DOS GOTITAS TUYAS
Eso fue lo último que vi brillando en tu pecho. Eso fue lo último que probé con la puntita de mi lengua después de 4 horas de tan deseado encuentro. Vuelvo a escuchar que te calenté la bocha por años, con mis letras conduciendo las imágenes en tu cabeza. Que me dedicaste por meses, cuando yo leía mis cuentos en la radio, unas tocadas calientes con lechoso final para mí, o lo que suponías de mí.
Parece que tu creatividad y tu frescura, me tenían a mí también muy atraída. También tus pelos locos lindos y rulientos, y esa boca jugosa y tierna. Cómo si tu oficio fuera también el de relatar fantasías, compusiste esa imagen para mí, de la sombra de tu paja en la pared, en un chat de hace meses largos, con tal éxito que te fijaste a mi deseo. Recuerdo que mi coconductor me dijo: “¡No sé qué estarás viendo pero te brillan los ojos!” y mi respuesta fue: “Nada, justamente, ¡no estoy viendo nada!”
Me conmueven los apasionados, porque entre nosotros, nos reconocemos. Qué suerte que cruzaras el portal de la virtualidad, para atravesar también los portales tangibles de mis piernas. Fue magnífico que vos también tuvieras tanto para ofrecer como para quitarme.
La mayor recompensa, saber que te mostré la totalidad de la mujer que soy, y te gusté.
Remontamos un barrilete, de sabanas, en medio de una tormenta de saliva. Nos chupamos con miradas de placer disparándose entre ojos sonrientes. El viento tormentoso lo elevó muy alto, altísimo y diás más tarde todavía persiste su coleta en el cielo. Nos mojamos, nos secamos, nos bañamos con tanta agua como fluidos. Nos reímos. El espejo que empañamos, sirvió de mural para pinturas rupestres de manos y símbolos, ¿te divertirá como a mí, recordar esta escena, y pensar que inventaran en su mente los/las que los lean?
Tal vez de ese espejo, te excite más el recuerdo de la imagen de tu verga, hundiéndose en mí.
Tal vez de ese instante, recuerdes como por enésima y última vez de la jornada, derramé mi squirt caliente sobre tu cuerpo, regando tus huevos mientras te montaba de espaldas.
Tal vez en tus oídos, aún resuenen mis gemidos y más tarde mi voz, pidiéndote la leche.
Tal vez en tus ojos, perdure un destello de mis labios abiertos, carnosos y mojados, felices de recibirte en tu casi perfecta simetría y en la eterna desnudez de tu delicioso glande.
O pudo ser que en el espejo, miraras las líneas abiertas y cerradas recientemente, de mi vulva y de mi piernas, mientas yo hincaba mi cuerpo sobre el tuyo para chuparte.
O que sospecharas en ese instante, que esta vez (la tercera es la vencida) no quería quedarme sin el sabor de tu semen.
O que tus tímpanos estén tallados, con mi incesante “Dámela, dámela, de verdad la quiero” dicho a medias por la boca llena.
O que tu mirada igual que la mía, luego de la explosión, deparara en las dos gotas que se escaparon de mis labios para estacionarse en tu pecho.
Tal vez más que los recuerdos tengas aún las sensaciones, los aromas, los colores.
O puede ser que yo, más que un nuevo cuento y un viejo lector, tenga un eterno amante esperando el reencuentro.

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