De todas las cosas que se anhelan para la navidad, creo
que el regalo, y la sorpresa, se sacó de la lista para Papá Noel de los adultos
hace rato. Tal vez desde que nos enteramos que no existía, por causa de la
declaración de verdades mal intencionada de algún hermano mayor. Por suerte,
todavía quedamos unos cuantos con la capacidad de sorprendernos, de alegrarnos
con lo básico como una buena parrillada en una esquina, un pan con chimichurri
o salsa criolla, después de una muestra
de arte en Palermo y por qué no también, de un inesperado y sabroso pijazo
navideño.
Hacía días, creo que como diez, que me sentía como una
gata en celo, con ganas de encontrar el momento y a la persona arriesgada,
calentona y liberal capaz de raptarme un rato de mi trajín cotidiano para darme
un poco de sexo y exprimirme algún orgasmo a fuerza de potentes y desenfrenados
porongazos. Ya lo sé, suena un poco brusco, tal vez algo grotesco, pero no
puedo mentirme, era así.
Llega el fin de año y las ofertas a brindis y paseos rondan
en el aire. Estas épocas del año generan un agite general en la gente, y
digamos que, entre los que se embriagan hasta el coma, los que se disparan agobiados
de tantos gorros rojos con pompones blancos y los que gozan de las pequeñas
alegrías, me gusta estar entre los últimos. Un gran amigo, que me conecta con
lo artístico, me invitó a la fiesta de fin de año en su local de arte y allí
fui. Escultura en movimiento de hielo, Daikiri congelado derritiéndose bajo un
chorro caliente de ron para beber con pajita en un copón comunitario, pinturas,
vitreaux, dibujos, lámparas de vidrios de colores y otras bellezas para los
ojos, el gusto y el tacto se exhibían ahí.
Los ojos y el tacto, sobre esto fue la charla entablé con
uno de los expositores, tal vez sin premeditarlo, la punta del ovillo que nos
condujo a enroscarnos después. Hubo un momento en que me agarró de los hombros arrastrándome
a un costado de la sala. Fue un acto impulsivo que me hizo pensar que era capaz
de besarme y tal vez de cogerme ahí mismo, en medio de la gente, en ese
instante. “Es que veo algo lindo, y no puedo evitar tocarlo. Es que aunque me
atrape su color, me llama la atención la textura” dije. Ahora que repaso nuestra conversación, veo con
claridad como esto era una invitación al placer, al menos para alguien, que también
como yo, es desinhibido y no duda en expresar aquello que quiere. Minutos más tarde
me pidió que le convide de mi gaseosa y yo le pasé la botellita. El sugirió que
no soltara la pajita, y sosteniendo mi mano entre la suya y el envase de la
bebida, agarró la punta del sorbete con su lengua lamiendo alevosamente mis
dedos. Me hizo reír, con su descaro y frescura,
se inclinó sobre mí poniendo su oreja muy cerca de mi boca. Recuerdo que dije
algo, mas por ganas de rozarlo con mis labios que por el contenido en si mismo
de la frase. El respondió: “Así es más rico, ¿no?” y volvió a tomar metiéndome
otro lengüetazo entre los dedos, más caliente y provocador que el anterior. Un
segundo después me dijo “Vení, esto es ahora”. Nos cruzamos en frente, atrás de una gran
camioneta que nos escondía de la mirada de los otros festejantes, no así del
inmenso ventanal del gimnasio de al lado, donde unos flacos practicaban artes
marciales. Cuando pregunté si estar en vidriera de esa gente no lo inhibía, me
beso, me tocó el culo, me apretó contra él haciéndome apoyarlo con mis tetas y
me dijo que tenía su auto ahí nomás. Yo
había dejado mi cartera y me teléfono en el local, pero como el momento era
ese, me subí a su coche sin poner demasiadas excusas.
El camino era corto, y el coche con los vidrios nada
polarizados fue el habitáculo donde se desarrolló la previa. Unas tocadas bajo
la pollera, una chupada de pija durante el manejo, unas chupadas de tetas en un
semáforo y el dedo mayor de él que se metió en mi argolla, forzado por mi mano.
Todo esto me puso en la puerta de un orgasmo. Un orgasmo que evité porque no
quería mojar su tapizado.
Llegamos a su estudio y después de un pis de ambos y de
la respectiva lavada de partes, seguimos con su mamada inconclusa. Yo todavía
sentada en el inodoro y él frente a mí con las bermudas en los tobillos y la
remera levantada. El bañito era pequeño y yo quería jugar en el amplio espacio
de su estudio. Me saqué la ropa en el camino, el hizo lo propio y me subí a una
tarima para que me comiera la concha después de sus tan prometedoras lamidas y
tocadas. Después de chuparme un poquito
dijo: “Bajate, vamos al sillón”. Allá en
el fondo, en uno de los varios sillones del lugar, me sorprendió con su
entrega. Se puso de espaldas e inclinándose hacia adelante, me ofreció su rico
y pomposo culo. Unas nalgas redondas, muy redondas y abultadas, casi como dos
borlas navideñas, enmarcaban su culito depilado y semiabierto que clamaba por
mi lengua. No lo dudé, me arrodillé en el piso y me aboqué a lamerlo mientras
me masturbaba. Él se pajeaba también, y yo de a ratos pasaba mi mano libre para
el frente de su cuerpo para masturbarlo también mientras le comía su sabroso
culito. Acabé un poquito y mi agüita salpicó sutilmente el suelo. Él me
observaba entre sus piernas y viendo mi eyaculación mojar el piso me dijo: “Te
estás acabando todo, hija de puta”.
Esa escena me mató, me partió el cerebro, pero su pija
que ahora estaba terriblemente dura, era una textura que además de tocar quería
hundir en mi boca. “Sentate de frente” le indiqué. Cuando lo tuve ahí, me monté
sobre su pantorrilla izquierda, y me pajeé contra el hueso de su pierna
mientras lo chupaba. No dejé de lado sus huevos, también depilados, ni su orto.
Mi dedo ensalivado se metía en él, regalándome con cada penetración una verga más
parada y rica. Sentir el poder de las yemas mis dedos dentro suyo me calentó
tanto que volví a acabar, esta vez más abundante, regándole sin frenos su
pierna. “Ahora sí te estoy acabando todo” le dije. La cosa fluía de 10, él tenía el forro a punto
para ponérselo, pero yo lo quería chupar un ratito más. Me sentía alegre y
deportiva, así que le pedí que se quedara así sentado y me subí al sillón, poniéndome
cabeza abajo, como haciendo una vertical, sosteniéndome con una mano en el piso
entre sus pies y la otra anclándome entre su espalda y el respaldo del sillón.
Con mi cabeza colgando entre sus piernas, tenía más a tiro sus huevos y mi
concha estaba muy cerca de su rostro como en un 69. Él subió su brazo entre mis
gambas para tocarme, y no se con cuál ni con cuántos de sus dedos, se metió en
mi orto de modo tal que al mover su mano, su palma chocaba ruidosa contra mi vulva
duplicando el placer.
Después de un rato, ya no dábamos más y nos fuimos a una
escalerita caracol para que por fin me cogiera. Me arrodillé en uno de los
escalones quedando en cuatro, siguiendo su pedido y me agarré de las columnas de
la baranda para sostenerme. Me la puso de una, otra vez el sonido sumándose a
la experiencia, le pedí más. Más fuerte, más ruidoso, más profundo. Mientras
satisfacía mis demandas, mi concha se empezó a apretar una vez más, con tal
fuerza que mis músculos lo empujaban hacia afuera. Con tal fuerza que mi
orgasmo nos mojó una vez más. Me siguió
dando, muy caliente, y le pedí que me metiera un dedo en el orto, que se tocara
la pija a través de mi carne, y así fue. Una gota de saliva cayó desde su boca
hasta mi ano y atrás le siguió uno de sus dedos.
A metros, estaba el lugar cerca del baño donde había
comenzado la acción. Me la sacó, se sacó el forro y nos fuimos hacia allá. Yo
me senté en le piso, con la espalda reclinada y la cabeza contra la pared el vino de frente a darme su pija, para que
se la terminara de chupar. Le di dos lamidas pero lo pedí que se volviera a
poner de espaldas, quería volver a la escena del comienzo, quería otra vez hundirle
yo mi carne, la de mi lengua, para hacerlo acabar. “Date vuelta, dame ese culito,
vení acá”, todo me lo concedió. Saqué mi lengua con fuerza, para abrirme paso
entre la dureza de sus glúteos tan perfectos. Me colgué con mi mano izquierda
de su muslo para no caerme, me pajeé con mi mano derecha, para volver a acabar.
“Ahora tenés el show de frente, mírame bien porque este es el último y va a ser
fatal”. Yo me chorreaba en el piso
mientras el gemía, me cogía la lengua con su delicioso culito y se pajeaba
vigoroso hasta llegar al final. Yo intercalaba entre su culo y su pija; estaba
chupándole los huevos cuando su leche se empezó a derramar. Bañó todo mi
cuello, mi pecho y mi pansa.
La imagen era fantástica, toda la tensión de sus
músculos, la línea de la raya de su culo que se extendía a través de su espalda
hasta su nuca, sus testículos colgando y la firmeza de su poronga aún sin
amainar. Sus piernas abiertas, sus muslos contraídos, sus pantorrillas como
columnas y sus pies enmarcando mis piernas abiertas y extendidas en el suelo.
El brillo de su leche en mi piel, decorando mi torso y el brillo de mi leche en
el piso, decorando el estudio. Un beso carnoso para cerrar tanta euforia, un
poco de limpieza de las zonas inertes de la sala y una ducha rápida de las
zonas aún latientes de nuestros cuerpos. Muy alegres y satisfechos nos vestimos.
Cerramos el estudio, subimos al auto y volvimos a la
fiesta. Después ya saben, fotos grupales, brindis, parrillada en una esquinita
de Palermo, buena charla, linda gente y una noche pre navideña para recordar.
Felicidades.


Parece que el regalito de navidad llegó nomás, transformado en pijazo esta vez. Sabemos que Papá Noel no fue el artifice de todo esto, pero el famoso "espíritu navideño" del cual el Gran Santa es parte, despierta las ganas de festejar, de brindar y por qué no de disfrutar de un buen polvazo sorpresivo. Nacar, el Gardel de los teclados, del encendido de la fantasía y de la paja de los lectores, es tuyo una vez más. Feliz año! ojalá el 2012 esté lleno de nuevas y calientes historias.
ResponderSuprimirG.
(donde dice G. debe leerse..... Punto G)
ResponderSuprimirjaja, entonces es un Fe de Herratas de la firma que debió decir ".G" en lugar de "G."
ResponderSuprimirGracias por las aclaraciones y los comentarios =)
bueno, ahora que no trabajamos mas juntos, te digo que a veces(como con este relato)me calentas mucho, sobre todo porque a medida que leo te voy imaginando(el problema (o no) de conocerte)!!!el blog esta cada vez mejor, besos por montones(donde mas te guste....
ResponderSuprimirNo te enojes! es que el anonimato a veces es excitante... para que te des una idea compartimos muchos mates sobre una mesada en esas mateadas me contaste del blog en secretoque todavia mantengo!) besos
ResponderSuprimir