
No se engañen, ya sé que parece el título de un cuento de dominación. En este caso, no lo es.
Se trata tan solo del nombre de la Sala, de Anchorena SW, en donde como se entiende, las personas ingresan sin sus prendas de vestir.
Este relato es el último de la zaga de mi primera visita al boliche swinger de Bs. As.
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Cómodamente ubicado en el ingreso, tras pasar una cortina, estaban los lokers donde Jume y Yo depositamos, nuestros zapatos, medias, pantalones, remeras y ropa interior.
Hacía horas que nos paseábamos por las otras salas dejando en cada una, al menos, un sabroso orgasmo de mi parte.
Ya desnudos, atravesamos la segunda cortina, donde el clima sexual nos esperaba ya encendido por las otras parejas visitantes.
Un sillón libre a la izquierda y un gran colchón de unas 8 plazas a la derecha, luz roja tenue y tapizados negros completaban el mobiliario. Nosotros fuimos hasta el fondo donde quedaba un pequeño lugar al costado de dos parejas. Exactamente a nuestro lado, una mujer recostada de espaldas disfrutaba entre gemidos las lamidas de su compañero. Tenía unas medias liga, y nada más, lo que le daba, a pesar de estar parcialmente vestida, más alevosía a su desnudez.
Horas atrás, Jume me pedía un rato para que su cuerpo se adaptara al nuevo lugar y las necesidades, sin duda estas inhibiciones estaban superadas, porque desde el ingreso, su pija esta altiva, hermosa y orgullosamente erguida como siempre ocurría en nuestros encuentros privados.
Era yo la que necesitaba recuperarse, es más, torpemente creí que tal vez, ya había acabado lo suficiente por esa noche. De modo que me dediqué a tocar, besar, lamer y chuparlo a él. En casa antes de salir, le había pedido “Quiero que mientras te la chupe, vos mires a tu alrededor, no a mí, ni lo que te hago, sino a los otros. ¿Dale?”. Este era el momento de concretar mi pedido. Jume se acostó, y yo hincada sobre él lo recorría con mi lengua. Delicioso y duro, se veía muy bien entre toda esa gente cogiendo a nuestro alrededor. Antes de llegar al clímax, se fue una pareja liberando un cómodo y amplio lugar al otro lado de la gran cama, y allí nos mudamos. La chica de las ligas, acababa como por cuarta vez desde nuestra llegada, y a esta altura, ambas parejas se intercambiaban directo al coito con toda naturalidad.
Yo deseaba realmente obtener su leche, estábamos muy desparejos y me parecía elemental que él también pudiera tener su orgasmo público. Así que sumé mis manos a mi lengua, y él también intervino con las suyas. ¡Cómo me gusta verlo masturbarse! Su gran poronga deslizándose entre sus, aún más grandes, manos en su cuerpo de 2 metros de largo. Una bestia de carne, desmayada entre mis piernas a punto de acabar. Olvidé mi cansancio y me monté sobre su tibia, mientras con los labios suavemente apretados me desplazaba sobre su glande, hasta ahí nomás, donde empieza el tronco de su pija. Acariciaba sus huevos, su perineo endurecido, y lamía su cabecita con la puntita de mi lengua. Cuando sus pies empezaron a contraerse y levantó su cabeza, cuando su respiración se entrecortó y su ceño fruncido estuvo a punto de quebrar sus gestos, supe que ya no había vuelta atrás. Me acerqué intentando que su leche mojara mi boca, pero no llegué a tiempo porque la explosión fue tan fuerte, que su jugo blanco saltó en furiosos chorros bañando su pecho y su brazo. Acaricié sus muslos acompañando el ritmo de las oleadas de la contracción de su pija y apenas terminó me volqué sobre él.
Nos besamos, nos recuperamos, desaceleramos nuestro ritmo cardíaco y sonriendo felices reposamos unos instantes.
No había apuro, no teníamos idea de la hora, estábamos cansados pero decidimos quedarnos un rato a mirar. No sentamos, otra vez como en el primer reservado, él contra la pared y yo entre sus piernas cruzadas, contenida por sus brazos.
La chica de las ligas, seguía acabando, era sutil. Gemía como si su propia respiración tuviera un sonido agudo al exhalar. Otra vez estaba con su paraje inicial que luego de haberla penetrado un buen rato, volvía a lamer su vulva. Se notaba que sabía cómo hacerlo, ya que a pesar de no ver en detalle sus movimientos, los placenteros resultados estaban a la vista, y al oído.
Un poco antes de que Jume acabara, entraron casi al mismo tiempo 2 parejas que se acomodaron en el sillón. Una de ellas, había llegado con ropa interior, era extraño ver a alguien con sus genitales cubiertos, pero a esta altura ya habían entrado en calor y confianza y se habían sacado todo. La primer pareja fue rápidamente a los papeles, ella abierta de piernas semirecostada sobre el respaldo se dejaba penetrar por él. Cuando nuestros asuntos concluyeron ambas parejas ya estaban cogiendo. Los hombres estaban sentados y las chicas los montaban.
Había algo que yo deseaba ver, que suponía que iba a ocurrir y era la sincronización. Frente a mí, casi como algo inevitable, estas parejas estaban moviéndose como en espejo, inclusive cuando una de las chicas deslizó su mano sobre las nalgas de la otra, esta le devolvió la caricia. Su vaivenes se estaban acompasando, yo miraba muy entretenida deseando que de igual forma ambas alcanzaran sus orgasmos a la par.
La escena era totalmente excitante, y mi mano bajó hasta mi vulva, que esperaba humedecida. La mano de Jume amasando mis tetas y mis muslos que se tensaban también estaba activa. A pesar del cansancio empecé a acabar, sabía que mi squirt ya liberado iba a explotar otra vez, puse unas toallitas para atajarlo un poco y sin prurito comencé a acabar. Uff, cuánta agua saliendo a chorros de mi vagina, los dedos de Jume trabajando dentro de mí con desenfreno hacían inevitable que me mojara más y más. Hice una minúscula pausa, las chicas enfrente soltaban gemidos en notas acordes, intercalándose melódicamente una y otra. Yo seguí con mi masturbación, mi clítoris estaba hinchado, cada vez más duro, pidiendo más potencia. Me empecé a dar chirlitos con la mano izquierda sobre los labios externos endurecidos también y sacudía mi clítoris desde afuera con mis dedos mayor e índice de mi mano derecha. Otro orgasmo, un instante de pausa muy breve y otro orgasmo más. Yo no gemía gritaba, tratando de moderarme, pero ya había logrado llamar la atención de las parejas a nuestro lado, compañeras del gran colchón. El squirt brotó exuberante y ya nada me importaba. Mis nalgas estaban chorreadas y también las de Jume sentado detrás.
Estaba por rendirme, 3 polvos al hilo después de los otros tantos obtenidos parecían suficientes, hasta que el hombre de al lado le dijo en vos alta a su mujer de ligas: “¡Qué buena paja se está haciendo!”. Esto detonó mi morbo, mi posición de observada, de ser el foco de las miradas ajenas de desconocidos. El cansancio estaba, pero los orgasmos de las chicas de enfrente que además de tocarse las tetas también se besaban mientras rítmicamente se montaban a sus tipos, me voló la cabeza una última vez. Necesité de la fuerza de Jume, que todavía no se agotaba y con ayuda de su paja sobre mí, mi concha volvió a cerrarse afanosamente para volver a acabar. Casi me desmayé al concluir, sobre mi respaldo humano y respirando hondo volví de a poco a encontrar la calma.
Descansamos un rato, ahora sí, ambos satisfechos. Limpiamos un poco, nos paramos y cuando salíamos de la sala, antes de volver a atravesar la cortina, me despedí diciendo “Gracias chicas por los sonidos”, desde el otro lado, me llegaron las risas cómplices de nuestros acompañantes.
Esto sí, tenía verdadero color de orgía.
Para ambos fue la sala que más nos satisfizo, por lo libre, por lo desnuda, por lo directamente garchable sin necesidad de mucho preludio. Por las panzas, por los torsos, los pies, las conchas y las pijas al descubierto en todo su esplendor mundano.
Un placer múltiple y completo, propio, ajeno y compartido.

WOWWW QUE RIKA ESPERIENCIA
ResponderSuprimirabsolutamente genial,puro sexo liberado desde dentro
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