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viernes, 10 de enero de 2014

Cuento para un Tereré arrepentido.

Caliente entre sus manos aguarda ser consumido. 

Una vibrante sensación, desprende su calor, irradiando su entorno. 
Sutiles vapores emanando de su centro. 
Una invitación a la gratificación oral. 

El instante previo, no es menos importante. 
La preparación que anticipa ese encuentro entre los labios y el dulce manjar, es un ritual que varía según la prisa o el usuario. 

A algunos, les gusta tomarlo a solas. 
A otras, nos encanta compartirlo. Pasarlo de boca en boca, es una magia que nos une. 

Independientemente del acto solitario o grupal, el momento de beber es mágico y las sensaciones, solo se viven en la intimidad de la boca. 
La exacerbación de las papilas gustativas, el encuentro de sabores de saliva con otros jugos cálidos es mágica. 

Como todo lo intenso, como todo lo sabroso, cada instante se hace eterno. 
Cuando llega a los labios, hay una mezcla de sorpresa y deseo, si hierve demasiado es una reacción natural soplarlo. Y si está templado, es casi inevitable continuar tomándolo. 

Cuando el líquido ingresa a la boca, el sabor es fuerte, es más intenso si es nuevo, pero es más paladeable cuando su sabor es conocido, siempre se descubren nuevas notas de sabor. 

A veces, es largo, tan abundante que inunda la cavidades, y es necesario, tomar coraje y tragarlo sin pensarlo demasiado. 

El mate, sagrada infusión, Qué suerte ser argentina.

viernes, 21 de diciembre de 2012

CONTAME


  
-          - ¿Te comiste alguna verga esta semana?
-          - No, esta semana no. Pero este mes estuve con dos.
-          - ¿Con quienes?
-          - Con el de la pija larga y con uno de los chicos del dúo dinámico.
-          - ¿Por qué?
-          - Porque me pongo de mal humor cuando no cojo entresemana.
-          - Contame, ¿qué les hiciste?

Mientras te chupo la pija, trato de descifrar espiando tu mirada, cuánto de tus celos se transformará en calentura. Cuánto de tu deseo se tornará en dureza.  Cuánto de tu morbo se convertirá en amor. Esa manera de amarme que me deja ser, esa forma de cogerme la carne y el alma que sólo vos tenés.

Yo sé que te excitás mucho cuando te cuento mientras cogemos, pero sé que te sacás más cuando además, te lo represento.

Suelto la verga y me monto, sobre la base de tu pija, con una mano te tiro de la punta para arriba y con la otra te marco a la altura del ombligo diciendo:
-      - Con el que le llega por acá, me puedo poner a cabalgarlo, fregándome el tronco de su pija entre los labios. La cabeza está a kilómetros, mientras al medio me separa los pliegues.

-          - ¿Y qué más? ¿Qué te hace?
-          - A veces me coge con sus huevos, así.

Bajo mi mano y te aprieto el escroto, tus huevos se saltan hacia afuera, esa tensión casi dolorosa te gusta. Trato de meterme tus pelotas entre los labios vaginales, pero tus testículos son tan grandes, que no puedo hundirlos. Tu verga se pone más dura.
Adivino tus gestos, tengo apenas unos parciales de tu rostro, con la luz  de calle que se cuela por la ventana a través de las cortinas de la habitación. Pero tus ojos entrecerrados me muestran un hombre excitado. Un torrente de sangre explosivo corriendo por todas tus venas.

-         - ¿Y con el otro? ¿qué hiciste?
-          - ¿El mecánico? ¿El del dúo? Uff a ese pendejo le encanta sacarme orgasmos.
-          - ¿Qué te hizo?
-    - Arrancó clavándome una paja bárbara, y terminé de cuclillas con él en la espalda, salpicándole los zapatos con mi acabada.
-          - Cómo me calentás hija de puta.

Hace un rato, que estoy haciéndote la paja, intercalando alguna lamida y fregándote mi vulva contra tu hueso de la canilla derecha.
-        
           - Contame más del de la verga larga. ¿Te lo cogés sin forro?
-     - No. Jamás, con los otros siempre me cuido.  Después de que me acabo algunas veces le pido que me la meta. Me coge una sola vez por un rato. Tiene una verga de hierro pero acaba una sola vez. Por eso se asegura de entretenerme bien antes.
-        -  ¿Y te gusta lo que te hace?
-        -  Sí, siempre que me mete un dedo  en la concha, cuando gimo me pregunta qué me pasa, si me gusta, si se acuerda bien, si era por ahí… y después me pide “dame ese chorro caliente acá” y me señala algún lugar de su cuerpo.
-        -  ¿Y vos le dás?
-         - A veces. No siempre lo consigo.
-          - ¿Y se  toma tu squirt?
-          - No bebé, con este jugo te atragantás solo vos.

Ahora sos vos el que se agarra la verga, casi inconsciente, para darse con vigor. Con la exactitud y precisión que solo la masturbación puede darte. Casi como si estuvieras imaginándolo todo a solas, y como si mi voz fuera la vocecita calentona de tus ratones en tu mente y mi teatro una fantasía que visualizas en duermevela.

Me levanto de golpe.
-        
          - Quedate ahí –te indico.

Separo un poco mis piernas. Me paro a la altura de tus caderas. Erguida, pajeándome con la mano derecha. Algo distante. Un tanto altiva. Seguramente no ves mi rostro entre las sombras. Estoy de espaldas a la ventana.

El viento sacude más que antes las cortinas y permite que la luz se meta más en la pieza. Te veo entreabriendo la boca, como un pez salido del agua, que se desvive por volver a ella. Agua de mi manantial translúcido es lo que voy a darte para devolverte el oxígeno.

Fuerte y apretada, mi mano derecha sacude mi clítoris. Mientras la izquierda se mete apenitas lo necesario para acariciar mi punto G. Con las rodillas semi flexionadas y la columna levemente encorvada hacia adelante, estoy en la pose justa.
-       -Ahhh! -Es tu grito cuando mi orgasmo y su manantial de leche cristalina te empiezan a bañar.

Tu ojos, más encendidos que antes. Tus gemidos más audibles, me incitan a seguir.
Otro orgasmo. Otro chorro. Me descargo sobre vos. Veo el brillo de la noche intensificarse en mis aguas. Pequeños diamantes ambar, reluciendo en la oscuridad. Minúsculos tesoros que estallan contra tu cuerpo. Destellos que rebotan en tu piel. Caída libre de placer en cámara lenta. Una lluvia multiorgásmica desatándose entre mis piernas.

Entre contracciones, muevo mis pies y me desplazo hacia arriba de tu cuerpo. Mis piernas semi extendidas enmarcan tu pecho a la altura de tus axilas. Otro chorro. Soy una catarata de squirt. Vos parecés esa roca contra la que explota la fuerza de mi caudal.
-        
          - Seguí, seguí – te escucho con tu vos aguda que indica que te estás por acabar.

Sigo, claro que sigo, en especial cuando te veo abrir bien grande tu boca.
Chorro en el rostro, salpicaduras en tus labios, en las almohadas. Otra vez en tu pecho, otro más en tu boca. Van como 7 veces o tal vez más que mi cuerpo pulsa para bañar literalmente el tuyo.
-      
        - Ahí va. Me acabo. Ah! Ah! Ah! -Tu seguidilla de pequeñas palabras con mucho contenido me llenan de satisfacción.

Desearía no haberme agotado para volver a mojarte, otra vez en los genitales y que tu leche se lave con la mía. Pero estoy agotada –también literalmente-.
Estás acostado sobre un charco mojado, estás salpicado de ingles a cabeza. Seguís gimiendo, porque aunque no te sale más semen, tu orgasmo se prolonga.
Te lamo, sí, porque olés rico y sabés delicioso. A mí.
-        
          -  Contame bebé, ¿te gustó? - Ahora soy yo la que pregunta.
-        - … (silencio y sonrisas) – No necesitás responder. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

SOY BUENA

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En el fondo soy una buena mina, considerada, me gusta compartir.

Eso en este instante es un problema, porque como él no pude, hace que me detenga.

Comienzo a tocarme sabiendo que él lo sabe, y cuando estoy apunto, paro. No me preocupa la resistencia que ofrece el elástico de mi pantalón cuando mis manos lo estiran para darse espacio. La lucecita verde encendida de su contacto, me hace fantasear con que si prendiéramos la webcam, él gustoso me observaría.

Es casi un acto masoquista. Llego al borde del abismo y retrocedo un paso en lugar de saltar. Desde antes que mi mano bajara a atender lo debido, mi mente ya se desbordaba de imágenes de su desnudez y de escenas en las que nos chupamos y nos lamemos sin precedente. Imágenes donde lo prohibido sólo es una circunstancia y los lugares incómodos son un desafío.

Me veo en el vanitori, sentada en pollera con las piernas abiertas y sin nada más debajo, nada más que su cabeza buscando la forma de llegar a todos lados.
Lo veo en una silla con la mesa por delante, ofreciéndome sus partes, las carnosas, las latientes. Veo sus pantalones a la altura de sus tobillos. Me veo recostada boca abajo en la mesa, estirando mi lengüita, para poder comer.
Me veo mirándolo a los ojos, mientras mi lengua lo recorre, lo descubre y lo devora. Lo veo entrelazando sus dedos en mi pelo, para sostener mi cabeza. Lo veo recostando su cabeza, luchando entre el deseo de entregarse y la tentación de observar a ver si soy tan buena con la lengua como con las letras.


Podría aprovecharme de su credulidad, y decirle que una buena mamada para mí, es aquella que se hace a medida. Contarle que en realidad no hay secretos, ni tips. Que el ritmo no lo invento, sino que me gusta escuchar lo que el cuerpo del otro pide.

Podría aprovecharme de su estrés, de su sobreocupación momentánea y garantizarle que si me deja, puedo darle la mejor píldora anti estrés imaginada. Que ni siquiera tendrá que preocuparse por la leche, que va a quedar limpito, porque me la voy a querer tomar toda.

Podría aprovecharme de su ignorancia de mis artes, y detallarle cada acción que tiene destinada mi boca para su pija.

Pero dejaría de ser esta nena buena, que sabe detenerse y respetar un no.


¿Sería muy malvado si le digo que puedo verlo, con la verga tan dura que parece empalada? ¿Dónde quedará mi bondad? Si le cuento, que imagino que le doy una lamida a su glande, una con ganas, con lengua ancha como de perro. Que después de eso cuando se la deje más brillante, me voy a alejar para tomarme mi tiempo. Que se la voy a tragar tan despacito, que cada centímetro va a sentir la humedad de mi boca. Que así como voy a lamerlo tan, tan, tan suave, para identificar sus texturas, sus venitas, sus curvas, voy a hundírmelo tan adentro que mis ojos van a brillar. Que al salir se van a mezclar sus geles con mi saliva, y como un hilo van a quedar conectados nuestros órganos.

Pero no. No voy a decírselo. Creo que la única manera que deje de imaginar, y de querer contarle mis planes, es que acabe. De modo que por esta vez, aunque no comparta, voy a dejarme llevar.
Hasta recién, me detuve varias veces, mis signos de excitación eran cada vez más evidentes. Primero el calor de mi vulva, después la hinchazón de mi clítoris. Después la lubricación, el contraste de mis dedos fríos en el interior de mi vagina caliente como un horno. Cada vez que metía la puntita de mi dedo, tan sólo mi primera falange del anular, esta salía más y más mojada.

Claro que como dije, mi mente me forzó a la pausa y mis dedos cumplieron el mandato. Voy a confesar que bastante mal porque volvían de a ratos y las sensaciones eran cada vez más peligrosas. Ahora no pienso parar. Ya siento el endurecimiento de mis labios mayores anticipando el comienzo de mi orgasmo. La rugosidad de mi punto G, casi en las puertas de mi vagina también.
Hay vibraciones desde adentro que contagian la periferia de mis genitales. Temblores punzantes que son difíciles de describir, aún para mí (que según él soy buena….buena con las letras). Pero la evidencia de mi squirt, sutil al comienzo, discreto, cálido y blanquecino, no permite interpretaciones equívocas.

Esta cadena desencadenada de eventos orgásmicos, va a desatarse hasta el fin. La contracción comienza. Nunca se detiene el estímulo de mi mano derecha sobre mi clítoris, la izquierda desde adentro siente el apretón. La yema del dedo acaricia yendo y viniendo. La carne se me ciñe, mis glándulas de Skene se exprimen en pulsos calientes y orgánicos. Escupen su jugo, mojando mis manos, encharcando mis grietas. Mi respiración es un resoplido, como de pujos, estoy pariendo mi orgasmo.

Es gracioso que la que ha quedado en la silla frente a la mesa con sus lienzos a la altura de los tobillos, con sus genitales expuestos y mojados, soy yo. Parece que mi fantasía se ha cumplido pero en espejo.

jueves, 18 de octubre de 2012

PRONTO


Ya te puedo sentir amor.

Tu respiración en la nuca. Tu mano izquierda, firme, tensa y deseosa, incrustándose en mi cadera. Tu mano derecha, acariciando mi cuello, con la dulzura del que ama y con la pasión del que mata.

Tus otras extremidades, igual de candentes, latiendo. Pujante contra mis nalgas, mis glúteos también duros que se entumecen más frente a la invitación de tu carne.
Casi puedo sentir, el dibujo tenue y profundo de tu dedo gordo en mi cintura, ese encastre que provoca el deseo de otras fusiones más bajas.

Percibo, la humedad y la miel genital brotando ante el llamado. Me inundo, de fluidos y de aguas venideras; de pensamientos, de deseos de tenerte ya,  y de recuerdos.
Ya quiero, esa plenitud que me brinda tu presencia, tu sexo, tu cerebro también lleno de alas, nuestros juegos, nuestros momentos privados, nuestras fantasías perversas (la violada, la niñera, la mucama, la dominatriz, la depiladora, y otras tantas), nuestros momentos con invitados a la fiesta de los cuerpos, el abrazo, el desayuno, las sonrisas y las lágrimas también (por qué no).

Todo. Todo eso que me das, que se traduce en desborde, en manantial, en volcán que exprimís de mi cuerpo como nadie, eso quiero de nuevo. Falta poco, tal vez mañana mismo, mi cama y mis piernas abiertas te reciban.

En un ratito nomás, esa totalidad se convertirá en minúsculo detalle.
Labios, dedos, glande enrojecido, vulva sudorosa. La garganta llena, la saliva chorreando en tu pija morada, en tus huevos negros, para volver a entrar. Mi orgasmo reiterado e infinito, abriéndose camino guiado por tu verga, por tus dedos. El culo abierto también, pidiendo. Las bocas devorando los sabores mezclados. Temblores, sacudones de piernas. Mi estómago contraído, mi concha hambrienta saciándose en vos. Tus gemidos, tu desesperación. Mi euforia. Juntos, bañándonos de leches sexuales.  Y tal vez un orgasmo más, con lo que queda de mis energías y de la excitación que me produce verte acabar y pajearme para vos untada de ambos.

Así, así te quiero.




lunes, 15 de octubre de 2012

INDICE SEPTIEMBRE 2011

RECOMENDACIONES:

Mis cuentos favoritos (**)
Los que no deberías dejar sin leer (*!!*)
Los que hablan más de la escritora que de Femme el personaje (*NC*)

Dejame tus comentarios!!

EL JUEGO INTERMINABLE – SEP 11

Sobre cualquier tablero, la ficha es siempre la misma, la masturbación
Presupuestos, concentración y desconcentración de manos en casa ajena
*!!*Treinta minutos explosivos entre máquinas y tractores
El imborrable rastro que deja la fuerza de un deseo concretado
**Algo de sumición, mucho de disfrute
El equilibrio asimétrico entre lo que se entrega y se recibe
**Un condimentado encuentro con doble penetración
**Felación. Atributos de una jugosa y rica protagonista que jamás es llamada por sus nombres
Tercer cuento de 3 de mi primer visita al boliche swingger
Un fellatio lleno de sensaciones
Otras temperaturas, nuevos estímulos
Femme, maleable y caliente como el metal
Cuando las barreras de la virtualidad se interponen
Segundo cuento de 3 de mi primer visita al boliche swingger
Primer cuento de 3 de mi primer visita al boliche swingger
**Un encuentro callejero con aguado final en el cordón.
Las chicas buenas no se masturban, a solas. Femme sí.
*NC*Un encuentro mojado donde el cielo se copia de los cuerpos.
Ansiedad, ratones y la necesidad de satisfacer un deseo.
Un cuento de onanismo, evocando las delicias del cunnilingus en un coche.
Las mandíbulas se funden con las caderas.
Poema.
*NC*Somos disfrute, placer, deseo, acción, besos, carne, espíritu y cuerpo. Somos vibración.
A punto de lanzarse, de morderlo, de besarlo, de violarlo si fuera necesario.
Poema. “Voy a regalarte otra dosis del olor de mi piel.
Con las palabras los dedos se materializan en la piel.
*!!*Literalmente, ella se hace agua en su boca.
Él puede ser tan dulce como ardiente.
*!!*No es su cuello sino su perineo latiendo, quien la transforma.
Tendido, tentador, tentáculos, y otras 7 palabras más.
Los dedos de sus manos la masturban una vez más, llamando a su squirt.
*!!*Cuando el Fellatio no es algo que se da, sino que se recibe.
Cunnilingus pecaminoso en una callecita de la iglesia.
Amanecer en la cama.
Sus cuerpos como objetos de deseo diseccionados.
Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan.
*NC*Del nacimiento del deseo al squirt, simple como una flor.
Un cunnilingus que no respeta los límites de la boca.
*!!*En medio del campo, en un recital, dos fans desconocidos se toquetean.
**Cuando portarse “mal” es sentirse “bien”
Sus caricias poseen toda la energía del universo.
**Testigo casual. Voyer.
**Su imagen es virtual, pero a ella le alcanza. Masturbación.
*!!*Casi como un fetiche. El cunnilingus se merecía su propio cuento!
**Él es el vino, ella es la copa.
Dos desconocidos desahogan sus pulsiones en un encuentro furtivo.
No hay palabras. Sólo la conversación de los cuerpos.
*NC*Carta abierta desvistiendo el alma: la búsqueda del amor, la entrega del cuerpo.
El auto es el vehículo de la pasión donde tendrán su desenlace.
El exhibicionismo aporta la excitantación de lo prohibido.
*!!*Cada toque, sensación y fantasía en este momento desaforado e íntimo. Masturbación femenina.
Encuentro de unos jóvenes en el campo.
Saboreando sensaciones.
Una charla telefónica. Dos fogosos amantes.
Fantasía en la que tres músicos le brindan placer al unísono.
*!!*Un elegante frasco de perfume la consuela esa larga noche. Autosatisfacción.
*NC*Femme descubre un nuevo goce con los besos de su amante.
El juego sexual exacerba el deseo al máximo imaginable.
Encuentro místico y pasional con un artista de la arcilla.
Surge de un chat caliente una historia de arrebato sexual
*NC*Cada lunar de su espalda es una estrella, un mapa, un recorrido.
**Un técnico de PC cae en las envolventes maniobras seductoras de Femme.
A solas con su posible empleador. Subyugada por el deseo de ser dominada.
Sus genitales se convierten en una exótica flor, que espera ser descubierta y venerada.
Fantasía en el bosque del Fauno. Un personaje místico. Un sátiro. Menage a trois.
*!!*5 sentidos se enloquecen en el torbellino del clímax.

lunes, 1 de octubre de 2012

FORJADA A FUEGO

martillando mi sexo


Echada sobre un yunque,
Formado por la suma
De almohadones de mi cama.
Soy tu obra y tu esclava.

Volcada hacia adelante
Sin ninguna parte oculta
Las manos atadas en la espalda
La cabeza hundida en el colchón.

La voluntad blandida por la entrega
El deseo incandescente
El cuerpo caliente como el hierro
El vapor elevándose ardiente.

Tu martillo golpeando sonoro
En las partes aún rígidas de mi sexo.
Tus dedos, son firmes ganchos
Que se incrustan en mis agujeros.

Mis piernas son bisagras
Que se abren sin resistencia
Y sin opción,
Dejándole camino libre a tu sexo.

Con lar rodillas clavadas en la cama
Las nalgas, están altas
Erguidas, orgullosas
Dispuestas y sumisas.

¿Estás forjándome
Punta de flecha?
Me siento india
Y nativa.

¿Estás forjándome
Lanza?
Me siento asesina
Y furiosa.

¿Estás forjándome
Cuenco?
Me siento contenedora
Y envolvente.

¿Estás forjándome
Herradura?
Me siento animal
Y salvaje

Cada envestida
Me moldea y me transforma
Me fundís con el horno de tu pubis
Hasta aguarme en mi squirt.

martes, 11 de septiembre de 2012

DE RODILLAS

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Foto: Esculturas de Baltazar Lobo. Mujer joven de rodillas. 1985-87. Madrid.

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DE RODILLAS
De rodillas me encuentro, desnuda en mi living, apoyada en 2 almohadones, los empeines de mis pies contactando el suelo. Gozando de masturbarme. Divagando en mis deseos y fantasías.
De rodillas abiertas, de piernas plegadas, de glúteos duros, de músculos fibrosos en tensión.
Frente a la estufa, que me abriga en este cuarto en invierno. Siento el calor de la calefacción.
Deberías ser vos, irradiando tu fuego sobre mi piel, bañando mis mejillas, mis pechos, mi ombligo. Desnudo te imagino, parado entre mis piernas, con tu miembro en mi boca.
De rodillas mi mano derecha friega mis genitales por fuera, para luego con apenas la yema del índice juguetear con mi clítoris hinchado por el roce previo.
Mi mano izquierda sostiene mis tetas, paseando mis pezones entre dedo y dedo, erectándolos, para luego sostenerlas por completo, amasarlas, apretujarlas y volver a sostenerlas decididamente.
Deberías ver vos, como acompañaría las envestidas de tu pene en mi boca con la penetración de mis dedos en la vagina. Deberías ver vos, como se deslizan mis dedos dentro de mí. En este lubricado canal.
De rodillas comienzo a moverme, hacia arriba y abajo, con la fuerza de mis largas piernas.
Deberías estar vos debajo de mí, para que te cabalgue y verme devorar con mi conchita tu pija mientras te monto. Deberías estar vos, viendo como me giro sobre tus caderas, para darte la espalda sin que dejes de penetrarme.
Giro mi cuerpo, para recrear la fantasía, apoyo una de mis manos en el suelo, mientras la otra no abandona mi interior, con su índice y anular y el mayor por fuera haciendo pequeños círculos en mi clítoris.
Deberías vos continuar allí entre mis piernas, para seguir usándote de montura, pero ahora sosteniendo tus pantorrillas inclinada hacia delante. Mostrándote mi cola, el arco de mi espalda y mi pelo, que como crines, cae mojado sobre mis hombros. Listos para ser tomados por tus manos para que los transformes en riendas. O que sigas el camino que estas mechas negras describen sobre mi espalda, y te deslices por ella hasta mis nalgas, mis caderas, mis ingles, y con la fuerza de tus poderosos brazos me claves sobre tu duro y ardiente pene. Me hagas incrustarme en vos.
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Levantaría mi rostro y girando mi cabeza sobre mi hombro, espiaría tus gestos y te regalaría mi ojos calientes para animarte a que me tires cada vez más fuerte.
De rodillas imaginando tu poder sobre mí, me retuerzo como un gato, contrayendo y soltando mi abdomen y mi columna.
Vuelvo a erguirme y acaricio mi pelo, tirándolo suavemente hacia atrás. Luego más fuerte. Fregando sobre mi rostro mis manos, registrando con mi tacto como mis facciones se van transformando por la excitación.
Muerdo mis labios, me relamo, aprieto mi labio superior entre mi lengua y mis dientes, como si vos los succionaras. Chupo mi labio inferior, como si fuera mi clítoris atrapado en tu boca. Lo friego con mi lengua.
De rodillas gimo, pienso tu nombre, las cosas desenfrenadas que te he escuchado decirme y comienzan a escaparse los alaridos de placer.
Deberías escucharme vos, cuando lo grite, para devolverme como eco, mi propio nombre escapando entre tus gemidos ardientes.
De rodillas ya no cabalgo más, ni me retuerzo, ni me apoyo en otra cosa que mis rodillas. Porque estoy paralizándome en el placer del inminente orgasmo. Con los dedos mayor e índice de cada mano. Opero con tecnicismo, casi matemáticamente, sobre mis zonas erógenas más candentes. La izquierda vuelva a introducirse en mi vagina, apretando la carne contra el hueso, la textura rugosa de mi punto G, es alevosa. Lo estimulo más como haciendo llamamientos, lo aprieto, lo suelto, lo empujo hacia adentro.
Me corro un poquito, escaneando las misteriosas y secretas carnes, con sus texturas diversas. Vuelvo al punto G, que dispara bocanadas de energía con cada toque. La derecha, desde el comienzo de la exploración, friega el clítoris, impaciente, dando pequeñas sacudidas circulares, pequeñas pausas, caricias desde la punta a la base de los dedos para recorrer las partes externas de mi vagina en toda su extensión. Chocando de este forma con mi otra mano que estimula desde adentro.
Deberías vos, tan solo estar allí para observarme.
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De rodillas combino los movimientos de mis manos: izquierda embiste – derecha sacude, izquierda vibra – derecha aprieta como si fueran pulsos o latidos, izquierda me abre de lado a lado con movimientos horizontales de alta intensidad – derecha se aplasta sobre mi clítoris con fuerza.

Deberías vos, masturbarte para mí. Ardiendo a la par mía, listo para explotar y derramar tu semen. Deberías pedirme: “Dámelo, dámelo, dámelo ya, dámelo bebé, lo quiero ahora!”
De rodillas te lo regalo. Con toda la furia y pasión acumuladas, entre gritos, contracciones, respiración que en forma conciente dirijo, por que sino perdida en el placer dejaría de respirar hasta asfixiarme. Siento apretados mis dedos izquierdos y estoy segura que están apunto de quemarse, mi vagina esta dura. Duro el clítoris como un botón hinchadísimo de goma. Duros mis labios vaginales, abiertos y tensos por la sangre que los llena. Ya estoy. Ya empezó. El espiral ascendente de delirio me invade. Ahhh! “es todo para vos, tomátelo todo bebé”.
Mis dedos ya no se queman por que como golpes de lluvia mi orgasmo los baña y endulza. Ohhh! Que delicia! Así, así, sigo, sigo, no para, el placer no me suelta, mis brazos traicioneros y cansados quieren abandonarme, acalambrarse. Pero, no. No voy a dejar que el cansancio me robe tan solo un segundo de placer. Sigo, sigo y sigo y el agua no deja de brotar y mi vagina tritura mis dedos. Estoy perdida, mareada, desorientada, hacer rato que grito y gimo, pero ya ni me escucho. Solo lo siento apretarse.
Mmmm saco despacito mis dedos y de a poco dejo de acariciarme por fuera, tomo conciencia de mi cuerpo. Me vuelco sobre el sillón, me envuelvo en una frazada, respirando profundo, el aire invadido con aromas sexuales, comienzo a relajarme. Ya no hay tensiones. Solté todo. Se va apagando el exterior. Se va aquietando el interior. Me duermo.
Deberías abrazarme…

sábado, 8 de septiembre de 2012

LA SIESTA




Esta mañana justo me desperté pensando en como me caliento mal, cuando te pinta esa paja antes de dormir la siesta. De cuando yo me depilaba las cejas en la cama y vos "mi chiquito" te pajeabas caliente, intranquilo, casi desesperado y urgido, entre mis piernas.  

De cómo los aromas de mi concha te llamaban, de cómo me corriste la tanguita para chuparme. De cómo yo seguía con lo mío (jugando a concentrarme) y vos con lo tuyo (insistiendo en desobedecer mi pedido de calma). De cómo mamabas calladito, esta conchita que  se hacía miel, patinosa y lubricada.  De como te acomodaste, con la pija para arriba, roja y entumecida, y con la cabeza medio de costado y para abajo, para comerme.

Me acordaba de la sensación de mi clítoris erguido, duro, levantándose entre tus labios como un pequeñísima trompa de elefante. 
De la sensación, del orgasmo en camino. De las glándulas cargadas de squirt, y de las ganas de someterte a mis necesidades, abusando de tu desesperada necesidad de acabarte antes de dormir.
De ese rol de adolescente inquieto, de puber inexperto, que te sale tan bien aún a tus cuarenta y tantos...
De mí rol de "niñera perversa" que te hace dormir dándote la teta, dándote la leche, pero no la de mis pechos sino la de mi vagina. 

Me acordaba de que esta vez, no paré, sino que te hundí la cabeza. Que no me importó si te atragantabas, sólo quería que no dejaras ni una gota. Mi chiquito, obediente, calladito (aunque dejando escapar gemiditos suaves), te tomaste todo. O casi, porque cuando me levanté para sentarme en esa pija que estabas puliendo desde hacía rato para mí, una correada de squirt mezclado con mi lubricación, se cayo en tu hombro. 

Además también me acuerdo de todo el resto, pero podría saltaerme la cogida y llegar hasta el final donde me gemías: "Quiero acabarme ya" y de cómo las gotas de tu leche brotaron del hoyito de tu verga.

Como buena niñera, usé mi lengua, tenía que dejarte limpito para que durmieras.

miércoles, 1 de agosto de 2012

DOBLE RELLENO

crema semen lecheculito bombon



Los ingredientes:
*Bombón de chocolate para rellenar. UNO
*Crema de leche. CANTIDAD ABUNDANTE
*Manga. UNA
*Saliva. CANTIDAD NECESARIA

Sugerencias del chef:
*El chocolate, cuando levanta temperatura se hace más maleable.
*Es conveniente que si desea rellenar doblemente, primero se preparen dos agujeritos.
*Facilita la colocación de la crema dentro de estos orificios la utilización de una manga.
*Un cocinero experto manipulará la manga usando sus manos para racionar la dosis justa en el lugar apropiado.
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Tal vez piensen que esta historia va a tratarse de algún encuentro hot en la cocina de alguien. O bien de cuerpos bañados en chocolate, endulzados para ser lamidos.
Lo siento, no hay nada culinario en este relato, no habrá merodeos ni suposiciones. Es que este tipo, me pone tan caliente, que sólo podré remitirme a los hechos.
El público susceptible a lo explícito, retírese a tiempo, esto se va a poner sucio.
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Apenas llegamos al estacionamiento, al pie de las escaleras de nuestra habitación, abrí la ventanilla, bajé mis pantalones y mi tanga y me asomé para afuera, quedando en cuatro patas sobre el amplio asiento de la camioneta. Sé que él, adora cosechar imágenes de mí en su chata, porque estas vuelven a su retina cuando se sube cada mañana para ir a trabajar, a pesar de mi ausencia.
Este hombre contemporáneo, me ha dado en este último tiempo, el mejor sexo oral que haya deseado. No importa en qué posición me encuentre, el encuentra la manera de incrustarse en mi vulva, de llegar con sus labios y su lengua hasta mi clítoris, de recorrer mis labios vaginales, mis ingles, las pequeñas curvas y mi perineo con un ritmo y una dedicación incansables.
Esta vez, además de sus técnicas de siempre, aceptó la totalidad de la oferta de mi posición de gato, y también relamió mi ano. Su lengua recorrió mis glúteos, y antes de que llegara más profundo, mi conchita ya estaba echando miel. Su lengua, fuerte, caliente y mojada, se hundía en mí mientras con su mano estimulaba mi clítoris. Aunque la cosa se ponía cada vez más intensa, me convenció de vestirnos y subir al cuarto.
Llegamos a la habitación, con bastante demora a pesar del corto trayecto, porque no distraíamos con tocadas en el camino. También me entretuvo su pija BRILLOSA la cual tuve que comerme porque se me hacía agua la boca. Pero en algún momento ya sin ropa ambos, volví a ponerme en cuatro patas y retomamos nuestros trámites pendientes.

Los espejos crean un siempre un ambiente alucinante, donde los estímulos visuales nunca se acaban. En esa oportunidad, al levantar mi cabeza, podía verlo a él, perdido entre las lomas de mis nalgas y volviendo a emerger luego de deslizarme su lengua ancha por todas mis ranuras. Como lamida de perro, cuando llega al final de su plato de comida y raspa el fondo para sacar todo el sabor, así me hurgaba él.
Esta vez, el estímulo y el placer en mi cola era tal, que no lo necesitaba en ningún otro lado. Ni siquiera tuvo que usar sus dedos para prepararme y abrirme despacito. Su lengua, sus ganas y mis ratones habían hecho todo el trabajo. Sentía como mi pequeño agujerito, perdía su condición de estrecho, para abrirle paso. “Este culito quiere más”, me dijo él, “Me lo está pidiendo, se abre solito, ¿no?”.
Confío en su palabra y conozco mi cuerpo, no había duda de que así era. Me llevó hasta el borde de la cama, y parado en el suelo detrás de mí, se agarró la pija con la mano derecha, con la otro me separó mi nalga izquierda para abrirse paso. Movía su verga contra mi culo, empastándome con su lubricación, y luego arrastraba desde mi concha mi lubricación mezclándola con la suya. Todo eso lo untaba con su glande en mi ano.
Yo sentía los latidos de mi cuerpo concentrados en este recóndito lugar, haciéndolo más sensible y también los de él que tenía la verga como un poste embadurnado listo para enterrar. Le pedí saliva, no porque hiciera falta, sino porque quería sentir el peso de su gota de baba golpeándome la puerta para que se abra más. Él me escupió una vez, y frente a mi gemido caliente, volvió a repetirlo dejando esta vez caer un chorro más cargado.
La punta de su pija, diseñada por naturaleza como una herramienta penetrante, se apoyó con algo de fuerza, con calma pero con mucha decisión, ahí, justito en la entrada. Yo respiré hondo y contuve un poquito la respiración. Reservé sin pensarlo todos mis gemidos, para que nada me distrajera de ese instante tan esperado de sentirlo entrar. Estaba en silencio, como si pudiera oír la fricción de su poronga adentrándose en las ajustadas paredes de mi cola.
Me sentía como quien aguarda en una estación de subte la llegada del tren, y ve a lo lejos, más allá de la curva del camino, las luces de la máquina anunciando su llegada. Como quien percibe el sonido del bamboleo, un chirrido contra las vías, unos chispazos, y el viento arrastrado por los vagones, sacudiendo las prendas y avientando la cara. Así de ansiosa lo esperaba yo. Su cabecita se metió entonces, primero la puntita, después otro poco. El borde de su glande se introdujo en mí, dejando afuera solo el tronco. El preguntó: “¿Va bien?” y la ausencia de dolor, producto de mi altísima excitación me llevó a romper el silencio y pedirle en un grito: “¡Dámela toda!”.
Se enterró hasta el fondo, sus huevos hicieron tope contra mi vulva, mis manos estrujaron las sábanas de la cama. La piel se me puso toda de gallina, y con cada movimiento de él, mis vellos se erguían cada vez más notorios, casi como si quisieran escaparse de mi cuerpo. Escuchaba sus palabras, sus gemidos y todo me ponía cada vez más candente. Empecé a masturbar mi clítoris que estaba terriblemente lubricado, y le pedí: “Quiero que me tires la leche en el borde, dame un poquito adentro y otro poquito afuera. Quiero que la leche que caiga en mi cola, la untes con tu verga hasta rellanarme de todo lo que se chorrea. Quiero que veas como tu pija se escurre en mi culo. Quiero que lo dejes blanco por fuera y lleno por dentro”.
Él gemía cada vez más intenso, y como si lo que yo le pedía fuera también su deseo, se agarró otra vez la pija con la mano y la empezó a mover en la puerta de mi ano. Enganchando el bordecito con la puntita, tironeaba hacia arriba, como si destapara una cerveza. La leche empezó a salir, sus gritos también. Yo llegaba también a mi orgasmo a costa de mi paja y cuando mi squirt goteaba su verga se me hundió en la concha, con el último chorro de leche que guardaba en su interior. La abundancia de ser el primer polvo para él lo permitió. Tenía crema en el orto y en la concha. Tenía salpicados los glúteos de semen y los muslos de squirt. Solté mi clítoris para extender más mis dedos y acariciar mi vulva con su regalo.
“No seas chancho, mirá cómo me dejaste sucia”, le dije. Entonces él, con sus manos ya libres, empezó a juntar todo ese regadero de wasca para meterlo dentro de mí. Ahora sí, como un cocinero que no quiere desperdiciar su salsa, barrió mi piel con su mano cual espátula y con la punta de sus dedos, guardó cada gotita dentro de mi bomboncito chocolatado.