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lunes, 13 de junio de 2011

PRIMERA VEZ EN ANCHORENASW 2

Así lo habíamos planeado, el sábado a la noche íbamos a debutar en AnchorenaSW. Jume me había contando hacía unos meses que fantaseaba con ser anfitrión de una orgía y cuando le comenté que en Bs. As. había un sitio donde esto ya funcionaba, no dudó en que debíamos conocerlo.

Yo por mi cuenta, como ya comenté, deseaba ver nuevamente otra puesta en escena de sexo comunitario. Acordamos entre ambos, que iríamos a mirar, a hacer lo nuestro de siempre. En principio no interactuar con otros, pero dejando abierta la posibilidad de consultarnos alguna modificación de planes, si alguna pareja o sola/o nos tentaba.

Llegamos al lugar, ya desde el vamos el trapito*(*Trapito: es el cuida coches de la calle, que suele llevar una franela en la mano para que los automovilistas que buscan donde estacionarse lo identifiquen) asumió que íbamos a Ancho y nos avisó que se quedaba hasta la 4a.m.

Al llegar a la puerta, casi sobre la 1 a.m. ingresamos de inmediato anunciando que era nuestra primera vez, lo cual creo que se notaba en nuestros rostros por el nerviosismo. Omar el primer coordinador, una mezcla de serio y sonriente señor, nos contactó con Brenda nuestra anfitriona. Ella nos llevó de paseo por los pisos, nos explicó las reglas y nos deseó buena suerte. Las normas eran simples, “Hagan lo que quieran. Si algo les gusta tocan o se dejan tocar y si no es así, alcanza con sacar la mano o decir: No, gracias”. Así que después de agradecerle, nos fuimos a pasear.

Voy a reconocer, que al ingresar, me entró como un pánico escénico. Una mezcla de ganas de ir al baño, nerviosismo, temblor suave de piernas, algo seca la boca. Creo que esta tensión se tradujo a mis expresiones. Más tarde, tipo 5 a.m., Omar nos comentó: “Creí que la morocha no iba a durar más de 10 minutos”.

Jume estaba súper excitado, entramos al sector del boliche y quería besarme y toquetearme. Yo en cambio, veía a todo el mundo a mi alrededor súper sereno, sonriente pero asexuado y estaba reticente al contacto. Sentía una inminente necesidad de conectarme con lo que pasaba a mí alrededor, ver la dinámica del lugar, entender los ritmos, esperar el momento “apropiado” de cada cosa. Claro que el concepto de “apropiado” es casi ridículo en un sitio donde “todo vale”, por suerte puede entenderlo más tarde.

Increíblemente estaba hecha un hielo y mi acompañante tuvo que hacerme tomar conciencia de esto. Con algunas palabras y abrazos logró que pudiera conectarme otra vez con mis deseos. Cuando por fin me relajé y empecé a besarlo y a calentarme, él me comentó: “Detrás nuestro un chabón le está acariciando el pezón a su pareja, muero de envidia”. Esta energía sexual encendida a mi alrededor, me contagió de inmediato. Nos besamos un poco más, lo agarré de la mano y enseguida nos fuimos a nuestro primer reservado: Solo Parejas.

En la primer parte estaba todo bastante tranqui, pero yo ya estaba conectada con Jume y realmente quería sentirlo. La escalerita de deseo fui increyendo desde besos, caricias sobre la ropa, caricias bajo esta, chupadas de mis pechos, tanguita corrida hacia el costado bajo la pollera, y de pronto estábamos ardiendo los dos. Yo estaba subida a una tarima en un rincón volcada sobre la pared, con la pollera subida, exponiendo mis genitales. Él chupándome la concha agarrado del borde de la tarima y amasándome las piernas. Al mirar hacia atrás, noté que a mi derecha había un matafuegos y que a su vez estaba recostada sobre la cajuela de vidrio de la manguera contra incendios. Todo era coherente, nosotros ardíamos y allí apagaríamos algo de ese fuego.

Algo más encendía mi llama y era el hecho de que al levantar la vista, una escalera hacia la sala de Parejas, Solos VIP y Solas tenía una vista preferencial desde arriba hacia nuestro pequeño escenario. Todos podían ver como Jume degustaba voraz mi manjar.

Había un pequeño inconveniente, la tarima estaba cubierta de alfombra y no quería mojarla. Entre nosotros y el primer dispenser de toallas de papel, había como un metro de distancia y una pareja entre medio. El squirt, no es algo discreto de mi parte, así que esta ubicación geográfica representaba para mí un problemita. Pero a la vez estaba tan caliente, que quería acabar. Mi intención acompañada del entorno, la exposición, la lengua de Jume tan activa entre mis labios vaginales y sus dedos dentro de mí, fueron una combinación irresistible. Tuve que pedirle que sacara sus dedos de mi punto G para poder retener mi eyaculación y conformarme con mi orgasmo clitoriano. Con algo de concentración, cerré mis diques y disfruté en parte de mi primer orgasmo en Anchorena. Sin duda quería más.

Él me pidió que dejáramos para más adelante su fellatio, porque también necesitaba adaptarse al lugar. Aunque estaba muy cómodo, su cuerpo estaba algo tímido todavía. Decidimos adentrarnos otro poco en la sala, pasamos por un toilette, luego unas duchas abiertas sin cortinas, luego 2 salitas muy pequeñas con sillones negros con 2 niveles para acomodarse. Miramos un poco como se besaban y tocaban unas parejas, con las ropas puestas y corridas a los costados y continuamos hacia la segunda salita. Ahí había otras 2 parejas, estás estaban más activas, ambos tipos cogiéndose a sus minas en cuatro subidas al primer nivel y los tipos dándole de pie desde atrás. Ellas se besaban, entre sí, mientras recibían sus pijazos y se tocaban los pechos y la espalda. Al lado de ellos había un pequeño espacio libre al fondo pegado a una ventana.

Le pedí a Jume que nos sentáramos para mirar bien de cerca. Él se sentó primero y yo me senté sobre él dándole la espalda. Justo frente a mí, perfectamente ubicado estaba el dispenser de toallas de papel y el tacho. El piso de azulejos y el sillón de cuero negro, eran todo lo que necesitaba para dar rienda suelta a mi placer mojado. Empecé a palpar el concepto de libertad palpitando en mi pecho y en mi argolla, que conducida hacia el placer por los sabios dedos de Jume, esta vez no tendría restricciones.

Seguía sobre su falda recostado sobre su pecho, abrí mis piernas y levanté mis pies, apoyando mis botas contra la pared que estaba muy cerca. Estaba como en posición de parto, sin duda daría a luz uno de los orgasmos más explosivos de la noche. Ahora sí que todo era un camino de ida al placer. En mi nuca los besos de él, a mi izquierda, las parejas que seguían cogiéndose y cambiando de posiciones, como una porno 3D en cámara lenta proyectándose para mí. Le pedí que me saque la tanguita y la guarde en su bolsillo. Arremangué mi pollera, atándola con un nudo a mi cintura, y me entregué. Jume me tocaba, otra vez sacaba al exterior mis pechos, que se escurrían de mi blusa amplia sin corpiño y quedaban envueltos por sus grandes manos o por el mismo aire.

Tocaba toda mi vulva, mi bajo abdomen, mis ingles, mis muslos. Toda la sangre acudiendo a mis genitales como consecuencia del llamado de su tacto. Todo mi squirt acudiendo a mis glándulas, como consecuencia de la excitante estimulación.

Empecé a sentir, esas vibraciones únicas y micro centesimales que anticipan el orgasmo. Continué sintiendo como los disparos de energía brotaban desde mi clítoris y mi punto G. Notaba como se hinchaba cada vez más esa esponjita gozosa a punto de eyacular. Empecé a gemir. Intentaba contener mis sonidos, porque los ruidos eran moderados a mi alrededor y no quería robarme el protagonismo de la salita de 6 ni de los observadores apiñados contra el marco de la puerta. Para canalizar toda esa furia sexual, apretaba las manos de él contra mi concha y le pedía sacudiendo su muñeca y antebrazo que propagara esos movimientos eléctricos dentro de mí. Con mi mano libre tocaba su nuca, para recibir más intensas sus lamidas. Todo marchaba con aceleración en esta carretera de locura. Estaba a punto, caliente y lista para el final.

Con mis pies empujaba la pared y eso trababa mis muslos haciendo levantar mis caderas. El pecho de Jume se comprimía aplastado por el mío pero esto no le impedía seguir, por el contrario lo alentaba. De modo que siguió y siguió masturbándome hasta que el diqué se abrió. Es curioso como mi vagina que se contrae como piedra, apretando todo lo que contiene en su interior, a su vez se abre para dejar salir todos sus jugos calientes. Es impresionante como Jume conoce el momento y se deja expulsar por mi vagina para dejarme explotar en chorros de agua de fuego. Después logra meterse en la cerradez de mi ser, abriendo lo justo, sacudiendo lo necesario para que el ciclo se vuelva a repetir. En cada pulso cada chorro era mayor, salía más fuerte y más lejos.

Creo haber salpicado la pared además del suelo. Nos reímos, contentos y parcialmente satisfechos, lo anterior bajo el matafuegos fue un primer orgasmo, pero este sin duda, merecía los honores de ser recordado como el de la PRIMERA VEZ con mayúsculas. Los de al lado estaban a su vez, concluyendo sus asuntos, así que me apresuré a tomar mil toallitas del dispenser para limpiarme. Jume ayudó con la tarea, arreglamos un poco el charco del suelo, pensando en la comodidad de los futuros visitantes, nos emprolijamos la ropa y deshicimos el camino hasta la antesala.

Al volver, todo estaba más activo, nos sentamos a reposar y a recuperarnos de la acción. Por un rato descansamos los cuerpos, pero los ojos y la mente estaban cada vez más despiertos. Sin esfuerzos podíamos apreciar a nuestro lado una pareja que en su frenética garchada, trasmitía sus sacudones al colchón en donde yo tenía apoyado mi pie. Como dijera mi conocida Vanina, “es imposible estar ahí y no calentarte”. En sillones enfrentados, dos mujeres cabalgaban de espaldas a sus hombres, acercando sus rostros en los vaivenes. Al costado de la puerta, una parejita joven y algo tímida se tocaba, ella se escurría por su bragueta sin dejar salir nada al exterior. Otros abandonaban la sala, con el pelo mojado y el rostro cansado. Otros acababan de llegar y se sentaban a mirar. Nosotros, como ya dije, nos recuperábamos para poder seguir.

¿Qué pasó en las siguientes salas? Te lo cuento prontito. Pero te adelanto que la más placentera para ambos fue la NUDISTA OBLIGADA.

2 comentarios:

  1. Excelente, como siempre...

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  2. Gracias, sospecho que este comentario viene desde Bogotá. Siempre bienvenidas las firmas!

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