En el fondo soy una buena mina, considerada, me gusta compartir.
Eso en este instante es un problema, porque como él no pude, hace que me detenga.
Comienzo a tocarme sabiendo que él lo sabe, y cuando estoy apunto, paro. No me preocupa la resistencia que ofrece el elástico de mi pantalón cuando mis manos lo estiran para darse espacio. La lucecita verde encendida de su contacto, me hace fantasear con que si prendiéramos la webcam, él gustoso me observaría.
Es casi un acto masoquista. Llego al borde del abismo y retrocedo un paso en lugar de saltar. Desde antes que mi mano bajara a atender lo debido, mi mente ya se desbordaba de imágenes de su desnudez y de escenas en las que nos chupamos y nos lamemos sin precedente. Imágenes donde lo prohibido sólo es una circunstancia y los lugares incómodos son un desafío.
Me veo en el vanitori, sentada en pollera con las piernas abiertas y sin nada más debajo, nada más que su cabeza buscando la forma de llegar a todos lados.
Lo veo en una silla con la mesa por delante, ofreciéndome sus partes, las carnosas, las latientes. Veo sus pantalones a la altura de sus tobillos. Me veo recostada boca abajo en la mesa, estirando mi lengüita, para poder comer.
Me veo mirándolo a los ojos, mientras mi lengua lo recorre, lo descubre y lo devora. Lo veo entrelazando sus dedos en mi pelo, para sostener mi cabeza. Lo veo recostando su cabeza, luchando entre el deseo de entregarse y la tentación de observar a ver si soy tan buena con la lengua como con las letras.
Podría aprovecharme de su credulidad, y decirle que una buena mamada para mí, es aquella que se hace a medida. Contarle que en realidad no hay secretos, ni tips. Que el ritmo no lo invento, sino que me gusta escuchar lo que el cuerpo del otro pide.
Podría aprovecharme de su estrés, de su sobreocupación momentánea y garantizarle que si me deja, puedo darle la mejor píldora anti estrés imaginada. Que ni siquiera tendrá que preocuparse por la leche, que va a quedar limpito, porque me la voy a querer tomar toda.
Podría aprovecharme de su ignorancia de mis artes, y detallarle cada acción que tiene destinada mi boca para su pija.
Pero dejaría de ser esta nena buena, que sabe detenerse y respetar un no.
¿Sería muy malvado si le digo que puedo verlo, con la verga tan dura que parece empalada? ¿Dónde quedará mi bondad? Si le cuento, que imagino que le doy una lamida a su glande, una con ganas, con lengua ancha como de perro. Que después de eso cuando se la deje más brillante, me voy a alejar para tomarme mi tiempo. Que se la voy a tragar tan despacito, que cada centímetro va a sentir la humedad de mi boca. Que así como voy a lamerlo tan, tan, tan suave, para identificar sus texturas, sus venitas, sus curvas, voy a hundírmelo tan adentro que mis ojos van a brillar. Que al salir se van a mezclar sus geles con mi saliva, y como un hilo van a quedar conectados nuestros órganos.
Pero no. No voy a decírselo. Creo que la única manera que deje de imaginar, y de querer contarle es que acabe. De modo que por esta vez, aunque no comparta, voy a dejarme llevar.
Hasta recién, me detuve varias veces, mis signos de excitación eran cada vez más evidentes. Primero el calor de mi vulva, después la hinchazón de mi clítoris. Después la lubricación, el contraste de mis dedos fríos en el interior de mi vagina caliente como un horno. Cada vez que metía la puntita de mi dedo, tan sólo mi primera falange del anular, esta salía más y más mojada.
Claro que como dije, mi mente me forzó a la pausa y mis dedos cumplieron el mandato. Voy a confesar que bastante mal porque volvían de a ratos y las sensaciones eran cada vez más peligrosas. Ahora no pienso parar. Ya siento el endurecimiento de mis labios mayores anticipando el comienzo de mi orgasmo. La rugosidad de mi punto G, casi en las puertas de mi vagina también.
Hay vibraciones desde adentro que contagian la periferia de mis genitales. Temblores punzantes que son difíciles de describir, aún para mí (que según él soy buena….buena con las letras). Pero la evidencia de mi squirt, sutil al comienzo, discreto, cálido y blanquecino, no permite interpretaciones equívocas.
Esta cadena desencadenada de eventos orgásmicos, va a desatarse hasta el fin. La contracción comienza. Nunca se detiene el estímulo de mi mano derecha sobre mi clítoris, la izquierda desde adentro siente el apretón. La yema del dedo acaricia yendo y viniendo. La carne se me ciñe, mis glándulas de Skene se exprimen en pulsos calientes y orgánicos. Mi respiración es un resoplido, como de pujos, estoy pariendo mi orgasmo.
Es gracioso que la que ha quedado en la silla frente a la mesa con sus lienzos a la altura de los tobillos, con sus genitales expuestos y mojados, soy yo. Parece que mi fantasía se ha cumplido pero en espejo.




Me ha encantado, incluso podría imaginarme lo que dirías, y lo que callas...
ResponderSuprimir:-)