- - ¿Te comiste alguna verga esta semana?
- - No, esta semana no. Pero este mes estuve con dos.
- - ¿Con quienes?
- - Con el de la pija larga y con uno de los
chicos del dúo dinámico.
- - ¿Por qué?
- - Porque me pongo de mal humor cuando no cojo
entresemana.
- - Contame, ¿qué les hiciste?
Mientras te chupo la pija, trato de descifrar espiando tu
mirada, cuánto de tus celos se transformará en calentura. Cuánto de tu deseo se
tornará en dureza. Cuánto de tu morbo se
convertirá en amor. Esa manera de amarme que me deja ser, esa forma de cogerme
la carne y el alma que sólo vos tenés.
Yo sé que te excitás mucho cuando te cuento mientras
cogemos, pero sé que te sacás más cuando además, te lo represento.
Suelto la verga y me monto, sobre la base de tu pija, con
una mano te tiro de la punta para arriba y con la otra te marco a la altura del
ombligo diciendo:
- - Con el que le llega por acá, me puedo poner a
cabalgarlo, fregándome el tronco de su pija entre los labios. La cabeza está a
kilómetros, mientras al medio me separa los pliegues.
- - ¿Y qué más? ¿Qué te hace?
- - A veces me coge con sus huevos, así.
Bajo mi mano y te aprieto el escroto, tus huevos se
saltan hacia afuera, esa tensión casi dolorosa te gusta. Trato de meterme tus
pelotas entre los labios vaginales, pero tus testículos son tan grandes, que no
puedo hundirlos. Tu verga se pone más dura.
Adivino tus gestos, tengo apenas unos parciales de tu
rostro, con la luz de calle que se cuela
por la ventana a través de las cortinas de la habitación. Pero tus ojos
entrecerrados me muestran un hombre excitado. Un torrente de sangre explosivo
corriendo por todas tus venas.
- - ¿Y con el otro? ¿qué hiciste?
- - ¿El mecánico? ¿El del dúo? Uff a ese pendejo
le encanta sacarme orgasmos.
- - ¿Qué te hizo?
- - Arrancó clavándome una paja bárbara, y
terminé de cuclillas con él en la espalda, salpicándole los zapatos con mi
acabada.
- - Cómo me calentás hija de puta.
Hace un rato, que estoy haciéndote la paja, intercalando
alguna lamida y fregándote mi vulva contra tu hueso de la canilla derecha.
- Contame más del de la verga larga. ¿Te lo
cogés sin forro?
- - No. Jamás, con los otros siempre me
cuido. Después de que me acabo algunas
veces le pido que me la meta. Me coge una sola vez por un rato. Tiene una verga
de hierro pero acaba una sola vez. Por eso se asegura de entretenerme bien
antes.
- - ¿Y te gusta lo que te hace?
- - Sí, siempre que me mete un dedo en la concha, cuando gimo me pregunta qué me
pasa, si me gusta, si se acuerda bien, si era por ahí… y después me pide “dame
ese chorro caliente acá” y me señala algún lugar de su cuerpo.
- - ¿Y vos le dás?
- - A veces. No siempre lo consigo.
- - ¿Y se toma tu squirt?
- - No bebé, con este jugo te atragantás solo
vos.
Ahora sos vos el que se agarra la verga, casi inconsciente,
para darse con vigor. Con la exactitud y precisión que solo la masturbación
puede darte. Casi como si estuvieras imaginándolo todo a solas, y como si mi
voz fuera la vocecita calentona de tus ratones en tu mente y mi teatro una fantasía
que visualizas en duermevela.
Me levanto de golpe.
-
- Quedate ahí –te indico.
Separo un poco mis piernas. Me paro a la altura de tus
caderas. Erguida, pajeándome con la mano derecha. Algo distante. Un tanto
altiva. Seguramente no ves mi rostro entre las sombras. Estoy de espaldas a la
ventana.
El viento sacude más que antes las cortinas y permite que
la luz se meta más en la pieza. Te veo entreabriendo la boca, como un pez
salido del agua, que se desvive por volver a ella. Agua de mi manantial
translúcido es lo que voy a darte para devolverte el oxígeno.
Fuerte y apretada, mi mano derecha sacude mi clítoris. Mientras
la izquierda se mete apenitas lo necesario para acariciar mi punto G. Con las
rodillas semi flexionadas y la columna levemente encorvada hacia adelante,
estoy en la pose justa.
- -Ahhh! -Es tu grito cuando mi orgasmo y su
manantial de leche cristalina te empiezan a bañar.
Tu ojos, más encendidos que antes. Tus gemidos más
audibles, me incitan a seguir.
Otro orgasmo. Otro chorro. Me descargo sobre vos. Veo el
brillo de la noche intensificarse en mis aguas. Pequeños diamantes ambar,
reluciendo en la oscuridad. Minúsculos tesoros que estallan contra tu cuerpo. Destellos
que rebotan en tu piel. Caída libre de placer en cámara lenta. Una lluvia
multiorgásmica desatándose entre mis piernas.
Entre contracciones, muevo mis pies y me desplazo hacia
arriba de tu cuerpo. Mis piernas semi extendidas enmarcan tu pecho a la altura
de tus axilas. Otro chorro. Soy una catarata de squirt. Vos parecés esa roca
contra la que explota la fuerza de mi caudal.
-
- Seguí, seguí – te escucho con tu vos aguda
que indica que te estás por acabar.
Sigo, claro que sigo, en especial cuando te veo abrir
bien grande tu boca.
Chorro en el rostro, salpicaduras en tus labios, en las
almohadas. Otra vez en tu pecho, otro más en tu boca. Van como 7 veces o tal
vez más que mi cuerpo pulsa para bañar literalmente el tuyo.
-
- Ahí va. Me acabo. Ah! Ah! Ah! -Tu seguidilla
de pequeñas palabras con mucho contenido me llenan de satisfacción.
Desearía no haberme agotado para volver a mojarte, otra
vez en los genitales y que tu leche se lave con la mía. Pero estoy agotada –también
literalmente-.
Estás acostado sobre un charco mojado, estás salpicado de
ingles a cabeza. Seguís gimiendo, porque aunque no te sale más semen, tu
orgasmo se prolonga.
Te lamo, sí, porque olés rico y sabés delicioso. A mí.
-
- Contame bebé, ¿te gustó? - Ahora soy yo la
que pregunta.
- - … (silencio y sonrisas) – No necesitás
responder.















