NOTA A LOS LECTORES: en Argentina, no tenemos una palabra única como en España para referirnos al "lavabo", le decimos, lavatorio de mano, o pileta del baño, por esta causa me permití la licencia de usar una palabra "no nativa" porque me gustaba la síntesis de ésta.
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Agotada de placer robado
incesantemente por tu majestuosa forma de hacerme gozar en cuerpo y alma. Estamos en la habitación al costada de la cama. Yo, tirada
en la alfombra, entre tus piernas rígidas como columnas, que te sostienen de pie
sobre mí. Tengo las nalgas contra el piso, mojadas con los vestigios de mis
recientes orgasmos.
Mi espalda y cabeza, se
encuentran arrinconadas contra la pared, bajo la ventana. Tu pecho y tu abdomen
desnudos, están iluminados por el sol que se cuela entre las cortinas. Rendida
bajo tu prominente y expuesta masculinidad.
Tu pene erecto es una vara
de carne caliente, venosa que se irgue y late cada vez más. Tus dedos forman un
anillo que lo envuelve y lo recorre haciendo que se endurezca más y más. Yo estoy,
con mis manos apenas tocando tus pies, sometida, indigna de tocar o de lamer
siquiera partes más nobles. Mujer objeto que te observa y te desea, y no deja
de mirar.
Te hablo incesante: “Mostrame
esa paja. ¿Así te la hacés? ¿Vas a seguir sólo? Me gusta, es como espiar. Me
parece que esa pija, está un poco seca”
Estiro mi lengua, con mi
rostro desde abajo, cercano a tus huevos, pero no la llego a tocar. Antes de
que llegue a lamerte, te veo humedecer tus dedos y ensalivártela por tu cuenta,
sin dejarme participar.
Tu egocentrismo casi déspota
me calienta, tengo la sensación de que te comportas como si estuvieras solo, en
el baño de tu casa, como si la ventana fuera el espejo donde te mirás cada
mañana, como si mi rostro fuera tan solo la pileta del lavatorio donde te higienizás las manos y dejás el agua pasar.
Mirando hacia arriba, en
primer plano el detalle de tu verga, que conozco de memoria aún con los ojos
cerrados. Un poquito más arriba tu mano que se desliza y de a ratos se agita para
darte placer. Más allá, fuera de foco, tu torso y tu rostro. Tus ojos redondos
y profundos, no sé a dónde miran, si tu paja o mi cara. Es difícil deducirlo
porque ambas están muy cerca.
Sabés que no estás solo,
salvo que creas que mis palabras son un pensamiento tuyo, perverso y
desinhibido, que llega a tus oídos como una voz en off. Volvés a mojarla con tu
saliva, rozás la punta con la yema de tus dedos, mientras con la otra mano la
bajás un poco acercándola a mi rostro, para hacérmela desear más. Lo
suficientemente cerca y lo necesariamente lejos, para que no pueda tocarla.
Pero sí, la veo. Pero sí, la
huelo. Sin duda quiero verla explotar y sentirla salpicando en mi rostro. No
quiero tomarla, no quiero tragarla, sería muy pretencioso de mi parte, guardar
sólo para mí esa leche.
Te pregunto: “¿Dónde me la
vas a dar?”
Te lo pido: “La quiero en la
cara”
Te lo exijo: “Esa leche es
mía, la quiero en la frente, en la nariz, en los ojos y en la boca”
Me complazco, cuando un
borbotón de leche, se desborda del hoyito de tu verga, salpicando mis mejillas.
Densa blanca y pesada, sigue saliendo. Un chorrito termina por fortuna en mis
labios, me relamo. Mis manos se incrustan en la tensión de tus pantorrillas y
mis oídos al igual que mi rostro se bañan, no de semen sino de tus gemidos.


Cita: EL SEXO ES SUCIO,GUÁRDALO PARA ALGUIEN A QUIEN AMES" de Esther Perel, del libro "Inteligencia erótica"
ResponderSuprimirme gusta nacar.. y tu comentario tambien,deliciosa como siempre
ResponderSuprimirManu S, que lindo q sigas leyendome y disfrutando. Cariños.
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