
Conozco a un hombre...
Que se viste de franquezas
cuando me desnuda.
Que desborda de miradas
cuando me observa.
Que ha vivido más años
pero menos satisfacciones.
Que tiene más canas,
pero la pupila más joven.
Que escribe con el pulso
sin que su mano tiemble,
drenando con palabras
lo que su ser esconde.
Que puede oír atento,
aunque tiene tanto por decir.
Que se ayuda con canciones
para gritar lo que no cabe en su garganta.
Que puede tocar, acariciar y hurgar
con la templanza de su mano firme,
porque sus dedos son herramientas
de trabajo, acción y libertad.
Que se suelta cuando me atrapa,
que se desata cuando lo enlazo
que se lleva todo lo que lo provoca
que se detiene sólo en el blanco final.
Que vuelve a desnudarme
cuando me tiene y me canta
cuando me extraña y me escribe,
cuando me recuerda y se conforta.

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