
- Venimos a hacer el chek out, señor. Ya son las seis.
La puta madre, como es posible que una dormidita post
polvo nos haya fundido de semejante manera. De 10 minutitos a una hora y media,
¿Qué pasó? ¿Y el último chapuzon, el baño, los bolsos, la despedida?
Bueno, tal vez fue la pileta, el asado, los paseos y el
polvazo en la bañera del día anterior. Culpables del cansancio, fueron esas
cogidas bien merecidas, festejando el encuentro después de atravesar una vez más
los 300Km que nos separan. Tal vez, era el acumulado del sol asesino con sus 30°C del verano. Aunque es más posible
que fuera causa del acumulado de calenturas exorcizadas, una y otra vez en el
sillón, en la cama, en el piso y en la mesada.
Tal vez, era la fuerza de nuestro primer trío la noche anterior, aunque
es más probable que me haya impactado más, la manera intensa en la que hicimos
el amor al volver.
Sea cual fuere el motivo, se acabó la reserva, y tuvimos
que armar los bolsos y retirar nuestras provisiones a las corridas y salir
volando. Metimos todo en el coche de él, apenas hubo tiempo para llenar un
termito para el mate. Me llevó frente a un laguito, donde charlamos, recordamos
algunas de las perlitas del finde y entre cebadas de mate y mimos en los pies
descalzos, nos fuimos despidiendo, pero sin prisa.
Yo tenía por delante el regreso a Bs. As., la recarga de
nafta, sacar el coche de su cochera, trasladar mis cosas y volver. Irme cuando
todavía tenía ganas de quedarme. Él tenía que bajar las provisiones que
sobraron en su casa, y una cena con amigos en el Centro de Rosario. Despedirse
de mí cuando aún tenía placeres para regalarme.
Terminados los detalles operativos, cerré el baúl después
de guardar mi bolso y le pedí que abriera las otras hojas de la puerta del
garaje para salir rumbo a casa. Tenía
que rajar, antes de que las ganas de anclarme a su lado me hicieran perder el
sano juicio y olvidar que el lunes, tanto en Santa Fé como en Buenos Aires se
trabaja. Le di un besito de adiós o más bien de hasta pronto y él me dijo:
- No te voy a dejar ir así.
- ¿Me vas a dar una cogidita de despedida?- Pregunté
entre besos, perdiendo mis labios entre tu barbita gris, y sintiendo el calor
de su lengua invadiendo mi boca.
- Claro que sí, dulce.
- ¿Y dónde va a ser?
- Vení acá atrás, abrí la tapa del baúl y sentate en el
borde.- Me indicó.
Cerró la puerta y acto seguido, sin dudarlo un segundo me
desnudé, sabía que en el encierro, en el arrebato del encuentro y la abundancia
de mi orgasmo el riesgo de mojar la ropa de viaje era alto. Él también se sacó
todo, y me fregaba en la pierna su pija que, estaba endureciéndose y
calentándose a toda velocidad. Caliente, muy caliente como siempre estaba su
verga. Yo, mojada, como un acto reflejo cada vez que su voz se suaviza, cuando
baja el volumen para ofrecerme un poquito más de su fervoroso sexo.
Doblé un toallón en el filo del baúl para no lastimarme y
me recosté hacia atrás, este finde le tocaba el estreno a mi auto, el capot de
del de él ya había tenido su estreno quince días atrás. Abrí mis piernas, las
levanté tocando con los pies el borde superior de la puerta trasera del coche,
él se paró entre medio y con su mano, agarro su pija y me la metió. Unos
minutos atrás estaba por irme de viaje y en ese momento estaba por irme
también, pero a mi climax. Invadida mi carne con la suya, invadidos mis
sentidos con su presencia. Él la sacaba y la volvía a meter agarrándola con su
mano. Después agarró mis pies y los colgó en sus hombros, y volcándome todo el
peso de su cuerpo empezó a cogerme tan profundo y tan intenso que yo ya no
podía aguantar más.
- Estoy por acabarte.- Le susurré entre gemidos, para
evitar que los vecinos nos escuchen.
- Dame todo.- Me dijo. Y con esa precisión que lo
caracteriza, me sacó la pija en el instante justo en que mi squirt explotó. Un
chorro fuerte, de alta presión se disparó de mi vagina sobre sus genitales. Me
la volvió a meter. Me dio otro tanto y otra vez, mi concha se contrajo con tal
furia que el agua brotó en un segundo chorro, más ruidoso, más placentero, más
distante que el anterior. Yo gemía, ya no sé si con el resguardo de no ser oída.
Él gemía también, anunciando su orgasmo.
-Todavía tengo uno más.- Le dije. Aunque no era
necesario, por lo bien que conoce mi cuerpo, mis sonidos, mi forma de
contraerme, de retorcerme, de hablarle y de pedirle.
- Dame tu leche cuando te de la mía.- Fue lo que pensé en
mi mente, tal vez sin llegar a pronunciarlo.
Me cogió un poquito más, y cuando por tercera vez, mi
explosión mojada brotó de mí, su explosión de semen me respondió.
Fusión de deseos, de orgasmos, de disfrute. Fusión de
leche y squirt. Fusión de hombre y de mujer. En el garaje de su casa, en el
baúl de mi auto, en el pequeño y ardiente cofrecito de mi cuerpo.
Qué suerte que, como dice Fito Paez, Rosario siempre
estuvo cerca.


Me gusta el estilo que manejas, una combinacion bastante interesante entre cariño y sexo, la combinacion perfecta en una relacion, en una plena, segun mi opinion, claro.
ResponderSuprimirGracias por invitarme a venir, saludos!