Páginas vistas en total

COPYRIGHT

Protected by Copyscape Duplicate Content Check

viernes 13 de enero de 2012

EN EL BAUL




TOC TOC TOC, el sonido del golpe que sacudió la puerta, me sacó del sueño profundo y reparador en el que estaba inmersa.
Saltamos de un susto en la cama los dos, y él preguntó que pasaba en tono grave. El pibe que tocaba simplemente respondío:
- Venimos a hacer el chek out, señor. Ya son las seis.

La puta madre, como es posible que una dormidita post polvo nos haya fundido de semejante manera. De 10 minutitos a una hora y media, ¿Qué pasó? ¿Y el último chapuzon, el baño, los bolsos, la despedida?
Bueno, tal vez fue la pileta, el asado, los paseos y el polvazo en la bañera del día anterior. Culpables del cansancio, fueron esas cogidas bien merecidas, festejando el encuentro después de atravesar una vez más los 300Km que nos separan. Tal vez, era el acumulado del sol asesino  con sus 30°C del verano. Aunque es más posible que fuera causa del acumulado de calenturas exorcizadas, una y otra vez en el sillón, en la cama, en el piso y en la mesada.  Tal vez, era la fuerza de nuestro primer trío la noche anterior, aunque es más probable que me haya impactado más, la manera intensa en la que hicimos el amor al volver.

Sea cual fuere el motivo, se acabó la reserva, y tuvimos que armar los bolsos y retirar nuestras provisiones a las corridas y salir volando. Metimos todo en el coche de él, apenas hubo tiempo para llenar un termito para el mate. Me llevó frente a un laguito, donde charlamos, recordamos algunas de las perlitas del finde y entre cebadas de mate y mimos en los pies descalzos, nos fuimos despidiendo, pero sin prisa.

Yo tenía por delante el regreso a Bs. As., la recarga de nafta, sacar el coche de su cochera, trasladar mis cosas y volver. Irme cuando todavía tenía ganas de quedarme. Él tenía que bajar las provisiones que sobraron en su casa, y una cena con amigos en el Centro de Rosario. Despedirse de mí cuando aún tenía placeres para regalarme.

Terminados los detalles operativos, cerré el baúl después de guardar mi bolso y le pedí que abriera las otras hojas de la puerta del garaje para salir rumbo a casa.  Tenía que rajar, antes de que las ganas de anclarme a su lado me hicieran perder el sano juicio y olvidar que el lunes, tanto en Santa Fé como en Buenos Aires se trabaja. Le di un besito de adiós o más bien de hasta pronto y él me dijo:
- No te voy a dejar ir así.
- ¿Me vas a dar una cogidita de despedida?- Pregunté entre besos, perdiendo mis labios entre tu barbita gris, y sintiendo el calor de su lengua invadiendo mi boca.
- Claro que sí, dulce.
- ¿Y dónde va a ser?
- Vení acá atrás, abrí la tapa del baúl y sentate en el borde.- Me indicó.
Cerró la puerta y acto seguido, sin dudarlo un segundo me desnudé, sabía que en el encierro, en el arrebato del encuentro y la abundancia de mi orgasmo el riesgo de mojar la ropa de viaje era alto. Él también se sacó todo, y me fregaba en la pierna su pija que, estaba endureciéndose y calentándose a toda velocidad. Caliente, muy caliente como siempre estaba su verga. Yo, mojada, como un acto reflejo cada vez que su voz se suaviza, cuando baja el volumen para ofrecerme un poquito más de su fervoroso sexo.

Doblé un toallón en el filo del baúl para no lastimarme y me recosté hacia atrás, este finde le tocaba el estreno a mi auto, el capot de del de él ya había tenido su estreno quince días atrás. Abrí mis piernas, las levanté tocando con los pies el borde superior de la puerta trasera del coche, él se paró entre medio y con su mano, agarro su pija y me la metió. Unos minutos atrás estaba por irme de viaje y en ese momento estaba por irme también, pero a mi climax. Invadida mi carne con la suya, invadidos mis sentidos con su presencia. Él la sacaba y la volvía a meter agarrándola con su mano. Después agarró mis pies y los colgó en sus hombros, y volcándome todo el peso de su cuerpo empezó a cogerme tan profundo y tan intenso que yo ya no podía aguantar más.
- Estoy por acabarte.- Le susurré entre gemidos, para evitar que los vecinos nos escuchen.
- Dame todo.- Me dijo. Y con esa precisión que lo caracteriza, me sacó la pija en el instante justo en que mi squirt explotó. Un chorro fuerte, de alta presión se disparó de mi vagina sobre sus genitales. Me la volvió a meter. Me dio otro tanto y otra vez, mi concha se contrajo con tal furia que el agua brotó en un segundo chorro, más ruidoso, más placentero, más distante que el anterior. Yo gemía, ya no sé si con el resguardo de no ser oída. Él gemía también, anunciando su orgasmo.

-Todavía tengo uno más.- Le dije. Aunque no era necesario, por lo bien que conoce mi cuerpo, mis sonidos, mi forma de contraerme, de retorcerme, de hablarle y de pedirle.
- Dame tu leche cuando te de la mía.- Fue lo que pensé en mi mente, tal vez sin llegar a pronunciarlo.
Me cogió un poquito más, y cuando por tercera vez, mi explosión mojada brotó de mí, su explosión de semen me respondió.

Fusión de deseos, de orgasmos, de disfrute. Fusión de leche y squirt. Fusión de hombre y de mujer. En el garaje de su casa, en el baúl de mi auto, en el pequeño y ardiente cofrecito de mi cuerpo.
Qué suerte que, como dice Fito Paez, Rosario siempre estuvo cerca. 

1 comentarios:

  1. Me gusta el estilo que manejas, una combinacion bastante interesante entre cariño y sexo, la combinacion perfecta en una relacion, en una plena, segun mi opinion, claro.

    Gracias por invitarme a venir, saludos!

    ResponderSuprimir