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domingo, 24 de abril de 2011

ENTRE MANOS


Apenas es real el contacto de la pequeña palma de mi mano sobre tu carne más sensible. Pero la sensación es tan grande, que siento como desde este limitado lugar, de este apretado y estrecho abrazo entre mano y genital, puedo contener toda la extensión de tu cuerpo.

Llegó el momento de tu entrega.

Recostás tu cuerpo sobre el colchón. Es impactante el contraste de la dureza con la que te expresás entre mis manos contra la relajación de los demás músculos de tu cuerpo. Tus piernas cuelgan, tus brazos reposan sobre las sábanas. Tu espalda y tu pecho son una masa viva que se expande y contrae con cada respiración.
Yo estoy de cuclillas montada sobre tu pierna izquierda. Desde acá puedo sin soltarte, usar mi mano libre para acariciarte. Quiero sentirte, recorrerte y disfrutarte con los dedos.

Tus ojos están cerrados pero los poros de tu piel están abiertos, sus millones de sensores están alertas. Sé que aunque la zona de placer más intensa está justo en ese anillo bajo la cabecita de tu pija, tenés el registro de los movimientos lubricados de mi vulva sobre tu canilla. Sé que reconocés los latidos perezosos con los que mi vagina baja de su clímax. Sé que estás orgulloso de ser el responsable de los masivos orgasmos que acabás de provocarme.

Intentás acercar tu mano a mi entrepierna, y yo gentilmente devuelvo tu mano al reposo, lejos de mí, para ser sólo yo la que te toca. Dicho así suena como un acto egoísta pero sospecho que en esencia es lo contrario. Presumo también que cada vez que te haga aquello que deseo, en realidad, vas a ser vos el complacido.

Mis ojos sobrevuelan por los vellos de tu cuerpo, como una avioneta que planea sobre un campo sembrado, cada parte se ve como un cultivo diferente. Observo tu enrulada cabellera, tu barba tupida, tu pechera densa, la línea de pelos en tu abdomen invitando a bajar. Miro, los dibujos en tus muslos, la escases en tus ingles, la cobertura raleada de tus huevos, la apariencia rasposa en tu pubis rasurado.

Mi mano izquierda, sale a explorar. Toco tus texturas, tus tensiones, tus hendiduras, tus protuberancias. Mientras mi mano derecha no deja de masturbarte. Con cada mano te gozo, en una sólo siento el calor ardiente que se desprende de tu antorcha, en la otra, percibo las variables de temperatura que varían desde la piel fría de tus brazos hasta la quemazón de tu cuello.

Estás tan pasivo y tan activo al mismo tiempo. Tus manos descansan mientras tus dedos tiemblan. Tus pies se contraen mientras tus generosos muslos se deshacen sobre el colchón. Tu pecho se infla con esfuerzo mientras tu abdomen tiembla involuntario. Tu pija, crece, late, se estremece. Mi mano se sacude, no ahorca, se desliza, sólo recorre, baja y sube. Tu glande se humedece, brilla, se enrojece. Mi mano lo ensaliva, lo contiene, lo desviste. Tus venas se hinchan, se marcan, se colapsan. Mi mano se pausa, se acelera, te aprieta y se contiene para no arrancarte, para no desgarrarte, para no robarte lo que es esencialmente tuyo pero que ahora es parte de mí.

Tu boca se entreabre, tu lengua se asoma por reflejo, tus pestañas se contraen, se arruga tu frente, se levanta tu cabeza, se contraen tus abdominales, tus dedos se clavan en la tela. Tu leche, gloriosa, caliente, brillante, explosiva, irrespetuosa se abre camino entre la presión apasionada de mi mano, para bañarme. Mi mano derecha recibe las gotas de semen que aún en la quietud siguen saliendo y la izquierda, recoge de tu pierna la lluvia de fluidos que desperdigaste sobre ella.

Te contemplo. Todo en tu cuerpo sigue siendo bello. Sólo que ahora también se ha sumado tu sonrisa.

1 comentarios:

  1. Hola.
    Hermosa descripción del camino y el gozo para los dos y final explosivo que ya se intuía.
    saludos de: desnvdo.

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