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martes 16 de agosto de 2011

TU PERRA




Empezó hace unos encuentros atrás, yo robé tu cinto y te lo enrosqué en la pija para poder lamértela. Después vos me envolviste la cintura dejando una punta libre en mi espalda, poniéndome en cuatro me cogiste desde atrás tironeando de la correa de tu cinto para envestirme con más fuerza.

La idea quedó picando en mi cabeza, quería ser tu perra.

Llegó el ansiado día de nuestro encuentro y fui dispuesta. Me encargué de llevarme al telo una cadenita de plata colgando en mi cuello, con un largo extremo que caía entre mis tetas. Tan sólo eso era mi collar, como las cadenas de ahorque de los perros. En extremo enhebrado en una argolla, que al tirar aprieta.

Lo bueno es que siempre te prendés a mis juegos. Creo que antes que la cadena, viste mis zapatos de tacos y el brillo de la seda violeta de mi corpiño. Creo también, que antes de someterme, te pedí que te desnudaras para verme bailar para vos.

Cumplí mi promesa de empalarte la verga, a punto de estallar, aún antes de tocarla. Esta vez, no te di el beso en la boca que solemos darnos antes de matarnos en el cuarto. Tampoco te dejé tocarme, mientras la música de streep tease sonaba de fondo. Casi al final del tema, me puse cerca para que con tu boca deshicieras los nudos de mi tanga. Pero minutos más tarde, el show había terminado y te encargaste pronto de sacarme las poquitas prendas que me quedaban. Me chupaste un poco las tetas, pero yo seguía en difícil y te pedí que volvieras a la cama.

Sólo me quedé con los tacos y la cadena. Vos estabas acostado, con la cabeza levantada por las almohadas y las piernas separadas. Todo tu paquete se mostraba de oferta y, ¡yo adoro las liquidaciones!

Me acerqué, hundí mi lengua en tu boca, y ambos recorrimos nuestros labios, me agarraste por fin de la cadena y tirando levemente hacia abajo, me dijiste: “Comete esto perrita”. Me bajaste derechito hasta tu verga. Abrí mi boca, y aunque me hubiera gustado saborearla primero, la metí toda, bien adentro. No hacía falta decirlo, desde ese momento, ya no mandaba más yo. Después de un ratito me la sacaste, y diciendo: “¡Quietita ahí!”, me dejaste de rodillas en la cama y te paraste en el suelo a mi costado.

Mi vulva estaba ya hinchada y lubricada, pero vos igual, te embadurnaste la mano de saliva y después me la fregaste por la concha. Te inclinaste un poco, me lamiste las tetas, con esa boca gloriosa que tenés, me succionaste los pezones que se te regalaban en punta. Estabas a mi izquierda, yo aún de rodillas, tu mano derecha por mi espalda, me acaricio la espalda descendiendo hasta mi cola, frenando entre las nalgas, apretándome los glúteos. La derecha me masturbaba, y después subía a mojarme las tetas con esa mezcla caliente de saliva y lubricación. Tu boca se metía en la mía, y tu verga me apuntaba, pero no me la dabas. La perrita caliente, tenía que resistir y dejarse hacer. No fue difícil, porque sabés tan bien donde tocar, y reconocer los sonidos ahogados de mi vagina que me sacás el agua de toque con un par de sacudones. Cómo me haces gemir, cómo sabés que después del primero al momento quiero más. Cómo te gusta dar.

Me pusiste en cuatro patas, y ahí mismo donde estabas parado al borde de la cama, me metiste la pija. Mi carne aún estaba ardiendo a pesar de la mojada acabada. Te escuché decir: “Cómo muerde esa conchita”, y sin duda, todavía estaba apretadísima por la biaba que le habías suministrado.

Como en ese momento el que mandaba eras vos, la sacaste, me la hiciste desear. La fregaste por toda mi vulva, mi ano y mi perineo. Lo golpeteaste entre mis nalgas, y después me la diste otra deliciosa vez.

Yo también te conozco bien, sé que cuando te metés a fondo, la leche se te hierve y se quiere desbordar. Sé que querés darme y también esperar, que te gusta que te queme la verga con mi carne caliente. Sé que cuando llegás a tope, y tus huevos se agolpan contra mi clítoris y frenás y suspirás, es porque si me das otro bombazo te vas a ir. En ese instante, ya habíamos pasado por suficientes suspiros tuyos.

Por suerte no soy buena actriz, y fui lo suficientemente caprichosa como para exigir mi leche. Vos quietito tratando de aguantar. Yo tomando envión hacia adelante casi a punto de sacarte de mí concha, y sin aviso un par de clavadas hacia atrás. Dos, tres, cuatro, no llegué a contarlas, pero en el espejo lateral te vi intentando escapar de lo inminente, sacando tu pija de mí. En vano, ya era tarde, esta perrita te gritaba “Sííí, sí, sí, dámela ya. ¡Así!”. Tu mano terminó lo que mis caderas desencadenaron y un borbotón de semen cayó sobre mi baja espalda, justito antes de la raya de mi cola. Yo me estiré hacia adelante con los brazos, dejando al cola bien arriba, para ver en el espejo de enfrente la mancha blanca que me acababas de donar.

Hermosa como siempre, tu leche clara en mi piel oscura. Hermosa como siempre esa forma de hacerme sentir a la vez, tan perra y tan mujer.

3 comentarios:

  1. Genial la cabecera y me encanta el texto, al fin alguien que escribe sobre sexo de verdad.

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  2. Gracias Jordim! me alegro q guste la cabecera! osea YO....

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  3. Yo también he leído sólo dos... y también mi cerebro le ha mandado un mensaje claro al resto de mi cuerpo...

    besos, gracias por visitarme.

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